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Verdier som ble beskyttet mot skade

In document TILTAK MOT FLOM (sider 185-189)

Flom- og erosjonssikringstiltak

10.4 ERFARINGER MED FLOM- OG EROSJONSSIKRINGSTILTAK FRA 1995-FLOMMEN

10.4.5 Verdier som ble beskyttet mot skade

século XVIII

7

COUTINHO, Valdemar. Dinâmica defensiva da costa do Algarve do período

Las vías de comunicación: terrestre y marítima

Las carreteras del Algarve son menos malas en la costa, en el berrocal todavía peores, y en la sierra pésimas (...) Las comunicaciones con el Alem Tejo [Alentejo] por los pasos de la sierra (...) san casi intransitables (...)

João Baptista da SilvaLopes 8

Excepto una red de caminos que unía las principales ciudades marítimas, la circulación interna se hacía primordialmente por mar.

2.5.

Reino do Algarve século XVIII

La sierra algarvía fue siempre un obstáculo. A ella se debe también parte del aislamiento del Algarve con relación al reino de Portugal. La mejor comunicación con él era también por barco: por mar, a lo largo de la costa; o por río, por el Guadiana hasta Mértola.

Finalmente, también era por vía marítima como se mantenían las comunicaciones con la vecina Andalucía, así como con el norte de África.

8

LOPES, João Baptista da Silva. Corografia ou Memória Económica, Estatística

e Topográfica do Reino do Algarve (1841). s.l.: Algarve em Foco Editora, s.d.

La estructura defensiva

El Algarve fue objeto de sucesivas incursiones de piratas y corsarios, lo que obligó a las poblaciones establecidas en el territorio a encontrar medios de impedirlas. De ello resultó la construcción de un sistema defensivo formado por castillos, fortalezas y torres diseminados por la costa. Los dos primeros tipos de fortificación se destinaban a proteger poblaciones amenazadas o a repeler enemigos, mientras que las torres, atalayas, eran utilizadas para avisar a los habitantes de la aproximación de piratas (...)

ValdemarCoutinho 9

En el Algarve cristiano, el peligro venía del mar, (…) de los ataques de la piratearía norteafricana, y, después, de los corsarios

franceses e ingleses10. Por esta razón, la estructura defensiva

estaba principalmente en el litoral, en torno a las ciudades y en las entradas marítimas11. 2.6. Reino do Algarve século XVIII

9

COUTINHO, Valdemar. Ob. cit., pp. 62-63. 10

MATTOSO, José. Algarve. Lisboa: Círculo dos Leitores, 1998, p. 23. 11

Sobre la estructura defensiva del Algarve ver COUTINHO, Valdemar. Dinâmica

defensiva da costa do Algarve do período islâmico ao séc. XVIII. Portimão:

Instituto de Cultura Ibero-Atlântico, 2001 y GUEDES, Lívio da Costa. Aspecto do

reino do Algarve nos séculos XVI e XVII. A descrição de Alexande Massai (1621). Lisboa: Arquivo Histórico Militar, 1988.

La estructura urbana

A mediados del primer milenio a.C. existían en el Algarve algunos núcleos de población, con características eminentemente urbanas. Son ciudades localizadas en la franja costera, algunas de ellas situadas en la hoz de ríos navegables, lo que les posibilitaba un contacto permanente con los marinos-comerciantes del mundo mediterráneo y una comunicación directa con el interior, por vía fluvial.

Ana Margarida Arruda 12

2.7.

Silves, siglo XVII 2.8.

Faro, siglo XVII 2.9.

Tavira, siglo XVII

2.10.

El área urbana del Algarve ha estado desde siempre, sin duda, en el litoral. Es a lo largo de éste donde se localizan gran parte de sus ciudades, entre ellas las de mayor dimensión.

Silves, Tavira, Faro y Lagos, se han alternado en orden de importancia a lo largo de los tiempos. Todas ellas situadas junto al mar, a excepción de Silves que, por esa razón, fue perdiendo protagonismo a lo largo del siglo XVI, debido a que su natural salida al mar se ve impedida por la arena acumulada en el río Arade13.

Las particulares características físicas de este territorio - de pequeñas dimensiones, situado en la punta más extrema de la Europa occidental, de límites naturales bastante bien definidos, volcado esencialmente hacia el mar y con una densa estructura urbana, constituida por numerosas pequeñas localidades - condicionaron la localización de las casas regulares, que se concentraron principalmente en las ciudades más grandes.

Tavira, Faro y Lagos, seguidas de Loulé, Lagoa y Portimão, tuvieron las mayores y más importantes casas regulares del Algarve, mientras que la verde sierra de Monchique, atrajo a las comunidades de eremitas.

Por el contrario, sus extremos este y oeste, eran territorios inhóspitos y despoblados, donde no se instaló ninguna casa, a excepción de la que hubo en el cabo de San Vicente y que, debido a las características del lugar fue bastante difícil de mantener, y también de la presencia de la Orden de Cristo en Castro Marim por razones de naturaleza militar, como veremos más adelante.

12

ARRUDA, A. M. “O Algarve nos séculos V e IV a. C.” MARQUES, M.ª da Graça Maia (coord.). O Algarve: da Antiguidade aos nossos dias. Lisboa: Edições Colibri, 1999, p. 23.

13

Esta ciudad fue sede episcopal hasta 1577, fecha en que esta última se trasladó a Faro, hecho que agravó aún más su proceso de declive.

El espacio “histórico”

La condición de reino autónomo

El Algarve (…), elevado a la condición de reino autónomo por Afonso III, se transformó en la única región con derecho a figurar junto a Portugal en el título de los reyes portugueses, (...)

José Mattoso14

2.11.

Reino de Portugal y del Algarve

14

La caracterización de la región del Algarve se centra inevitablemente, en su condición de reino autónomo, que se convirtió (y que se ha mantenido) en soporte de una identidad propia, que le es inherente. No resultó, por tanto, de las circunstancias que rodearon a su reconquista, o de los acontecimientos derivados de la disputa por este “reino” entre los monarcas de Portugal y Castilla, pero se hizo, a partir de entonces, todavía más evidente, por la forma como los “hombres del Norte” lo entendían.

Fray João de São José, un fraile agustino, escribió en la Corografia do Reino do Algarve de 1577: Hay en este reino del Algarve muchas cosas notables y maravillosas y tan particulares de él sólo, que no se hallan en ningún otro lugar, tanto en la propia naturaleza de la tierra como también en las costumbres que usan los moradores de ella (...) Porque quien en Portugal o en cualquier otra parte del mundo oye decir que en el Algarve se varea el higo y no la aceituna y que en un sólo higueral, andando continuamente quince, veinte personas, no pueden recoger tanto que más no madure hasta acabarse, (...) y que el aceite lo hace cada uno en su casa, pisando la aceituna con los pies, y que las uvas, para el vino ser bueno, después de vendimiadas las echan en tierra, en un montón, y las dejan podrecer y después lo hace cada uno en su casa con un saco, cualquier cosa de éstas en sí trae consigo admiración a quien de ellas no tiene experiencia y deben ser contadas con precaución, cuanto más todas ellas juntas15.

15

GUERREIRO, Manuel Viegas; MAGALHÃES, Joaquim Romero. Duas

Entre la centralidad y la periferia

También las particularidades de la historia del Algarbe - que osciló entre momentos de “centralidad” y de “periferia” – tuvieron influencia directa sobre la instalación de muchas de las órdenes religiosas en este espacio.

La reconquista del Algarve, terminada en Faro en 1249 por Afonso III, representó el comienzo de un conflicto con Alfonso X de Castilla, que reivindicaba derechos de soberanía sobre este territorio. A pesar de que con el acuerdo de 1267 - realizado en

Badajoz16 - el Algarve pasaba a pertenecer a la Corona

portuguesa, a cambio de las poblaciones de Aroche y Aracena, la incertidumbre sobre la posesión de este territorio se mantuvo hasta 1297. En ese año, la firma del tratado de Alcañices, llevado a cabo por D. Dinis y Fernando IV de Castilla, puso punto final a esta cuestión pendiente entre los dos reinos ibéricos.

En aquellos tiempos la importancia del Algarve para el reino de Portugal no se limitaba tan solo a la conquista de los territorios “enemigos”, ni siquiera a la posterior necesidad de delimitación de fronteras entre los dos reinos de la península, representaba mucho más. Representaba la posibilidad, y la necesidad, de definir una estrategia marítima para los siglos posteriores, centrada en ese extremo meridional del reino. De su posesión dependía por tanto que Portugal se mantuviera en el futuro como reino independiente17. De esta estrategia formaba parte el instituir la nueva Orden de Cristo, justamente en el Algarve, en el castillo fronterizo de Castro Marim.

