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Proyecto de ruta turísticocultural: Palma, ciudad conventual

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Academic year: 2022

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Facultat de Turisme  

   

Memòria del Treball de Fi de Grau   

 

Proyecto de ruta turístico­cultural: Palma,  ciudad conventual 

 

Ana Maria Gabriela Andrei   

Grau de Turisme   

Any acadèmic 2015­16   

     

DNI de l’alumne: X7788334M   

Treball tutelat per Miquela Forteza Oliver 

Departament de Ciències Històriques i Teoria de les Arts 

 

Paraules clau del treball: 

ruta turístico­cultural, conventos, monasterios, turismo cultural 

(2)

Índice    

Resumen……….3   

Introducción………..4   

Contextualización y objeto del trabajo………..6   

Metodología empleada………7   

Propuesta de ruta turístico­cultural: Palma, ciudad conventual……….8   

Conclusiones………..14   

Bibliografía………..15    

Anexo………16 

 

   

                                                     

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Resumen    

El turismo cultural surge como una alternativa menos nociva al turismo de sol y        playa predominante en Mallorca. En concreto, las rutas turístico­culturales        adquieren cada vez más demanda y son atrayentes para un tipo de turista de        alto poder adquisitivo y que se quiere comprometer con la conservación del        patrimonio y el medio ambiente en general.  

De esta manera, mediante este trabajo, se propone una ruta turístico­cultural        por algunos de los conventos y monasterios de Palma. En conjunto, es un tipo        de turismo que puede resultar incluso beneficioso para la isla y, en concreto,        para la ciudad de Palma. Esto es debido a que, no sólo se daría a conocer los        importantes recursos patrimoniales que son esas edificaciones religiosas, sino        que se reconocería su valor, se podrían obtener los recursos necesarios para        conservarlos y además, contribuirían al desarrollo turístico y económico de las        zonas adyacentes.  

  

Summary    

Cultural tourism emerges as a less harmful alternative to the predominant        Mallorca’s tourism of sun and beach. Specifically, cultural tourism routes are        becoming increasingly demanded and are appealing to a type of tourists with        high purchasing power and that want to engage with heritage conservation and        with the environment in general. 

Thus, through this work, a cultural tourism route by some of the convents and        monasteries of Palma is proposed. Overall, it is a type of tourism which could        even be beneficial for the island and, in particular, for the city of Palma. This is        because it would not only show the important heritage resources that these        religious buildings are, but also its value would be recognized, the necessary        resources could be obtained to preserve them and also it would contribute to        tourism and economic development of adjacent areas. 

                                    

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Introducción    

La elección de este tema “Proyecto de ruta turístico­cultural: Palma, ciudad        conventual”, primero de todo, tiene un motivo personal debido a que siempre        me ha llamado la atención todo aquello que tiene que ver con la cultura, en        todas sus formas (artística, arquitectónica, musical, tanto religiosa como no        religiosa, etc.), así como también todo aquello que representa y es símbolo de        nuestra historia; ya que una edificación y, en este caso los conventos o los        monasterios que se presentarán, son una prueba o huella de una época y de        unos acontecimientos que han existido y forman parte de nuestra historia y, en        particular, de la historia de Mallorca.   

 

Además, mediante este proyecto se quiere dar a conocer y, en un futuro        promocionar y llevar a cabo, esta alternativa a las rutas turísticas        convencionales: gastronómicas, literarias, basadas en leyendas y mitos, etc.  

Asimismo se propone que, al contrario de lo que plantea Hernández (2011, p.       

233) al indicar que la promoción de las zonas por donde discurre la ruta        implicaría  el  detrimento  de  las  adyacentes  a  esas,  estas  rutas  turístico­culturales ayuden a la promoción de espacios y elementos        patrimoniales concretos y singulares de Palma como lo son los conventos y        monasterios que mencionaremos, a la vez que contribuyan al desarrollo        turístico y a la dinamización económica de la isla.  

Igualmente, cabe mencionar que este desarrollo turístico no debe ocurrir a        expensas de la destrucción del patrimonio, sino todo lo contrario; mediante este        proyecto, queremos destacar la importancia de la creación de rutas turísticas        cuyo elemento central sean estos recursos patrimoniales y culturales, para que        así, se puedan preservar y/o conservar para el deleite de las futuras        generaciones y no sólo de la actual.  

 

Por lo que respecta a la actualidad, la cultura es un elemento cada vez más        valorado y, por ello demandado, ya que unos 9,4 millones de turistas visitaron        España por motivos culturales en el 2011, tal como refleja la Encuesta de        Movimientos Turísticos en Fronteras (FRONTUR, 2011). 

Sin embargo, aunque la cultura sea uno de los motivos que genera más        desplazamientos turísticos hoy en día, no siempre ha sido el elemento principal        del viaje por motivos de ocio; la mayoría de las veces ha formado parte de la        oferta complementaria.  

Hoy en día, esto ha ido cambiando ya que, “la cultura es un elemento propio y  característico de cada espacio turístico, cada sociedad tiene su cultura, 

que es única y, (...) otorga singularidad al espacio en cuestión” (Arrom, 2010, p.       

10). Las islas Baleares en general y Mallorca en particular, desean cada vez        más promover y tener un turismo de calidad que ayude a la conservación de        sus recursos naturales y culturales, que les permita disminuir el daño        provocado por el turismo masificado de sol y playa e ir alejándose de éste, a la        vez que intentan encontrar una solución a la desestacionalización.  

 

De esta manera, el turismo cultural y, especialmente estas rutas        turístico­culturales por los conventos y monasterios de Mallorca, conociendo su       

(5)

historia, su arquitectura, etc. podrían convertirse en la vía idónea para cumplir        estos objetivos. 

 

Por lo que respecta a la ciudad de Palma, si nos debemos limitar solamente a        ella, ésta cuenta con un total de siete conventos y monasterios, según Murray,        Bennassar, Mulet y Llompart (1992): Convento de Santa Margalida, Convento        de Sant Francesc, Monasterio de Santa Clara, Monasterio de Santa Elisabet,        Monasterio de Santa Magdalena, Convento de Santa Teresa de Jesús y        finalmente, el Monasterio de la Puríssima Concepció.  

Es, sin duda, un rico patrimonio cultural que debe conocerse y conservarse;       

tanto por los residentes como por los visitantes. Así lo afirma también el        Consejo Internacional de Monumentos y Lugares en su Carta Internacional        sobre el Turismo Cultural cuando menciona que “un objetivo fundamental de la        gestión del patrimonio consiste en comunicar el significado y la necesidad de        conservarlo tanto a la comunidad residente como a los visitantes” (ICOMOS,        1999).  

 

Por lo tanto, creemos que la creación de una ruta turístico­cultural por los        conventos y monasterios de Palma sería el instrumento territorial más        apropiado para dar a conocerlos, generar ingresos suficientes dedicados a su        conservación y, como ya se ha mencionado anteriormente, plantear una        alternativa al convencional turismo de sol y playa que existe en Mallorca.  

                                                   

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Contextualización y objeto del trabajo    

Los objetivos que se pretenden conseguir con la realización de este trabajo son        los siguientes: 

 

1. En primer lugar, la creación de una propuesta de ruta turístico­cultural        cuyo elemento central son algunos de los conventos y/o monasterios de        la ciudad de Palma de Mallorca.  

2. En segundo lugar, mediante la descripción de sus características y el        relato de su historia, dar a conocer esos recursos patrimoniales de        manera que se pueda reconocer el valor artístico, arquitectónico,        religioso y, en definitiva, cultural que todos ellos poseen.  

3. En tercer lugar, promover estos elementos patrimoniales y que, esta        propuesta de ruta sirva de ejemplo para que otras ciudades y pueblos de        Mallorca con un patrimonio similar puedan crear sus propias rutas.Y        como tal, puedan contribuir a la conservación de esos recursos y        también a potenciar y dinamizar su economía local.  

4. En cuarto lugar, difundir un mensaje de conservación y preservación, no        sólo de los elementos patrimoniales tangibles que conforman esta ruta,        sino de todos los de nuestra isla, ya que expresan nuestra realidad        cultural y social; expresan una historia y unos acontecimientos que han        derivado en lo que nuestra isla es y tiene hoy en día, y es al mismo        tiempo aquello que la hace tan singular.  

5. Finalmente, en quinto lugar, presentar una alternativa al turismo de        masas, que es el de sol y playa, tan conocido en Mallorca. Aún así,        aunque se pueda tener la percepción de que el turismo cultural es       

“bueno” porque atrae a visitantes con alto poder adquisitivo y debido a        que no es perjudicial para el entorno ni para la cultura local, lo cierto es        que no es del todo así. Este tipo de turismo también puede llegar a        degradar el patrimonio cultural cuando se convierte en excesivo o no hay        una correcta gestión de éste. Debido a ello es necesario que, al crearse        un producto turístico cultural que incluya estos elementos patrimoniales,        se desarrollen, conjuntamente con éste, políticas y medidas de        conservación y de protección. 

 

Cabe mencionar que el objetivo de este trabajo no es crear un producto        turístico, ya que éste conlleva tener en cuenta todos y cada uno de los recursos        existentes y sus respectivas potencialidades y, por lo tanto, requiere de un        análisis más profundo y detallado, así como también de una planificación        integral.  

Por lo tanto, y como ya se ha mencionado anteriormente, el objetivo último de        este trabajo es el de mostrar un ejemplo de ruta turístico­cultural por algunos        de los conventos y monasterios de la ciudad de Palma, en concreto tres de        ellos como se verá más adelante. 

         

(7)

Metodología empleada   

Para la realización de este trabajo se han tenido en cuenta, primero de todo,        los objetivos que se quieren conseguir a través de éste y que se han detallado        previamente. Así, a partir de estos objetivos, se ha pensado en la posible        manera de estructurar el presente trabajo, teniendo en cuenta la estructura        recomendada para este tipo de trabajo. Además, se ha hecho uso,        mayoritariamente, de la bibliografía recomendada por el tutor con información        relevante sobre el tema escogido. Esta bibliografía consta tanto de libros que        describen con detalle la historia y las características de los conventos y        monasterios que se mencionan más adelante, libros sobre interpretación del        patrimonio, así como también revistas sobre turismo y patrimonio cultural.  

Además, se han utilizado también varios recursos electrónicos, como lo son las        páginas webs relacionadas y que contienen información sobre este tema en        particular, con el objetivo de ampliar la información ya obtenida, contrastar        información y datos de proyectos de rutas similares, y para poder estar al        corriente de posibles cambios que hayan podido ocurrir con respecto a las        edificaciones mencionadas anteriormente. 

Todo este proceso de búsqueda, recogida y análisis de información, se ha        traducido en el proyecto de ruta propuesto y en las conclusiones que se        detallan en las siguientes páginas.  

                                                     

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Propuesta de ruta turístico­cultural: Palma, ciudad conventual. 

 

La siguiente propuesta de ruta turístico­cultural consta de tres elementos        patrimoniales principales que son el Convento de Santa Margalida, el Convento        de Sant Francesc y el Monasterio de Santa Clara; todos ellos se encuentran en        la ciudad de Palma de Mallorca. En Palma, como ya se ha indicado antes, hay        en total siete conventos y monasterios, pero en esta ruta sólo incluiremos tres.       

La razón de ello es que, como se puede observar en el mapa número 1 del        Anexo I, estas tres edificaciones están bastante alejadas la una de la otra y, si        desearíamos llevar a cabo la ruta en un sólo día, sería casi imposible visitar las        siete que existen, además de muy agotador también. Por lo tanto, sólo nos        centraremos en esas tres.  

 

Este es un tipo de ruta circular que tiene su inicio con el Convento de Santa        Margalida, sigue con el Monasterio de Santa Clara y acaba con el Convento de        San Francesc. Es una ruta que permite descubrir la historia, arquitectura y        manifestaciones artísticas que se pueden encontrar en esos tres conventos y/o        monasterios, al igual que en sus respectivas iglesias. Por lo tanto, al contarnos        su historia, nos invitan a descubrir una parte de la historia de la propia Mallorca. 

Podemos decir también que es un patrimonio no muy conocido, pero no por        ello menos especial, sino todo lo contrario.   

 

Esta ruta además está dirigida al público en general, que tiene interés en        cualquier forma de cultura, y que quiera descubrir el patrimonio cultural de        Mallorca. Se puede llevar a cabo de manera autoguiada a la hora de visitar        algunas de las dependencias de los recintos conventuales y las iglesias. Sin        embargo, si se quiere profundizar acerca de su historia, sería recomendable la        ayuda y los conocimientos de un guía turístico, por ejemplo.  

 

Por lo que respecta al trayecto hasta los respectivos recintos, todos ellos se        encuentran en la misma ciudad aunque quizá el trayecto a pie no sea el más        conveniente. Por ello, se necesitaría disponer de vehículo propio o bien hacer        uso del transporte público urbano de Palma, ya que seguramente tiene paradas        en las inmediaciones de los conventos. Desde esas paradas, se puede seguir a        pie hasta las propias edificaciones.  

 

Así, antes de empezar con la primera parada de nuestra ruta y su descripción,        vamos a explicar qué es un monasterio y qué es un convento.  

Tanto un monasterio, como un convento, como una casa religiosa tienen algo        en común con un albergue o residencia familiar, tal como mencionan Murray,        Bennassar, Mulet y Llompart (1992, p. 6). Todos poseen unas condiciones de        habitabilidad y fueron construidos bajo el punto de vista de servir a la vida        religiosa. Sin embargo, cabe hacer una distinción entre monasterio y convento.       

El convento, al igual que el monasterio, es un establecimiento religioso aunque        difiere de éste en que sus religiosos/as viven en contacto con el pueblo,        mientras que los/las religiosos/as de un monasterio viven en clausura; es decir,        no tienen contacto directo con la gente de las ciudades.  

De esta manera y una vez aclarados estos términos, podemos empezar con        nuestra ruta.  

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1. Convento de Santa Margalida:  

 

El convento de Santa Margalida es un convento de religiosas agustinas que,        durante siglos, estuvo situado en la Parroquia de Sant Miquel y que a raíz de        las leyes desamortizadoras del gobierno de Juan Álvarez Mendizábal        (1835­1837), fue uno de los numerosos conventos de los que se apropió el        Estado. Ya que una de esas leyes prohibía que en una misma ciudad hubiera        dos o más conventos de la misma orden y, debido a que las religiosas        agustinas tenían varios conventos en Palma por aquel entonces, la comunidad        de Santa Margalida fue desalojada el 26 de abril de 1837 e instalada en el de la        Concepció, también de la orden agustina. 

De esta manera, después del desalojo de las dieciocho religiosas el        ex­convento y su iglesia se convirtieron en oficinas y almacenes municipales.       

En 1841, éstos fueron cedidos a los militares, quienes, a partir de 1846 los        destinaron a hospital. 

 

La iglesia, que es de estilo gótico, fue construida entre el siglo XIII y XIV y        quedó oportunamente restaurada en el año 1967. Sin embargo, cabe destacar        que en el año 1949 ya fue declarada Monumento Histórico Artístico Nacional. 

Además de la iglesia conventual, hay otras dependencias de gran interés: 

­la sala capitular, que fue transformada en capilla neogótica y por ello no fue        demolida cuando se erigió el Hospital Militar. Está formada en su parte inferior        por la cantina y en la superior encontramos una sala de juntas. 

 

­el claustro gótico, del que sólo se conserva una única galería que formaba        parte del claustro medieval. Eruditos como Bonaventura Serra o el archiduque        Luis Salvador de Austria consideran este claustro como obra franciscana del        siglo XIII, en contraposición a Marcel Durliat (1964) el cual indica que el        claustro de Santa Margalida no es anterior al año 1340. Como vemos, hay una        cierta discrepancia referente al origen exacto de este claustro, que sólo podrá        ser aclarada mediante una aportación documental definitiva. 

 

Otras dependencias que caben mencionar dentro del hospital son la amplia        sala de radiografías, la cual es probable que, antiguamente, fuera el dormitorio        conventual; y la farmacia con botamen y estanterías del siglo XIX y que fue un        regalo de la reina Isabel II al hospital. 

 

No podemos olvidar mencionar las tumbas priorales de Santa Margalida que,        antiguamente estaban dispuestas bajo el coro alto. Hoy en día, estas tumbas        se encuentran elevadas y adosadas a los muros de la sala capitular del        convento de La Concepció. Actualmente, en La Concepció sólo se conservan        intactas cuatro de las seis tumbas existentes originariamente; la quinta se halla        en el Museu de Mallorca, aunque reducida a la estatua de la priora y, en cuanto        a la última tumba, se desconoce su paradero. 

 

Finalmente, queremos indicar que en el siglo XVII hubo una importante reforma        arquitectónica que afectó al claustro y a algunas dependencias, entre ellas el        refectorio. Éste último fue transformado en cocina del Hospital Militar. 

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El claustro actual se compone de tres galerías, las cuales presentan una        evidente antigüedad debido a las gárgolas originarias y, una cuarta galería que        carece de bóvedas y de gárgolas, aunque es réplica de las otras tres. Por lo        tanto, excluyendo la cuarta galería, podemos afirmar que el resto del claustro        pertenece al siglo XVII. 

 

2. Monasterio de Santa Clara:  

 

El alma de esta fundación, iniciada en 1212, fue la discípula de San Francisco        de Asís, Clara de Favarone, que más tarde sería la futura Santa Clara. Esta        orden es una rama femenina de la primera orden franciscana llamada “Ordo        Fratrum Minorum” y que fue fundada en 1209 por el propio Francisco de Asís        (1181­1226). Así, las primeras normas de vida contemplativa que éste mismo le        dió a Santa Clara estaban basadas en la observancia de la pobreza, el ayuno y        el silencio. Poco tiempo después, ésta se retiró a la iglesia de San Damián        junto a dos compañeras “en lo que es considerado como primer monasterio”       

(Murray, Bennassar, Mulet y Llompart,1992, p. 57).  

Las religiosas clarisas se expandieron formidablemente por Europa, de manera        que, a la muerte de la santa en 1253, había ya ciento diez monasterios;       

veintiuno en total en España. Cabe destacar que las primeras religiosas que        fundaron el monasterio de Ciutat de Mallorca, vinieron del de Santa Maria de        Tarragona, fundado en 1249.  

 

Para la fundación de la nueva orden en Mallorca, al igual que en otras        ocasiones, la Casa Real fue la primera en facilitar y promover este tipo de        obras, ya que las consideraba importantes a la hora de cristianizar y culturizar        los nuevos territorios conquistados. Así, las donaciones reales fueron        frecuentes para ayudar a la consolidación de esta comunidad.  

 

De esta manera, a las anteriormente mencionadas religiosas provenientes de        Tarragona el 1256, pronto se les unieron varias damas de la nobleza        mallorquina. Finalmente, el nuevo monasterio se fue consolidando como tal en        enero de 1260, que es cuando las religiosas clarisas pudieron habitar en él y        celebrar culto en la iglesia. Sin embargo, el gran monasterio que conocemos        hoy no estuvo terminado aún.  

 

En cuanto a la iglesia, era más una primitiva capilla que pronto dejó de ser        funcional para las religiosas debido a la contínua expansión del monasterio. Por        ello, el año 1262 solicitaron permiso al papa Urbano IV para poder construir        una nueva. Según Murray, Bennassar, Mulet y Llompart (1992, p. 70), hay        referencias en 1341 y 1395 que durante el siglo XIV se trabajó en un nuevo        edificio. También, a principios del siglo XV la comunidad de las clarisas dió su        permiso para construir una capilla. Más tarde, a mitad del siglo XVI, la reforma        renacentista afectó al monasterio trayendo un cambio estilístico.  

A pesar de ello, la iglesia actual conserva aspectos notables del gótico original.       

El campanario tiene base gótica también debido a su portal de arco de medio        punto. Tal como mencionan Murray, Bennassar, Mulet y Llompart (1992, p. 70),        el edificio actual en su conjunto es una construcción propia del 1600, de        influencia tardo­renacentista.  

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Cabe destacar la decoración de la portada de Santa Clara, ya que está repleta        de “guirnaldas, frutos, molduras, angelotes, máscaras, etc.” (Murray,        Bennassar, Mulet y Llompart, 1992, p. 70).  

 

La regla que siguió esta comunidad en Mallorca fue la escrita por Santa Clara o       

“primera regla”, aunque en 1263 adoptaron la “segunda regla” o la que        promulgó el papa Urbano IV y han estado bajo esta mismo hasta hace unas        décadas cuando volvieron a seguir la primera.  

 

A partir del siglo XIV el monasterio entró en una etapa de esplendor que se        mantendría hasta el siglo XIX, ya que el de Santa Clara fue uno de los        monasterios que contaba con mayor número de religiosas (aproximadamente        unas sesenta y siete en el siglo XVII, según el historiador Vicenç Mut).  

Posteriormente, en 1837 al promulgarse la ley que prohibía la existencia de dos        monasterios de la misma orden en una ciudad, las treinta y cuatro religiosas        clarisas del Monasterio de l’Olivar se unieron a las treinta y una del de Santa        Clara. El Monasterio de l’Olivar fue exclaustrado y en 1889 fue demolido junto        con la iglesia; su solar en Palma se convirtió en la plaza que hoy en día        conocemos como plaza de l’Olivar.  

 

Cabe destacar que las clarisas, siempre han tenido una muy buena reputación        dentro de la sociedad mallorquina por su estricto seguimiento de las normas de        vida contemplativa. Este hecho resultó en la llegada al monasterio de muchas        hijas pertenecientes a la nobleza, al igual que en el Convento de Santa        Margalida. Fue un fenómeno que se acentuó incluso más desde que el papa        Urbano IV introdujera la dote como condición para poder ingresar en un        monasterio. Y, aunque esta norma era contraria a los ideales de pobreza y vida        sencilla que la misma Santa Clara defendió y practicó, ella tuvo que aceptarla        al igual que sus seguidoras.  

 

Por lo que respecta a las dependencias monásticas, el monasterio de Santa        Clara es el mejor ejemplo monumental del llamado gótico primitivo; tanto el        claustro, la sala capitular, el refectorio así como también el dormitorio        presentan una arquitectura lejana en el tiempo. 

El monasterio está formado por tres grandes alas que están distribuidas        alrededor del claustro: en el ala norte se encuentra la iglesia y algunas piezas        anexas; en la de levante encontramos el refectorio y el dormitorio y finalmente,        en la de poniente está la sala capitular y otros cuartos menores. Además al sur,        presenta una galería adosada a un alto muro que se encuentra frente al mar.  

En cuanto al claustro, éste forma un amplio rectángulo con un huerto central        donde hay un estanque y el pozo de una noria. Además, gracias a la compra        de la casa de Guillem de Montsó, hacia el año 1302, se pudo construir la        cocina, el refectorio y la sala capitular. En 1307 y junto a ésta última fue        enterrada la abadesa sor María Satorre.  

La sala capitular, en su forma original, tenía un cuerpo parecido a una torre que        sobresalía por encima de los tejados, y que estaba reforzado por cuatro        contrafuertes angulares.  

 

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Por último, consideramos importante mencionar el patrimonio pictórico de este        monasterio; “uno de los legados artísticos más importantes de Mallorca”, según        Murray, Bennassar, Mulet y Llompart (1992, p. 74). En éste mismo se destacan        dos etapas muy definidas: la primera es de la época gótica (siglos XIV­XV) y        está compuesta por sargas, tablas y retablos; mientras que la segunda, hace        referencia a los años comprendidos entre 1552 y 1590, de estilo renacentista.  

 

3. Convento de Sant Francesc: 

 

El convento de Sant Francesc fue uno de los conventos de religiosos más        antiguos y uno de los más importantes de la Isla. Según mencionan Murray,        Bennassar, Mulet y Llompart (1992), éste es uno de los conventos más        destacados “no sólo por sus méritos arquitectónicos y artísticos, sino también        por la inmensa influencia religiosa, cultural y social que tuvo la orden        franciscana a lo largo de nuestra historia” (p. 39). 

El primer convento e iglesia fundados por los franciscanos data del año 1232.       

Sin embargo, según cuentan Murray, Bennassar, Mulet y Llompart (1992) “no        creemos que se comenzaron antes de 1238” (p. 41). 

El convento estaba situado junto a la Porta de l'Esveïdor, más tarde conocida        como Porta de Santa Margalida y, como curiosidad, dice la tradición que esta        puerta fue por la que entró el rey Jaume I cuando conquistó Mallorca el 31 de        diciembre de 1229. 

 

De esta manera, los frailes franciscanos permanecieron allí hasta que en el año        1279 intercambiaron su convento con el de las religiosas agustinas situado en        la plaza del Mercat, junto a la Riera. Aunque no se sabe con seguridad cuánto        tiempo permanecieron allí, no debió de ser mucho ya que hay escasas pruebas        de su paso por allí. Además, por razones inciertas, y mediante la generosidad        de la Casa Real que siempre benefició a esta orden, los frailes decidieron        construir otro convento e iglesia en el camino del Temple, los cuales se        convertirían en uno de los conjuntos conventuales más emblemáticos de la        Ciudad. 

 

Cabe destacar que la orden franciscana fue una de las comunidades religiosas        que más influencia tuvo en Mallorca y también la que contó con más        conventos. Aparte de la de Sant Francesc en Palma, hubo otras fundaciones        como la de la Santísima Trinidad de Miramar en Valldemossa (1276), una de        las más antiguas y que sólo estuvo abierta unos veinte años; el convento de        Sant Francesc de Inca (1329); los conventos de Santa Maria dels Àngels de        Jesús en Palma (1441), en Alcúdia (1536) y en Lloret (1545); Sant Antoni de        Pàdua de Artà (1581); Sant Bonaventura de Llucmajor (1599) y Sant Bernardí        de Petra (1608).   

 

La actual iglesia de Sant Francesc de Palma se empezó a edificar el 31 de        enero de 1281, cuya bóveda de crucería tardó 100 años en completarse.       

Además consta de una nave central y ocho capillas laterales, las cuales        cuentan con grandes ventanales, así como también existen diez vidrieras sobre        el altar mayor. Todo ello, según cuentan Murray, Bennassar, Mulet y Llompart        (1992), “crea un efecto interior extraordinario”.  

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No nos podemos olvidar de mencionar las capillas del “Beato Ramon vell” y del       

“Beato Ramon nou”, separadas por el portal que da a la plaza de Quadrado. En        la primera capilla se encuentra el sepulcro de Ramon Llull, mientras que en la        segunda hay un altar dedicado a éste mismo. También, es de gran importancia        el retablo mayor de estilo barroco.  

