Memoria y Narración
Revista de estudios
sobre el pasado
conflictivo de
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Número 1 (2018)
Número monográfico:
Estudios de memoria desde una perspectiva transnacional y transatlántica:
potenciales y desafíos de una mirada comparativa
Ed. Juan Carlos Cruz Suárez, José María Izquierdo y Claudia Jünke
Nota de los editores ……… …1 LUISA GARCÍA-MANSO:
Justicia transicional y producción cultural: una cala en la transgresión literaria
de los discursos institucionales de Argentina, Chile y España ……….. …3 SILVANA MANDOLESSI:
Anacronismos históricos, potenciales políticos: la memoria transnacional
de la desaparición en Latinoamérica ……… ..14 PATRICK ESER:
Los ‘años de plomo’ en perspectiva transnacional. ¿Idas y vueltas de conceptos
políticos-históricos, figuraciones y narrativas culturales? (España – Argentina) ……….... ..31 MANUEL SÁNCHEZ-MORENO:
Memorias y justicia a través del océano. Argentina y España frente a sus
últimas dictaduras ……….... ..52 RIKE BOLTE:
Ante la cámara lúcida de la memoria. Divisiones y uniones fotográficas entre descendientes de víctimas y victimarios de la Guerra de España —y su amplio
marco medial y transcultural ……….... ..76 PATRICIA CIFRE WIBROW:
Tradiciones críticas encontradas en torno a la literatura testimonial del Holocausto
y a la literatura del testimonio ……….. 114
Modos de representación literaria de la zona gris. