Facultad de Educación
Memoria del Trabajo de Fin de Grado
La red intergeneracional y la influencia de la COVID-19
Sofía Valiente
Grado en Educación Social
Año académico 2020-21
DNI del alumno/a:
Trabajo tutelado por: Belén Pascual Departamento de Educación
S'autoritza la Universitat a incloure aquest treball en el Repositori Institucional per a la seva consulta en accés obert i difusió en línia, amb finalitats exclusivament acadèmiques i d'investigació
Autor Tutor Sí No Sí No
Palabras clave del trabajo:
Red intergeneracional, relaciones abuelos-nietos, cuidadores, COVID’19.
1 RESUMEN: El presente trabajo final de grado abarca la temática de la red intergeneracional, la importancia de esta, y la influencia que ha tenido la COVID’19 en las relaciones establecidas entre los abuelos/as-nietos/as en España.
Para ello, se han llevado a cabo dos técnicas de investigación: la primera, consta de una revisión bibliográfica a cerca de la temática, mediante una recogida de información sobre autores y autoras que han escrito e investigado el tema con anterioridad; y por otra parte, se han realizado diez entrevistas a abuelos/as cuidadores y a nietos/as que hayan sido criados por sus abuelos, con el fin de completar la información recogida de una forma más cualitativa, acercándonos así a la realidad desde la perspectiva de los propios protagonistas.
PALABRAS CLAVE: red intergeneracional, relaciones abuelos-nietos, cuidadores, COVID’19.
2 ÍNDICE
Introducción...3
Objetivos...5
Metodología...5
Estructura y desarrollo de contenidos...7
Discusión y Conclusiones...38
Referencias bibliográficas...42
Anexos...46
3 1. INTRODUCCIÓN
El tema seleccionado para llevar a cabo el presente trabajo es la importancia de la red intergeneracional, el papel que desempeñan los abuelas y abuelas cuidadores y cómo se ha visto este influenciado o modificado por la COVID-19, sobre todo durante el periodo de confinamiento y a nivel nacional.
En torno a la justificación, en primer lugar, Porcel et al. (2021) apuntan que España es uno de los países donde existe un mayor número de personas mayores. En segundo lugar, para comprender la importancia de la red intergeneracional, Badenes y López (2011) afirman que los abuelos y abuelas son un punto de apoyo fundamental en el cuidado de los niños y niñas de las familias europeas. Concretamente en España, ya que uno de cada cuatro abuelos que tiene nietos se hace cargo de ellos; se ha calculado que los abuelos españoles dedican una media de siete horas al día al cuidado de sus nietos, dos horas más que la media europea.
Por otro lado, la COVID-19 es definida como una pandemia mundial que afecta a toda la población, pero no a todas las personas por igual. Las personas mayores son un grupo especialmente vulnerable (Pinazo, 2020) y es por este motivo que los expertos hablan de la emergencia geriátrica de la pandemia. La OPS (2020) también coincide en que el ámbito de las personas mayores es el que se ha visto más afectado en relación a la situación que se está atravesando, ya que poseen un sistema inmune más débil y en la mayoría de casos presentan una o diversas enfermedades crónicas, como diabetes, hipertensión y problemas cardiovasculares o pulmonares. Y relacionando estos dos aspectos el 68% de hospitalizados por coronavirus en España, lo forman mayores de 60 años, y en torno a los fallecimientos conciernen el 95%. (Porcel et al., 2021).
En cuanto a las consecuencias que ha ocasionado la COVID-19, sobre todo en el rango de edad de las personas mayores, la salud psicológica y emocional se ha visto afectada, ha cambiado muchos aspectos de la vida cotidiana (forma de trabajar, de relacionarnos, de gestionar el tiempo libre o de ocio, etcétera). Además, ha cambiado nuestro punto de vista hacía otros grupos de la población, aumentando algunas conductas discriminatorias, como por ejemplo hacia las personas mayores, ya que hay investigaciones recientes que apuntan un notable aumento del edadismo, donde las redes sociales y los medios de comunicación han jugado un
4 papel reforzador fundamental, sobre todo haciendo alusión a las personas mayores con términos incorrectos (Pinazo, 2020).
El hecho de que exista un gran número de mayores de 65 años ofrece la oportunidad de una mayor participación y presencia de la figura del abuelo en las responsabilidades y decisiones que se toman dentro del núcleo familiar. Este factor se puede observar en varios aspectos dentro de las relaciones familiares, sobre todo en el aumento de la duración de las relaciones intergeneracionales y el número de abuelos que tienen contacto y ven a sus nietos a lo largo de su vida. Destaca la tarea del cuidado como el tipo de relación abuelo-nieto más común (Pinazo y Montoro, 2004).
Además, Pinazo y Montoro (2004) basándose en un estudio realizado por el IMSERSO (1995) entre los mayores de 65 años con hijos, concluyeron que el 35% de estos presentaban algún tipo de ayuda en el cuidado de nietos o tareas domésticas, y la gran mayoría de estos adquieren un rol asistencial de manera activa. Otras de las conclusiones a las que llegaron es que cuando más cerca del domicilio de los hijos viven, esta ayuda es mayor; que el número de abuelas cuidadoras es de un 40%, frente al 29% de los abuelos cuidadores; y que las tareas que destacan son los cuidados básicos habituales como dar de comer o acompañar a los nietos al colegio.
Por lo tanto, a partir de esta investigación, podemos observar como el papel de los abuelos en España es un factor importante y es posible que se haya visto afectado por la pandemia mundial que se está atravesando. Se pretende analizar el impacto de la COVID-19 sobre las familias en torno a su organización familiar y red de apoyo.
Para finalizar, es importante conocer que EnR (2020, a partir de INE, 2018) concluye que la pirámide de la población española sigue en proceso de envejecimiento, debido al aumento de la proporción de las personas mayores, las de 65 años o más. También, según datos estadísticos de la INE el 1 de enero de 2019 había 9.057.193 personas mayores (19,3% de la población total); datos que siguen aumentando.
5 2. OBJETIVOS
Objetivos generales
Los objetivos principales de este trabajo son dos. Por una parte, conocer en profundizar la importancia de la red intergeneracional, haciendo hincapié en la relación abuelos/as- nietos/as;
y por otra, analizar cómo ha influido sobre esta red integeneracional la COVID’19.
Objetivos específicos
- Conocer el papel que desempeñan los/as abuelos/as cuidadores/as en relación a sus nietos/as y sus principales funciones.
- Estudiar cómo es la relación abuelos-nietos en España.
- Analizar la percepción que tienen los propios abuelos sobre la relación abuelos-nietos.
- Analizar la percepción que tiene los propios nietos sobre la relación abuelos-nietos.
- Estudiar cómo ha influido la COVID’19 en este tipo de relaciones.
3. METODOLOGÍA
En torno a la metodología, se explica qué y cómo se ha llevado a cabo para alcanzar los objetivos marcados en el apartado anterior.
En primer lugar, para la realización del trabajo, realizado una búsqueda bibliográfica y análisis documental, el cual Ballester et al. (2017) define como el proceso de recogida y organización de información, de forma esquematizada. En este caso, cuyo ámbito de estudio se basará principalmente en las relaciones intergeneracionales, la importancia de estas y cómo estas se han visto afectadas o no por la COVID-19.
6 Han sido varios los descriptores empleado en la búsqueda bibliográfica, destacando los siguientes: “red generacional”, “relaciones intergeneracionales”, “relaciones abuelos-nietos”,
“abuelos cuidadores”, “roles ejercidos por los abuelos”, “funciones de los abuelos”,
“importancia de las relaciones abuelos-nietos”, “relaciones intergeneracionales y COVID-19”,
“red generacional y COVID-19”, “relaciones abuelos-nietos y COVID-19”, etcétera.
El intervalo temporal que se ha establecido para la revisión comprende el período entre (a concretar) y 2021. Las fuentes seleccionadas corresponden a revistas del ámbito científico, psicológico y social, artículos, tesis doctorales, trabajos de fin de grado, capítulos de libros, y demás investigaciones llevadas a cabo por autores o autoras españoles, y algunos internacionales.
Posteriormente, también se ha realizado una investigación cualitativa, la cual Ballester et al.
(2017) define como aquella que implica el uso y recogida de una amplia variedad de materiales que describen las situaciones problemáticas o rutinas de la vida de las personas. En el presente trabajo, se ha producido mediante el diseño y realización de entrevistas, una para conocer la visión de los/as abuelos/as cuidadores, y otra para conocer la percepción de los nietos y nietas.
3.1 Método de investigación 3.1.1 Diseño
Se ha llevado a cabo un estudio transversal descriptivo, basado en una metodología de búsqueda bibliográfica y análisis documental, combinada con metodología de entrevista estructurada. Debido a la especificidad de la población objeto de estudio, la selección de sujetos se ha realizado un muestreo no probabilístico, teniendo en cuenta la accesibilidad a los sujetos.
Concretamente, la muestra pertenece al centro de Palma y a diversos pueblos de Mallorca, situada en las Islas Baleares, España. Dichos pueblos son Sineu, Andratx y Pollença.
7 Respecto a la temporalización para la recogida de datos a nivel tanto de búsqueda bibliográfica, como de las entrevistas, se ha producido desde el 2 de febrero de 2021 hasta el 31 de mayo de 2021.
3.1.2 Muestra
La muestra respecto a las entrevistas está formada por 10 sujetos: mujeres y hombres, con algunas de las características descritas en el apartado anterior. Respecto a los criterios de inclusión, por una parte, 5 de los sujetos tenían que ser abuelos o abuelas, además de cuidadores durante un mínimo de 3 años de sus nietos/as. Por otra parte, los otros 5 sujetos, tenían que ser nietos o nietas, que hayan sido cuidados por sus abuelos/as durante un mínimo de 5 años.
En torno a los criterios de exclusión, no se incluyen aquellas personas que sean abuelos/as, pero no hayan cuidado de sus nietos durante una temporada prolongada de tiempo, al igual que aquellos nietos/as que tengan abuelos/as, pero no hayan sido cuidados por ellos durante un tiempo determinado. Además, aquellas personas, tanto abuelos como nietos, que padezcan alguna patología mental grave que le impidiera comprender la entrevista, que no entendieran con claridad el idioma o que no tuvieran interés en la realización del estudio.
Finalmente, los participantes son 3 abuelas y 2 abuelos, de edades entre 65 y 75 años. Y 3 nietas y 2 nietos, de edades entre 14 y 22 años, los cuales cumplen los criterios de inclusión.
4. ESTRUCTURA Y DESARROLLO DE CONTENIDOS
4.1 Concepto e importancia de la red intergeneracional en España.
En torno al concepto de la red generacional y la importancia de esta en España, existen varios autores y autoras que escriben al respecto.
En primer lugar, Sánchez (s.f.) afirma que “la clave del concepto no es que las generaciones estén juntas, sino que se relaciones, que interactúen, que se crucen entre sí. Lo que interesa es
8 promover relaciones que repercutan en una mejora tanto en las vides de los miembros de las generaciones como en sus comunidades” (por Marco, s.f.). También Marco (s.f.) define que la intergeneracionalidad se basa en dos pilares: el primer, saber escuchar, y el segundo, saber transmitir; ya que la manera de comunicarnos influye en la relación que se forma.
Por otro lado, en relación a la situación española, Hantrais (2004) hace referencia a la política familiar como ligada a un segundo plano, y no debido a una cuestión cultural, si no, más bien a un modelo social familista que se basa en el Trabajo masculino, y el cuidado cómo función de la mujer (citado por Salido y Moreno, 2007). Además, dicho modelo, asigna obligaciones a la familia en la asistencia y el cuidado de los miembros con algún tipo de dependencia: y el Estado actúa únicamente con ayudas económicas, no con administraciones locales o regionales (por Gomila y Pascual, 2012).
También, poseemos un sistema de seguridad muy ligado al trabajo y de protección social dependiente de las relaciones familiares (Esping-Andersen 1993; Hantrais 2004; Kuronen 2010, citado por Gomila y Pascual, 2012). Por eso, la responsabilidad de cuidado a personas dependientes o mayores y niños/as recae directamente sobre los miembros que componen la familia, destacando, las mujeres (Flaques, 2000, citado por Gomila y Pascual, 2012). También, Gomila y Pascual (2012) añaden que las mujeres de forma tradicional han asumido el coste derivado del cuidado de sus hijos, al igual que la cobertura de las necesidades familiares.
Además, según Gomila y Pascual (2012) las redes generacionales y la solidaridad familiar, son lo que consigue la sostenibilidad del cuidado de las personas dependientes. Pero, en contra de algunos de los argumentos que justifican este modelo, otra causa, a parte de la “tradición”, se encuentra la obligación invisible de la familia como institución de prestación de servicios de protección, frente a un sistema ocupacional que no pone facilidades para cubrir las necesidades de sus miembros o personas dependientes.
Son Gomila y Pascual (2012) también las afirman que las ayudas a las familias en torno a la crianza se basan en una combinación de prestaciones directas, reducción de impuestos, permisos de maternidad y ayudas económicas para el cuidado de niños/as, guarderías o habitajes subvencionados para las familias. Aunque, hay que tener en cuenta que destacan los
9 servicios que de cierta manera “expulsan” del ámbito familiar del cuidado de los niños/as, como son las guarderías o escoletas, y han disminuido las ayudas destinadas a la conciliación o que permiten el cuidado de estos niños/as o de personas dependientes en la familia, como permisos, subvenciones o servicios a domicilio.
Por lo tanto, Bengston (1991) añade que es necesario plantearse a qué se hace referencia cuando se habla de relaciones familiares, o de solidaridad familiar. Por un lado, las relaciones familiares se alimentan de un complejo de intercambios de afecto, bienes, servicios, etcétera. Y estas poseen un carácter multidimensional, que abarca aspectos instrumentales, funcionales, de afecto y organización (citado por Gomila y Pascual, 2012). Por otro lado, la relación entre las necesidades y oportunidades de las generaciones cobra un lugar importante; se incluyen los aspectos que hacen posible las relaciones intergeneracionales, como son: las condiciones laborales, físicas y las capacidades de las generaciones para ofrecer ayuda. De hecho, varios apuntes sobre el tema coinciden en que la ayuda de los abuelos/as con el cuidado de los nietos, está más ligada a las oportunidades de los abuelos/as a ofrecer esta ayuda, que a las propias necesidades de los hijos/as.
A parte, Iger y Szydlik (2011) consideran las estructuras culturales-contextuales, todas las condiciones de la sociedad donde las relaciones intergeneracionales tienen lugar. Lo que incluye las condiciones sociales derivadas de políticas laborales y fiscales, del mercado de vivienda y del conjunto de normas culturales determinadas por grupos étnicos y culturales (por Gomila y Pascual, 2012).
Por lo tanto, Gomila y Pascual (2012) concluyen que la solidaridad familiar no está definida por la dinámica característica de las relaciones intergeneracionales, sino por la necesidad de estas, teniendo en cuenta las consecuencias que acarrean, como niveles altos de estrés o sentimientos de pérdida de independencia, en el caso de los más mayores.
Por otro lado, actualmente, según Vazzano (2020) las familias se desarrollan en escenarios de múltiples interacciones intergeneracionales, es decir, existe una vinculación entre los sujetos que pertenecen a generacionales diversas, dentro de las cuales, destacan las que se establecen entre abuelo/a y nieto/a. Además, Vazzano (2020) hace referencia al Código Civil y Comercial,
10 el cual exige el desarrollo de las interacciones, respetando la autonomía, igualdad y dignidad de ambas generaciones. También tiene en cuenta los roles activos que desempeñan los/as abuelos/as en el contexto familiar.
También, Vizzano (2020) añade:
“tratándose de vinculaciones intergeneracionales conformadas por personas mayores, las premisas que fundan las instituciones jurídicas antedichas deben entenderse en
sintonía con la consagración de sus derechos de
participación y autonomía e independencia, cuyo ejercicio y disfrute pleno requiere de acciones y/u omisiones de parte de los/as integrantes de la familia, del Estado y de la sociedad en su conjunto”.
Es Bengtson (2015) quien explica y apoya la importancia y el impacto de la solidaridad intergeneracional sobre el bienestar de las personas a través de las siguientes dimensiones (citado por Luna, 2018):
1. Solidaridad afectiva: Sentimientos y evaluaciones expresados por los componentes de la familia sobre su relación con el resto de los miembros.
2. Solidaridad asociacional: tipo y frecuencia de contacto intergeneracional entre los miembros de la familia.
3. Solidaridad consensual: coincidencias en torno a opiniones, valores y orientaciones entre generaciones.
4. Solidaridad funcional o de asistencia: ayuda directa entre generaciones, ya sea intercambio de servicios y bienes materiales, como el apoyo emocional.
5. Solidaridad normativa: expectativas sobre las obligaciones de los hijos y de los progenitores, y también se incluye la importancia de los valores propios de la familia.
6. Solidaridad estructural: oportunidad de interactuar entre las diferentes generaciones, reflejando la proximidad geográfica de los miembros.
Posteriormente, Luna (2018) hace mención a los factores que influyen en las relaciones intergeneracionales, y destaca que los más investigados son: la proximidad geográfica, las normas culturales y familiares, el parentesco con la persona cuidado, el estado civil, el estatus laboral, la edad o el género.
11 Finalmente, González et al. (2008) escribe en torno a los beneficios de las relaciones intergeneracionales, y concluye que es importante tener en consideración, la relación existente entre dos tiempos y emociones diferentes; los vividos por el nieto y los vividos por el abuelo.
Además, afirma que los procesos de reelaboración entre nietos y abuelos, aporta una gran ayuda educativa, aunque no del todo aprovechada, debido a la perdida de calidad de vida y prisa que atraviesa la sociedad. También, define a las personas mayores y abuelos/as como “auténticos pedagogos tolerantes”, además de necesarios para la devolución de la sabiduría, la buena educación y ofrecer una visión madura de la vida a través de sus experiencias, guiada por el amor incondicional, capaz de superar conflictos, interactuando con la infancia, que son “los herederos del futuro” (Gónzalez et al., 2008).
Para concluir con este apartado, en torno a la importancia de la red generacional, son Pérez et al. (2012) lo que afirman que: “Actualmente es incuestionable la importancia que estas figuras poseen en las relaciones familiares”. A lo que Balaguer (2020) añade: “Si existe el amor incondicional, un contexto en el que podríamos llegar a encontrarlo es el de las relaciones familiares. No necesariamente ni siempre ni en todas, pero sí en algunas, especialmente las que vinculan a abuelos/as y nietos/as”.
4.2 Evolución de la red intergeneracional en España.
En torno al cambio y evolución de la red intergeneracional es España, Sanz et al. (2011) hacen referencia a la importancia de las transformaciones a nivel laboral, y, por tanto, las consecuencias en la estructura familiar, lo que ha influido también en el rol de los abuelos y abuelas, convirtiéndose en figuras importantes para la organización familiar. De esta forma, también se han convertido en referentes para la educación de sus nietos y nietas, ya que se han visto más implicados en ella. Además, trasmiten valores, hace que se mantenga el vínculo entre generaciones, influyen en el desarrollo psicológico de los nietos/as, en el afecto, experiencia, confianza, sabiduría, memoria, crean conciencia social y sobre la red intergeneracional.
También se unen al reconocimiento de los cambios mencionados, Pérez et al. (2012) concluyendo que: “En la sociedad actual se están produciendo una serie de cambios en la
12 estructura y evolución de la familia, en el surgimiento de nuevos roles entre los miembros, y en las relaciones intergeneracionales”.
Por otro lado, el siglo XXI, está calificado como el siglo de las poblaciones que envejecen (López, 2005; por Sanz et al., 2011). Además, se suman los cambios sociales han ocasionado modificaciones en los roles de toda la estructura familiar (Castro, 2007; por Sanz et al., 2011). Dichos cambios sociales son: el aumento de la esperanza de vida de la población y la incorporación de la mujer al mundo laboral (Sanz et al., 2011). A los que Noriega y Velasco (2013) añaden a los nuevos modelos de familia y los cambios en las pautas de nupcialidad. Además de la escasez o limitación de los servicios formales que proporcionan cuidado a niños/as, ha ocasionado que muchos abuelos se vena implicados en la educación y crianza de sus nietos, dándole un papel fundamental, tanto a nivel emocional como económico las familias actuales.
Por otro lado, Luna (2018) también hace referencia a este aumento de la población mayor y al aumento de la esperanza de vida (ver gráfico 1). Además, el INE (2018) también reafirma dicho incremento, y menciona que este va a seguir aumentando (ver gráfico 2).
Gráfico 1: Evolución de la población mayor, 1900-2017.
Fuente: INE (2011), Censos de Población y Vivienda (2017) y Estadística del Padrón Continuo (2017) por Luna (2018).
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Gráfico 2: Evaluación de la población de 65 y más años. España, 1900-2068.
Fuente: EnR (2020; a partir de INE, 2018).
Además, según Klein (2010; por Martínez et al., 2019) es evidente el significativo cambio producido en las relaciones producidas entre abuelos y nietos, surgiendo las que él nombra como las nuevas tres tendencias:
1. Vínculos tradicionales de altruismo y cuidado.
2. Vínculos no tradicionales fraternales.
3. Vínculos inéditos o comprensibles (confrontación transgeneracional)
Es también Méndez (2014) quien apunta que el siglo XXI se encuentra encaminado a una sociedad de mayores. El aumento de la esperanza de vida se los cuidadores, debido a los progresos de la medicina y otros cambios sociales. Además, se han convertido en poseedores de un término cada vez más preciado, “el tiempo”. En relación a los abuelos/as, se están convirtiendo en los auténticos cuidadores de sus nietos/as, ya que a menudo son ellos los que se ocupan de llevarlos al colegio, recogerlos a la salida, proporcionarles la comida al mediodía y acompañarlos a las actividades extraescolares por las tardes (Méndez, 2014).
En relación a lo mencionado anteriormente, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) concluye que el tiempo que los abuelos y abuelas pasan con sus nietos y nietas es
14 perfectamente comparable con el de una jornada laboral, y debido a esto, destacan que es importante no sobrecargar las tareas de atención y cuidado de estos, ya que en ocasiones puede causar ansiedad, estrés e incluso depresión (Méndez, 2014).
Por otro lado, Nélida (2012) coincide también en que la población está cada vez más envejecida, añadiendo a las consecuencias de Sanz et al. la bajada del índice de natalidad, y la existencia de nuevos modelos familiares laboral; lo que, a su vez, ha ocasionado el aumento de la participación de los abuelos en la vida familiar. Aspecto con el que Martínez (2017) coincide y añade que las numerosas transformaciones que se han producido en la sociedad a lo largo de los últimos años, a hecho eco en lo sistemas familiares, ocasionando un cambio en los roles y funciones de los miembros que los forman, destacando los abuelos y abuelas, que han pasado a tener gran relevancia y actividad en las dinámicas familiares. Lo que ha llevado a que en la actualidad un número elevado de estos mayores ejerza como cuidadores/as de sus nietos/as.
También Kallinski y Pourtois (2005) corroboran que los cambios sociales surgidos en los últimos años, a los que añade el surgimiento de familias monoparentales, homoparentales, o las rupturas conyugales, influyen directamente sobre padres e hijos, sus relaciones con la sociedad y la escuela (por Martínez, 2017).
En torno a las transformaciones sociales y familiares, Martínez (2017) añade a las del resto de los autores y autoras, la proliferación de las familias ensambladas, es decir, de aquellas surgidas de las nuevas formaciones de parejas. Además, afirma que los motivos mencionados sumados a los de los autores mencionados con anterioridad, han ocasionado que los mayores abarquen y ejerzan un rol más activo, de manera que se involucren en la educación de sus nietos y nietas, destacando que la gran mayoría ejerce de cuidadores debido a que los progenitores trabajan.
Finalmente, Mansilla (2017) también hace referencia a estos cambios demográficos y sociales en España ya mencionados, añadiendo como consecuencia la ausencia de servicios que se prestan a los progenitores para el cuidado de sus hijos/as. Y coincide también en la formación de ese nuevo rol del abuelo o abuela. A lo que Noriega (2015) añade que dependiendo de las circunstancias personales, económicas, familiares y/o sociales, los abuelos o abuelas asumen un rol u otro.
15 4.3 Relación abuelos-nietos en España
En primer lugar, según Noriega (2015) el nacimiento el primer nieto o nieta supone la creación de una nueva posición dentro del núcleo familiar, al igual que una nueva manera de relacionarse.
Para profundizar el tema de la relación abuelos-nietos en España, es importante conocer algunos datos respecto y en con comparación a otros países (ver gráficos 5 y 6 y tabla 1). Además, la SHARE (2021) menciona que las personas mayores proporcionan ayuda a los miembros de la familia de diversas maneras, y entre ellas se encuentra el cuidado de los nietos como las más comunes.
Gráfico 3: Porcentaje de personas que cuidan de su nieto por sexo.
Fuente: SHARE (2021).
Gráfico 4: Porcentaje de personas que cuidan diariamente de su nieto por sexo.
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Fuente: SHARE (2021).
Tabla 1: Características del cuidado de los nietos en las casas donde reside algún abuelo. SHARE, 2006.
Fuente: Banades y López, 2011 (por Gomila y Pascual, 2012).
En relación a lo comentado con anterioridad, las autoras Badenes y López (2011) exponen las horas que los abuelos dedican al cuidado de sus nietos tanto a nivel europeo, como a nivel nacional, en España (ver gráficos 1 y 2).
Gráfico 5: Horas que los abuelos dedican al cuidado de los nietos. Varios países europeos, 2006.
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Fuente: Badenes y López (2011, a partir de la encuesta SHARE).
Gráfico 6: Horas que los abuelos dedican al cuidado de los nietos. España, 2006.
Fuente: Badenes y López (2011, a partir de la encuesta SHARE).
En el contexto del cuidado, los abuelos/as asumen tareas de cuidado significativas y de carácter activo respecto a sus nietos/as, que normalmente son niños o niñas adolescentes, frente a necesidades familiares (ausencias, incumplimientos e imposibilidades por parte de los progenitores, etc.) (Vazzano, 2020). En este mismo sentido, los estudios intergeneracionales sobre el cuidado concluyen que la gran parte de las relaciones de ayuda se dan de forma procedente, desde progenitores hacia hijos/as y hacia nietos/as (Dukhovnov & Zagheni, 2015;
Fingerman & Birditt, 2010; por Luna, 2018). Dicha ayuda, se presenta de diversas formes:
ayuda económica, instrumental, afectiva, etcétera. Aunque, Mansilla (2017) destaca el cuidado
18 auxiliar sin compensación económica, que es el más común. De este modo, los/as abuelos/as ofrecen todo tipo de cuidado a sus nietos, cuando los progenitores no pueden hacerlo, ya sea por motivos laborales, de enfermedad u otros (Hughes et al., 2007; Suitor et al., 2011; Xu y Chi, 2018; por Luna, 2018).
Además, Mansilla (2017) concluye que ¼ de los abuelos españoles cuidan de sus nietos o nietas.
También dedican una media de 7,1 horas diarias, incluyendo fines de semana. Frente a la situación del elevado número de horas que los abuelos españoles dedicado al cuidado de sus nietos, es evidente el papel socializado de los mismos que gracias a su experiencia, se convierten en muchas ocasiones en “ejemplos a seguir” para sus nietos (Goodsell et al., 201;
Kennedy, 1992; Rico et al., 2001; por Noriega y Velasco, 2013).
En torno a las funciones que desempeñan, Mansilla (2017) hace referencia a las siguientes:
“Cuidar, transmitir valores, contar historias, jugar, mimar, y arbitrar cuando hay conflictos e intervenir en momentos de crisis”. Concretando, Rico et al. (2001) destacan: proporcionar amor incondicional, apoyo en momentos de crisis, cuidado, actuar como modelo de envejecimiento y de trabajo, trasmisión de valores, contadores de historias, mediación entre padres e hijos, confidente y compañero de juegos (por Noriega y Velasco, 2013). Además, Megías et al. (2011) afirman que los abuelos influyen directamente en el bienestar emocional y económico de sus hijos, lo que los convierte en una pieza fundamental dentro de la familia (por Noriega y Velasco, 2013). Otra de las funciones que desarrollan los abuelos cuidadores muy a menudo según Attar- Schwartz et al. (2009) es la de hacer de mediadores o amortiguar los conflictos que existen entre padres e hijos, y ayudan a que puedan llegar a entenderse, y por tanto solucionar el problema (por Noriega y Velasco, 2013).
Por otro lado, en torno al tipo de relaciones que se establecen entre abuelos/as-nietos/as, Noriega (2015) analiza que hoy en día los abuelos y abuelas buscan relaciones de carácter más simétrico con sus nietos y nietas, donde predomina la expresión e intercambio de afecto y cariño. Pero que este tipo de abuelidad sea la más común, no implica que sea la única, por lo tanto, Pérez et al. (2012) distinguen cuatro estilos distintos de abuelidad:
19 1. Contradictorios: muestran orgullo hacia su rol de abuelo, satisfechos por las propias experiencias personales y cumplen las normes sociales. Hacen lo que es considerado
“moralmente correcto” hacia sus nietos/as, pero a su vez, predomina la tolerancia con estos.
2. Simbólicos: perciben su rol como abuelo/a en torno a las normes sociales, únicamente hacen lo “moralmente correcto”.
3. Individualistas-narcistas: satisfechos con sus experiencias personales y perciben a sus nietos como una forma de aparcar la vejez y la soledad. Siguen su propio criterio respecto al rol.
4. Remotos: ponen poco énfasis en este tipo de relaciones, y no ven sentido social ni personal en torno al desarrollo del rol del abuelo/a.
Sanz et al. (2011) coinciden en que los abuelos son ahora figuras relevantes en la educación de sus nietos, de hecho, se les considera insustituibles en su proceso de formación. También mencionan la transmisión de valores familiares (afecto, experiencia, confianza, sabiduría, memoria, comprensión y conciencia), que son muy útiles para la formación de futuros adultos (por Martínez, 2017).
Es también Martínez (2017) quien hace referencia a los modelos educativos de los abuelos, y la influencia que estos tienen sobre sus nietos. Aunque antes de hacer hincapié en los modelos, es importante conocer el concepto o definición de modelos educativo. Torío et al. (2008) lo definen como: “los modelos educativos representan la forma de actuar de los adultos respecto a los niños ante situaciones cotidianas, la toma de decisiones o la resolución de conflictos” (por Martínez, 2017). Es esta línea, Badenes y López (2011) hacen una división entre dos modalidades de aprendizaje en el contexto familiar:
1. Ámbito académico en exclusividad: haciendo referencia a la adquisición de conocimientos de matemáticas, lenguaje, geografía, historia, ortografía, etc. Lo que supone un papel clave de cara al futuro, y contribuye en el desarrollo y mejora de la sociedad.
20 2. Aprendizaje de valores: el cual excede de lo mencionado anteriormente, generando actitudes a través de la adquisición de conductas, hábitos o comportamientos, tres haberlos puesto en práctica a lo largo del tiempo.
En torno a estos valores, Casa et al. (2007, por Martínez, 2011), mencionados por Sanz et al. (2011) con anterioridad, los categorizan de la siguiente manera:
- Valores espirituales y religiosos: Creencias de ámbito religioso y riqueza espiritual.
- Valores relacionados con capacidades y conocimientos: Habilidades prácticas y sociales, inteligencia, estatus profesional y conocimientos tecnológicos.
- Valores de carácter interpersonal: Humanidad, lealtad familiar, simpatía, tolerancia y solidaridad hacia los demás.
- Valores de carácter personal: Optimismo, profesionalidad para ejecutar un Trabajo, ya sea académico o laboral, competencia, humor, alegría, satisfacción por la vida, coherencia, voluntad y perseverancia para afrontar los retos, amabilidad, personalidad, carácter y temperamento.
- Valores Materialistas: Dinero, poder e imagen personal.
También, es importante tener en cuenta que existen abuelos/as que viven esta situación de carga y cuidado con satisfacción, pero para algunos, puede supones una fuente de estrés, debido al número de horas dedicadas al cuidado (Mansilla, 2017). Además, en este tipo de cuidado también aparecen dificultades, a lo que Noriega y Velasco (2013) añaden que las funciones ejecutadas por los abuelos cuidadores son variadas y pueden ser compaginadas de maneras muy diversas. Aunque en este sentido, aparece el límite de difícil delimitación entre la responsabilidad de los abuelos en torno a los cuidados y la educación.
Finalmente, a pesar de que el papel de los abuelos en torno a la educación de sus nietos sea incuestionable, existen algunos factores, los cuales pueden modificar o influir en dicha relación.
Algunos de los factores son: crisis familiares dónde está en juego la custodia de los menores, el fallecimiento de alguno de los progenitores o el hecho de que alguno de los progenitores no tenga relación con sus propios padres o abuelos del menor (Chaparro, 2015). Justo en este contexto Chaparro (2015) menciona la necesidad de aumentar medios con la finalidad de que la relaciones abuelos-nietos se puedan dar a pesar de la situación familiar. El cambio se llevó a
21 cabo con la Ley 42/2003, el 21 de noviembre, modificando el Código Civil en torno a las relaciones familiares, concretamente las de los abuelos con sus nietos.
4.4 Rol del abuelo
Respecto al rol que desempeñan los abuelos y abuelas Sanz et al. (2011) concluye que se han ido produciendo cambios a lo largo del tiempo, destacando la duración de este rol, es decir, de la cantidad del tiempo que se es abuelo, la cual ha aumentado considerablemente. Además, se están modificando las ideas que se tenían tradicionalmente asociadas. A este aspecto, Block (2000; por Noriega y Velasco, 2013) añade la importancia de romper son el estereotipo de abuelo canoso, sentado en el sillón, leyendo el período, ya que esto ha quedado atrás. Además, se añade que los abuelos han pasado de tener una relación autoritaria y distante con sus nietos, a tener relaciones más simétricas, recíprocas y con mayor expresión de afecto.
Por lo tanto, se comprende que no es posible hablar de un solo rol del abuelo/a. El rol de abuelo es totalmente individualizado, diverso y heterogéneo (Bengtson y Robertson, 1985; por Sanz et al., 2011). Dicho rol es multidimensional, en el cual se encuentran múltiples facetas y funciones (Blesky, 1996; por Sanz, et al., 2011). Además, es importante tener en cuenta si dicho rol se define desde el punto de vista de los propios abuelos/as, o bien, desde las impresiones del nieto/a; al igual que otras variables como: la edad, el género, la familia de origen, la condición cultural y social, el estado de salud, la ideología, personalidad, entre otras circunstancias (Sanz et al., 2011). A lo que Noriega (2015) añade que el rol del abuelo se considera una experiencia individual difícil de definir, ya que no existen modelos ni expectativas comunes entre los diferentes sujetos que forman la sociedad.
A medida que ha ido pasado el tiempo se han ido añadiendo diferentes tipos de roles por parte de los abuelos, como aquellos abuelos compañeros, lejanos o involucrados Herlin y Furstenberg, 1986; por Sanz et al., 2011), o los abuelos contradictorios, simbólicos o individualistas, que añaden Wood y Robertson, 1976; por Sanz et al., 2011).
En primer lugar, la prestación de este servicio por parte de los abuelos abarca diversidad de tipologías teniendo en cuenta la implicación de estos en la crianza y educación de sus nietos/as, y su reconocimiento formal y legal (Gomila y Pascual, 2012). En torno a lo mencionado, son
22 Pinazo y Ferrero (2003) los que realizan una clasificación en torno al rol de abuelo en el cuidado:
1. Rol definido: se incluye a los abuelos que cuidan de sus nietos de manera puntual, esporádica, y relacionada con el ocio y el fomento de relaciones familiares.
2. Rol difuminado (o abuelo/a canguro): Asumen un rol poco claro y ambiguo que no les corresponde, que no es reconocido de manera formal, donde ofrecen todos los servicios de cuidado y crianza durante periodos prolongados de tiempo, pero en cambio, no tienen ninguna responsabilidad legal sobre ellos/as.
3. Rol parental: Abuelos que asumen la guarda cotidiana de sus nietos, además de la tutela.
En este sentido, Pinazo y Ferrero (2003) añaden:
“Els padrins amb guarda i/o tutela ordinària dels néts, reconeguda administrativament, quan els pares/mares estan incapacitats per desenvolupar el seu rol parental (a causa de situacions diverses: decés, toxicomania, problemes de salut mental, maltractament i/o abandonament del menor, internament en centres penitenciaris, negligència, mares fadrines molt joves, etc.) es pot desencadenar un procés d’acolliment familiar amb altres persones diferents dels pares. L’acolliment familiar pot esser exercit per la pròpia família a través de l’acolliment administratiu (amb consentiment de la pròpia família), judicial (imposat pel jutge sense que hi hagi d’haver un consentiment de la pròpia família) o natural (no es declara situació de desprotecció i l’administració intervé per registrar quan l’acolliment passa a ser formal)” (por Gomila y Pascual, 2012).
Noriega (2015) también hace referencia al rol del abuelo, y afirma que este es multidimensional, por todo lo mencionado anteriormente, y tanto Pérez et al. (2012) como Noriega (2015) coinciden en la siguiente clasificación:
1. Rol Actitudinal: Abarca leyes y normas que regulan los derechos y obligaciones de los abuelos.
2. Rol Simbólico: El significado que los propios abuelos atribuyen o relacionan con su rol.
3. Rol Conductual: Actividades que se comparten con los nietos/as.
4. Rol Afectivo: Satisfacción que se asocia o relaciona al rol.
23 Además de los niveles mencionado que distingue Noriega (2015), también hace una clasificación en torno a los abuelos según el rol ejercido: definido, difuso o parental (ver Figura 1).
Figura 1: Vivencia del rol del abuelo
Fuente: Elaboración propia de Noriega (2015) a partir de Triadó et al. (2008).
En torno a la clasificación de los roles del abuelo, también Luna (2018) menciona a Kivnick (1928), debido a su clasificación acerca de los niveles asociados al rol del abuelo/a, entre los cuales distingue:
1. Centralidad: En qué grado la abuelidad desempeña implicaciones para la propia individualidad o identidad.
2. Valores de las personas mayores: transmisión de valores y experiencias a las nuevas generaciones.
3. Inmortalidad a través del clan: sentido de transcendencia derivado de la existencia de nietos y nietas.
4. Reinversión en el pasado: los nietos/as son una oportunidad para que sus abuelos/as revivan cosas de sus vidas.
5. Indulgencia: forma en la que los/as abuelas asumen su rol familiar.
24 Además, es importante tener en cuenta el nivel de renta de los abuelos/as, en relación a las posibilidades que tienen para ofrecer o una ayuda de cuidado que incluya cierta ayuda económica, como puede suponer la comida o el transporte. Además, los abuelos cuidadores con un nivel de renta más bajo, ofrecen a sus hijos/as adultos una ayuda de carácter más funcional, como la dedicación de tiempo o ciertos servicios (Iger, 2011, por Gomila y Pascual, 2012). En este sentido, Gomila y Pascual (2012) también afirman que los abuelos tienden a desarrollar una relación más de tipo afectiva con sus nietos/as, mediante una relación funcional, normalmente de prestación de ayuda, que puede abarcar diversos niveles, como: tiempo, servicios o ayuda financiera.
Por otro lado, a parte de las facilidades que desarrollan la tarea de cuidado de los nietos/as, López y SHARE (2006) y Hank et al. (2004) afirman que existe un conjunto de factores que determinan la incidencia de los abuelos/as (ver tabla 2) al cuidar de estos (por Gomila y Pascual, 2012).
Tabla 2: Factores que determinan la incidencia de los abuelos/as que cuidan de sus nietos/as.
25 Fuente: López y SHARE (2006), Hank et al. (2004) (por Gomila y Pascual, 2012).
Finalmente, Noriega (2015) coincidiendo con otros autores mencionados, también hace una enumeración sobre los factores que influyen en la relación abuelo-nieto:
1. Distancia geográfica 2. Parentesco
3. Género
4. Edad de ambos 5. Calidad de la relación 6. Número y orden de nietos 7. Estructura familiar
8. Otros factores: la clase social (Cherlin y Furstenberg, 1985), la salud del abuelo (Attar- Schwartz et al., 2009; Creasey y Kaliher, 1994; Kornhaber, 1996; Pinazo y Montoro, 2004) y el estado civil del abuelo (Fergusson et al., 2004; Uhlenberg y Kirby, 2008), siendo los abuelos de clase social media, casado y los que disfrutan de mejores niveles de salud, física y mental lo que tienen el mayor número de contacto con sus nietos (por Noriega, 2015).
A los factores mencionados, que pueden afectar a la relación abuelos-nietos, se le añade el linaje, sostenido debido a que varios estudios realizados hasta el momento corroboran que son más frecuentes las relaciones que tienen los nietos con sus abuelos maternos que paternos (Castañeda et al., 2004; Kahana y Kahana, 1970; Kalish, 1983; Rico et al., 2001; Roberto y Stroes, 1992; Williams y Nussbaum, 2001; por Noriega y Velasco, 2013). Además, concretamente las abuelas maternas son consideradas las “abuelas favoritas”, por su cercanía y mayor implicación en el cuidado (Creasey & Kaliher, 1994; Kahana & Kahana, 1970; Rico et al., 2001; Triadó, Martínez, & Villar, 2000; Pi- nazo & Montoro, 2004; por Noriega y Velasco, 2013). Por el lado contrario Creasey y Kaliher (1994) afirman que los abuelos paternos son los menos valorado por sus nietos, debido a una relación más distante y menos satisfactoria (por Noriega y Velasco, 2013).
Martínez (2017) también hace referencia a los problemas que puede presentar el rol del abuelo, de la siguiente manera:
26 a. No se considera un rol definido, ya que posee límites distorsionados en torno a la actuación, visualizando el papel del abuelo como cuidadores o agentes educativos, y que estos se adapten y desempeñen sus funciones en torno al contexto (estructura familiar, cultural, sociales, etc).
b. Dichas funciones, no deben ser asumidas en algunas circunstancias, como con problemas de salud. A lo que Gutiérrez y Herráiz (2007) añaden:
“Ponen de manifiesto en sus investigaciones, que los abuelos no tienen la obligación de desempeñarlas forzosamente, aunque actualmente ejerzan un papel bastante notorio, debiendo abstenerse por dos cuestiones principales. La primera, ante las elevadas responsabilidades que les confiere el llevar a cabo estas dinámicas; y la segunda, porque ya las llevaron a cabo anteriormente, al hacerse cargo del proceso educativo de sus propios hijos, y evidentemente, por cuestiones cronológicas, ya las habían dejado atrás”. (por Martínez, 2017).
c. El grado de contacto y comunicación intergeneracional, sobre todo cuando los niños/as se encuentran en edades tempranas, la cual está dirigida y medida por las actividades y decisiones de los progenitores, dificultando así, el ejercicio del rol del abuelo (Roa y Vacas, por Martínez, 2017).
d. Castells (2011) añade el hecho de que los hijos/as no valoren la labor que llevan a cabo sus padres con el cuidado de los nietos o nietas (por Martínez, 2017).
Para finalizar, Thiele y Whelan (2006) concluyen:
“A pesar de la gran amplitud que caracteriza el rol del abuelo o abuela, sí se han detectado algunas expectativas relativamente universales conforme al mismo. Por ejemplo, abuelos y abuelas esperan poder tener un contacto frecuente con nietos y nietas, así como sentir satisfacción, valoración y reconocimiento como tales. Por otra parte, nietos y nietas suelen esperar que sus abuelos y abuelas le transmitan historias y tradiciones, les hagan regalos y los apoyen emocionalmente. En cambio, la generación de padres y madres esperan de abuelos y abuelas que los apoyen, sin interferir en sus pautas de educación y crianza” (por Luna, 2018).
27 4.5 Tipología de abuelos
En cuanto a la tipología de los abuelos son varios los autores y autoras que se pronuncian. En primer lugar, Pinazo (1999) hace referencia a una de las primeras clasificaciones en torno a la abuelidad, realizada por Neugarten y Weinstein (1964), quienes identificaron cinco tipos de abuelos/as:
1. Abuelo/a Formal: Están interesados en sus nietos, cuidan de ellos con frecuencia, tienen autoridad y control, aunque no son los cuidadores principales.
2. Buscador de diversión: Perciben la relación o contacto con sus nietos como una actividad de ocio. Normalmente no ejercen control o autoridad.
3. Padres sustitutos (o con la custodia de sus nietos): Cuidadores principales. Aparecen sobre todo en situaciones de divorcio.
4. Reserva de la sabiduría familiar: Proporcionan habilidades especiales, conocimientos y recursos a los miembros más jóvenes de la familia.
5. Figura distante: Dicha figura se ha visto potenciada debido a los cambios sociales y al incremento de movilidad. El contacto con los nietos es poco frecuente, suele ser en vacaciones y los abuelos se perciben como distantes en cuento al contacto físico y distancia geográfica.
Por otro lado, Pinazo (1999) también hace mención a Cherlin y Furstenberg (1986) y Cherlin y Furstenberg (1985) por la siguiente clasificación:
1. Abuelos compañeros: Gran afecto, pero algo pasivos. No presentan un rol activo en torno al cuidado, autoridad y disciplina.
2. Abuelos distantes: Distantes geográficamente, pero no a nivel emocional necesariamente.
3. Abuelos comprometidos: Establecen disciplina y mantienen las regles familiares. “Es similar a los estilos formal y padre sustituto de Neugarten y Weinstein” (por Pinazo, 1999).
Por lo tanto, al igual que avanza la sociedad, han avanzado los estudios que abarcan el presente tema. En este sentido, Gallardo (2007; por Sanz et al., 2011) clasifica a los abuelos y abuelas en torno a las funciones que estos desempeñaban de la siguiente manera:
28 1. Abuelo/a cuidador/a: Funciones de “canguro” y cuidado de sus nietos.
2. Compañero/a de juegos: Relación activa y participativa en la actividad de niño/a.
3. Contador/a de historias: Vínculo entre las generaciones y transmisión del patrimonio familiar.
4. Transmisor/a de valores morales: Consejo y guía de los valores que han de guiar la existencia.
5. Modelo de envejecimiento y ocupación: Ejemplo de qué ser y de cómo viven los abuelos/as.
6. Amortiguadores/as de padres-hijos: Arbitraje o mediación en cuanto a las relaciones familiares.
7. Influencia a través de los progenitores: Relaciones abuelos-padres y su influencia en relación a los nietos.
8. Ayuda en momentos de crisis: Disponibilidad antes cualquier tipo de necesidad.
9. Amor incondicional: Relaciones emocionalmente positivas.
10. Mimar y “malcriar”: Falta de aplicación de límites.
11. Confidente y compañero/a: afinidad y comprensión.
12. Abuelos/as indiferentes: Distantes.
También Noriega (2015) coincidiendo con Gallardo en torno al abuelo cuidador, como modelo de envejecimiento, árbitros entre la 2ª y 3ª generación y amortiguador en momentos de crisis; añade a los abuelos y abuelas como agentes sociales y reservatorios de la sabiduría familiar.
Por otro lado, Noriega y Velasco (2013) añaden y describen cuatro perfiles de abuelos, pero esta vez, desde la perspectiva de los propios nietos y nietas:
1. Abuelo Próximo: Estilo informal, indulgente y afectivo.
2. Abuelo Modelo: Modelo de ocupaciones y envejecimiento.
3. Abuelo Formal: Poco indulgentes y distantes.
4. Abuelo Sustitutivo: Asumen el papel de los progenitores.
29 Además, Block (2000) teniendo es cuenta la perspectiva de los nietos, realiza la siguiente clasificación (por Herrera et al., 2019):
1. Abuelos Historiadores: dando sentido a la historia familiar.
2. Abuelos mentores: aportando sabiduría y conocimiento.
3. Modelos a seguir: ayuda en torno a la socialización de los nietos.
4. Abuelos magos: los que usan la imaginación para divertir a sus nietos.
5. Educadores: se convierten en una parte fundamental del apoyo social de sus nietos.
Finalmente, es importante destacar que mencionadas tipologías se pueden ver influenciadas y pueden sufrir variaciones por varios factores a tener en cuenta como: la edad de los abuelos/as y los nietos/as, el género, la familia de pertenencia u origen, el estado de salud, la distancia geográfica o las actividades que se realizan conjuntamente (Martínez, 2017).