El fin de las obras de esta iglesia tiene como fecha el 3 de febrero de 1384.  

 

En cuanto al claustro de este convento, se construyó entre los siglos XIV y XVI,        y tuvo su época de esplendor cuando, en el siglo XV, se rehicieron dos        importantes capillas góticas, situadas hoy en día junto al portal de la iglesia.       

Además, cabe destacar la policromía de los artesonados mudéjares que, a        pesar de que hoy en día hayan perdido bastante colorido, se extienden a lo        largo de todos los corredores del recinto.  

 

Por lo que respecta al recinto conventual, el cual ocupó toda una amplia        manzana, quedó deshecho a raíz de la exclaustración y debido a que pasó a        ser propiedad pública en el 1835, según Murray, Bennassar, Mulet y Llompart        (1992, p. 47). Entre ese mismo año y el 4 de febrero de 1881, que es cuando el        claustro gótico fue declarado Monumento Nacional, el recinto pasó por una        serie de acontecimientos que aceleraron su proceso de degradación. Unos        cuantos ejemplos de estos sucesos pueden ser la sustitución de las        dependencias conventuales por oficinas administrativas (1837), el terremoto        que en el año 1851 afectó los antiguos edificios de Sant Francesc y la división        de varias partes de la propiedad franciscana para darles distintos usos como la        creación de una escuela de niñas pobres, los huertos fueron vendidos a        particulares, etc. Todo ello, como ya hemos mencionado anteriormente,        contribuyó al grave deterioro de las edificaciones del convento. Además,        aunque a partir del año 1881 el claustro ya era considerado Monumento        Nacional, las obras iniciales de su restauración no se empezaron hasta el año        1935­36.  

En 1942 se empezó a edificar la llamada Casa de Cultura en el lugar donde        había estado Patronato Obrero y se inauguró en 1955. También, entre 1948 y        1949 se iniciaron las obras del nuevo colegio de Sant Francesc, el cual fue        inaugurado en 1952.  

                             

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Conclusiones    

Una vez acabado nuestro recorrido, podemos decir que conocemos un poco        más de la historia, la arquitectura y los acontecimientos en general por los que        han pasado esos tres recintos religiosos y sus respectivas iglesias. Todos ellos        han demostrado tener una historia digna de contar y representan un patrimonio        que merece ser conservado para el disfrute de la actual y las futuras        generaciones. 

Como ya hemos mencionado, es una propuesta de ruta turístico­cultural por los        conventos y monasterios de Palma de Mallorca, que pretende servir de ejemplo        para su puesta en práctica y cuyo objetivo final sea el de dar a conocer este        patrimonio, que es cultura al mismo tiempo, para poder obtener ingresos        suficientes para su conservación, así como también se pretende que sea un        elemento dinamizador turístico y económico de la región donde se encuentre        ese recurso patrimonial. Pero para ello, es necesario que se lleve a cabo una        óptima planificación de la ruta en concreto, intentando evitar y minimizar las        externalidades negativas que pueden derivar de ello. 

                                                               

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Bibliografía    

Arrom Munar, J.M. (2010).       ​El turismo cultural en Mallorca: recursos, productos              potencialidades. (Memoria  de  investigación).  Recuperada  de  ibdigital.uib.es/greenstone/collect/.../Arrom_Munar_Joana_Maria.pdf    

Bango, I. (1990). ​El monasterio medieval. ​Edición: Anaya   

Donald Murray, G.,     ​Pascual Bennassar, A., Llabrés Mulet, J., y Llompart, G.       

(1992).  ​Conventos y monasterios de Mallorca: historia, arte y cultura.                 

Ediciones: José J. de Olañeta   

Hernández Ramírez, J. (2011). Los caminos del patrimonio. Rutas turísticas e        itinerarios culturales. ​Pasos, 9, 2, 225­236.  

                                                                   

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Anexo I  

 

 

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