En palabras de José Mattoso, la reconquista cristiana transformó el Algarve en una gran isla, cortándole sus comunicaciones tradicionales con Andalucía y con el norte de

16

Sobre el acuerdo de Badajoz y sobre “As relações com o Reino de Castela” ver MATTOSO, José (dir.). História de Portugal. Lisboa: Círculo dos Leitores, 1992, vol.2, pp. 136-139.

17

Sobre este tema ver FONSECA, Luís Adão. “O Algarve da Reconquista à conjuntura depressiva do século XIV”. MARQUES, M.ª da Graça Maia (coord.). O

Algarve: da Antiguidade aos nossos dias. Lisboa: Edições Colibri, 1999, pp. 115-

África, sin sustituirlas por otras equivalentes con los centros

políticos y culturales del resto del país18, y es en ese contexto

donde nace el sentimiento de periferia que también ha caracterizado a esta región.

Esta fue, a partir de mediados del siglo XIII, la realidad del Algarve: una mezcla de centralidad, marcada por la importancia que tenía para un reino que se quería girado hacia el “nuevo mundo” – primero hacia las tierras del norte de África, después hacia horizontes más lejanos, como Brasil, Angola, Moçambique, Goa y Macau - y de periferia, distante de su “titular” - el Reino de Portugal - no sólo en términos físicos, sino, sobre todo, en términos sociales y culturales.

Los Algarvíos eran, por tanto, casi unos extranjeros aunque hablaran aproximadamente la misma lengua, habitaran el

mismo espacio político y fueran gobernados por el mismo rey19.

Esta marca, esta diferencia, permaneció, extendiéndose aunque inconscientemente hasta nuestros días. Veamos como.

Después de terminada su reconquista, la colonización de esta región, realizada por gente venida del reino de Portugal, no fue satisfactoria: además de haber disminuido el crecimiento demográfico, la sierra algarvía era (y continuó siendo por mucho tiempo) un elemento casi infranqueable, y los colonos se quedaban por el vasto Alentejo.

El periodo medieval en el Algarve, según José Mattoso, estuvo marcado por una cierta apatía. El rey era una figura distante, y el obispado mantenía relaciones más estrechas con Sevilla que con Lisboa. En esta época las circunstancias de esta tierra - lejana y aislada - sólo interesaron a los franciscanos, que fundaron en ella dos casas, en dos de las principales localidades de entonces, Tavira y Loulé20.

18

MATTOSO, José. Algarve. Lisboa: Círculo dos Leitores, 1998, p. 12. 19

Idem, ibidem, p. 9. 20

Tavira, en aquella época, estaba considerada como el centro urbano más importante del Algarve, y también Loulé, cuya importancia se revela con el registro de su feria, la única de la región entre las centenas existentes en todo el país, en el periodo comprendido entre mediados del siglo XIV e inicios del último

Esta realidad se alteró radicalmente al final de la Edad Media,con el interés de Portugal en la conquista del norte de África y posteriormente, en las navegaciones atlánticas. En esa época, el reino del Algarve pasó a ser el principal punto de soporte para la concretización de dichos objetivos, y la atención de la Corona se volvió hacia este su territorio al sur. Fue un periodo de prosperidad y dinamismo, que se prolongó del siglo XV al XVI.

A esta fase están asociadas muchas de las fundaciones regulares como, por ejemplo, las casas de las religiosas de Tavira y Faro, patrocinadas por el poder regio, y la de los agustinos descalzos de Tavira (principal puerto de apoyo a las plazas marroquíes), fundada como consecuencia directa de la relación privilegiada del Algarve con las plazas del norte de África, tras renunciar a un convento que tenían en Azamor.

Pero esta situación de “centralidad” dentro del contexto del Reino no duró siempre y, poco a poco, se fue abriendo otro ciclo, de vuelta al olvido.

Periferia sur de Portugal, periferia de Andalucía occidental. El Algarve no ocupó ni ocupará un lugar central en la economía y

en la sociedad portuguesa de los siglos XVI al XVIII21.

Transformándose de una próspera sociedad urbana litoral, en una sociedad rural dispersada por el interior y (…) a finales del siglo

XVIII, no era más que la periferia de una periferia22.

En este periodo, la fundación de nuevas casas regulares disminuye drásticamente. A partir de mediados del siglo XVIII, sólo se construye un nuevo convento, en Tavira, para carmelitas descalzos.

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