4.6 Percepción abuelos-nietos.
En relación a lo expuesto con anterioridad, se ha considerado oportuno tener en cuenta la percepción que tienen los propios protagonistas de las relaciones intergeneracionales, complementando las entrevistes ya comentadas, con estudios llevados a cabo por otros autores y autoras.
En primer lugar, León et al. (2016) llevaron a cabo un estudio en el cual participaron 83 nietas y 90 nietos adolescentes de entre 16 y 17 años. El objetivo de esta era identificar algunas de las características que definen las relaciones abuelos-nietos desde la perspectiva de los propios nietos. La mayoría de adolescentes coinciden en que la abuela materna ocupa un lugar privilegiado para ellos, sobre todo de manera emocional, afirman que estas los conocen en profundidad y le dan buenas consejos. En cambio, también hay coincidencias en que los abuelos no los conocen lo suficiente, aún así, se muestran felices con la relación que tienen. Por otro lado, con los abuelos maternos y paternos contactan vía telefónica y con visites personales.
Aunque a la abuela materna (por la que la gran mayoría muestran preferencias) prefieren visitarla frecuentemente y en persona. También coinciden en la fuerte influencia de los padres sobre la relación que tienen con sus abuelos/as.
30 Además, León et al. (2016) destaca como actividades que hacen juntos abuelos-nietos las visites, ver la televisión o ir de vacaciones juntos. Finalmente, se ha detectado cierta influencia del sexo/genero en torno a la transmisión de determinados modelos y valores, destacando significativamente las diferencias en las nietas.
Por otro lado, Noriega y Velasco (2013) también realizan un estudio en la misma línea de investigación, en la cual concluyen que los estilos educativos ejercidos por los abuelos/as sobre sus nietos/as están totalmente influenciados por el género y el linaje de estos:
• Estilo próximo: perfil más frecuente en las abuelas maternas (33,68%)
• Estilo formal: perfil más frecuente en los abuelos maternos (34,28%)
• Modelo: perfil más frecuente en abuelas paternas (41,1%) y abuelos paternos (32,27%)
Rodríguez y Español (2014) también son algunos de los autores que han llevado a cabo estudios sobre el tema, en este caso, afirman predominan las relaciones positivas, de cariño y respeto por ambas partes. Además, los abuelos se muestran muy satisfechos en torno a las relaciones que tienen son sus nietos y perciben esta relación de manera libre, menos rígida y con menos responsabilidad, donde uno de los objetivos para ellos/as es crear un “mundo mejor” para sus nietos, donde predomine la paz interior y la sana convivencia.
En este mismo año, Serra et al. (2014) llevaron a cabo otro estudio relacionado, donde algunos de los datos a destacar son los siguientes:
• El 50% de los niños/as consideran que tienen algún abuelo/a favorito.
• La mayoría presentan una buena imagen de la relación con sus abuelos, seguidos de los que tienen una imagen regular, que son mínimos.
• Los nietos resaltan que sus abuelos desempañan diversos roles, y destacan como más valorados:
o Compañeros de juegos o Contador de cuentos
o Transmisor de conocimientos y valores o Comprensión y entendimiento
31 Y los menos valorados:
o Historiados o enlace con el pasado o Ayuda en momentos de crisis
o Modelo de envejecimiento u ocupaciones
• Las variables influyentes de cara al “favoritismo” en torno al nieto son: la edad, el sexo, el orden de nacimiento y el número de hermanos; y el torno al abuelo: el sexo, la familia de origen, la frecuencia de contacto y la imagen de relación.
Posteriormente, Vigalondo (2018) también observa un nivel de satisfacción por parte de los abuelos/as hacía sus nietos/as en torno a sus relaciones, y viceversa: Al 93% de los participantes le gusta estar con sus abuelos/as, corroborando así los datos del IMSERSO (2008), que comunica que el 97% de los abuelos disfrutan el tiempo que comparten con sus nietos. Por lo tanto, dichos datos demuestras una satisfacción recíproca (por Vigalondo, 2018).
Además, coincidiendo con León et al. (2016), Vigalondo (2018) corrobora que el género influye en esta tipología de relaciones. Por un lado, los niños/as manifiestan que los valores que perciben cómo transmitidos por sus abuelos son: el esfuerzo y la tolerancia; en cambio por las abuelas: la justicia y la paz. Aunque de manera conjunta nombran: la felicidad, la honestidad y la obediencia. Además, también se observan discrepancias en torno a lo que los niños/as aprenden de sus abuelos/as. Las niñas priorizan los estudios, la bondad, la felicidad y las tareas del hogar; y los niños, en cambio, el amor y el deporte.
Finalmente, en cuanto al aspecto que dan más importancia los nietos/as es a la felicidad que le transmiten sus abuelos, con un 71% (Vigalondo, 2018).
4.7 Red intergeneracional y COVID’19.
La COVID-19 es definida como una pandemia mundial que afecta a toda la población pero no a todas las personas por igual. Las personas mayores son un grupo especialmente vulnerable (Pinazo, 2020) y es por este motivo que los expertos hablan de la emergencia geriátrica de la pandemia. La OPS (2020) también coincide en que el ámbito de las personas
32 mayores es el que se ha visto más afectado en relación a la situación que se está atravesando, ya que poseen un sistema inmune más débil y en la mayoría de casos presentan una o diversas enfermedades crónicas, como diabetes, hipertensión y problemas cardiovasculares o pulmonares. Y relacionando estos dos aspectos el 68% de hospitalizados por coronavirus en España, lo forman mayores de 60 años, y en torno a los fallecimientos conciernen el 95%.
(Porcel et al., 2021).
En torno a las consecuencias que ha ocasionado la COVID-19, sobre todo en el rango de edad de las personas mayores, la salud psicológica y emocional se ha visto afectada, ha cambiado muchos aspectos de la vida cotidiana (forma de trabajar, de relacionarnos, de gestionar el tiempo libre o de ocio, etcétera). Además, ha cambiado nuestro punto de vista hacía otros grupos de la población, aumentando algunas conductas discriminatorias, como por ejemplo hacia las personas mayores, ya que hay investigaciones recientes que apuntan un notable aumento del edadismo, donde las redes sociales y los medios de comunicación han jugado un papel reforzador fundamental, sobre todo haciendo alusión a las personas mayores con términos incorrectos “Nuestros mayores” o “Los abuelos” (Pinazo, 2020).
En este sentido, Curcio (2020) coinciden en que el coronavirus está reforzando todo tipo de estereotipos edadistas, y potenciando el edadismo y reivindicando la exclusión social de este grupo de edad. Y añade que ser abuelo y ser persona mayor no es lo mismo, ya que ser abuelo es una decisión y respuesta a la solidaridad itergeneracional, no siempre de manera opcional.
Esto hace que las personas mayores se sientas representadas por un término que no son, y limitan a aquellos que sí lo son en torno a su proyecto de vida como seres humanos (Curcio, 2020).
Continuando con las consecuencias, los abuelos/as han pasado de desarrollar funciones como la educación, el cuidado, la socialización, transmisión de valores, meditar entre padres e hijos, jugar con ellos o ejercer de modelos son sus nietos/as, a tener un papel más enfocado a intervenir en momentos de crisis, a nivel psicológico, económico y social (Balaguer, 2020). Además, Bonete (2020) añade que la crisis económica ocasionada por la pandemia ha ocasionado que gran número de progenitores no puedan hacerse cargo de todas las obligaciones económicas ligadas a sus hijos, y es aquí, donde los abuelos también tienen un papel importante, ofreciendo ayuda económica.
33 Además, la situación ha hecho que se debiliten e incluso fragmente las redes de apoyo de las personas mayores, y por tanto sus círculos de cuidado; lo que ha ocasionado problemas de salud e influye en la pérdida de autonomía (Curcio, 2020). A lo que Balaguer (2020) añade que dicho estado de reclusión y aislamiento forzoso también genera consecuencias emocionales y relacionales, que pueden derivar finalmente en depresión y ansiedad.
Por otro lado, Curcio (2020) menciona el hecho de mantener las distancias sociales, la prohibición de visitas como algo positivo para la protección de sus vulnerabilidad y prevención al contagio. Así, de cierto modo se rompe la cadena intergeneracional, aumenta la soledad, el aislamiento, la marginación y por tanto, desaparece el vínculo de la sociedad entre el pasado y el futuro. A lo que añade:
“Estos apoyos expresados en visitas, llamadas telefónicas, escucha atenta, celebración de fechas especiales, abrazos y otras expresiones de cariño, en tiempo de pandemia desaparecen, se debilitan o asumen otras formas de realización, a veces difíciles de asimilar por la persona mayor” (Curcio, 2020).
Es evidente que nos encontramos ante la necesidad de construir, o más bien reconstruir un vinculo social intergeneracional por parte de todas las generaciones, basado en los conocimientos, experiencias, valores éticos y morales, donde predomine la inclusión entre sus miembros. En este sentido, crear redes de apoyo intergeneracional en situaciones de crisis como la actual, que suponen un distanciamiento físico, se convierte en un reto para algunos grupos de edad, pero, sobre todo, para las personas mayores, que su respuesta requiere el apoyo de otras personas (Curcio, 2020).
Finalmente, centrándonos en aquellos/as que ejercen el rol de abuelo/a, dicha situación ha generado sentimientos de ambivalencia. Por una parte, está presente el miedo al contacto con otras personas (incluyendo sus nietos/as); y por otro lado el deseo y la importancia de estar con sus nietos y cubrir sus necesidades afectivas y de cuidado, proporcionadas con anterioridad al momento de crisis (Balaguer, 2020).
También es importante mencionar que no para todos/as ha supuesto las mismas consecuencias.
En el caso de los abuelos y abuelas que no tienen un rol del todo definido y su nivel de implicación sobrepasa los limites de sus posibilidades, el periodo de separación ha podido
34 suponer una descarga de responsabilidades, y, por tanto, ha podido ocasionar cierto alivio y descanso (Balaguer, 2020).
De todos modos, Balaguer (2020) afirma que disponer de una red social potente, acompañada de un buen estado de salud y haberse adaptado de cierto modo a las nuevas TIC y seguir disponiendo de los beneficios que aportan los nietos, como romper la rutina o vivir nuevas experiencias, son algunos de los aspectos para reducir aquellas consecuencias de carácter negativo que ha podido sufrir el colectivo de las personas mayores. En definitiva, “los nietos contribuyen a aumentar el estado de ánimo y la autoestima que a largo plazo puede suponer un incremento en la esperanza de vida” (Balaguer, 2020).
4.8 Una aproximación a la relación entre los abuelos y nietos en tiempos de COVID.
Entrevistas abuelos/as:
Con el fin de evaluar la valoración de la relación que los abuelos/as participantes tienen con sus nietos/as, se han realizado numerosas preguntas al respecto (ver Anexo 1), de las cuales se han obtenido los siguientes resultados:
En primer lugar, el 60% de los y las participantes se sientes satisfechos con la relación que tienen con sus nietos, y definen esta como “muy buena y estrecha”. En cambio, el 40% restante definen dicha relación como “regular” al indicar que no ven a sus nietos/as tanto como les gustaría, destacando sobre todo la distancia geográfica.
Además, siguiendo con la valoración de la relación, el 100% de los participantes indica que se siente valorado por sus nietos, y, por lo tanto, estos le hacen saber su agradecimiento por sus cuidados o tipo de ayuda que le prestan. Destacan las muestras de cariño, como abrazos o besos y las palabras de agradecimiento.
Por otro lado, en torno al rol del abuelo/a y a las funciones de este, es el 100% el que afirma que el hecho de ejercer de abuelo/a cuidador/a no fue del todo decisión propia, sino que más bien, vino dado debido a las circunstancias, todos coinciden en que han tenido que abarcar dicho rol porque los progenitores de sus nietos/as no podía dedicarles el tiempo que les hubiera
35 gustado, o necesario para cubrir las necesidades de sus hijos/as, debido al horario laboral. A pesar de esto, la gran mayoría afirma que se sienten muy agradecidos de haber ejercido y ejercer este rol, y en absoluto lo perciben como una obligación.
También, es el 60% el que expresa ser consciente de que el hecho de ejercer de abuelo/a cuidador les ha supuesto perderse otras cosas o experiencias, como: disfrutar del tiempo en pareja, con amigos o del ocio y tiempo libre (viajar, deporte, yoga, pilates, etc). Pero a su vez, dicho porcentaje afirma haber valido la pena “perderse” todas esas cosas por disfrutar y ver crecer a sus nietos/as. En cambio, el 40% restante, simplemente muestra ser consciente de esa pérdida de otras experiencias.
Además, también se encuentran similitudes frente a la pregunta que abarca las principales funciones como abuelo/a. Destaca con un 60% las funciones relacionadas con el cuidado del día a día: acompañar y recoger del colegio, proporcionarles comida y merienda, acompañar a actividades extraescolares; alternando estas con el tiempo de juego, contar cuentos, etc. En cambio, el 40% restante afirma que coincide con las funciones mencionadas por el porcentaje anterior, pero tiempo atrás, ya que actualmente confirman que sus funciones como abuelo/a son totalmente diferentes, por el hecho de que sus nietos/as ya son mayores. Aún así, sigue existiendo una relación muy buena y estrecha, destacando las visitas semanales, las comidas familiares y las llamadas o videollamadas de forma continuada.
Otro de los aspectos a analizar, ha sido la propia percepción que tienes los participantes a cerca de su papel como abuelo/a. En base a la pregunta ‘¿Cómo te definirías como abuelo/a?’, la gran mayoría, el 60% se reconoce como un buen abuelo/a, ya que cubren las necesidades oportunas de sus nietos/as y afirman ayudarlos en todo lo que pueden, incluso en más. Y el 40%
restante se reconoce como buen abuelo, pero afirma que no dedican el tiempo que les gustaría, debido a las circunstancias, destacando la edad de los nietos o la distancia geográfica.
Finalmente, en relación a la COVID’19 y la influencia de esta sobre las relaciones intergeneracionales, algunos de los datos más relevantes tras las entrevistas son:
36
• El 100% afirma que la relación con sus nietos/as se ha visto afectada, no de forma negativa, pero sí se han producido cambios, sobre todo en el periodo de confinamiento.
• Destacan los cambios en la manera de comunicarse, la disminución de visitas y el aumento de llamadas y videollamadas.
• El 60% afirma que dicha relación se ha visto reforzada tras el periodo de confinamiento, y que ahora es más buena y estrecha que nunca, comentan por ejemplo que han aumentado el número de vistas.
• A nivel emocional, el 100% confirma que la pandemia ha sido una situación difícil de llevar.
• El 50% profundiza, afirmando haberse visto afectado por la situación, y en ocasiones incluso deprimidos, asociando estos sentimientos a la soledad. La E2 añade: “Las videollamadas con mi nieta eran el mejor momento del día, no se que hubiera hecho sin esos ratos”.
Entrevistas nietos/as:
En cuanto a los nietos/as y la valoración de la relación que estos tiene con sus abuelos/as cuidadores/as, el 100% la ha valorado muy positivamente, considerando que tienen una muy buena relación, aunque un 20% afirmaba que le gustaría verlos con más frecuencia. Además, el 40% reconoce haber sido criados/as por sus abuelos y se muestran muy agradecidos por esto.
También, la gran mayoría afirma sentirse satisfechos por el hecho de haberse criado por sus abuelos y mencionan que esto les ha supuestos más ganancias que perdidas. Mencionan el amor, el hecho de valorar lo que tienen y el trabajar duro para alcanzar lo que quieren. Además, el 40% añade que consideran únicamente haber perdido tiempo de calidad para estar con sus progenitores durante su infancia, por las circunstancias laborales.
El 100% de los nietos/as participantes creen valorar lo que hacen sus abuelos/a por ellos/as.
Aunque algunos de ellos muestran miedo por no demostrarlo. En este sentido, la participante E1 añade: “Lo valoro muchísimo. Les debo todo y más, y me da mucho miedo no demostrárselo, aunque mientras aprovecho cada día que estoy con ellos y exprimo los momentos juntos al máximo”.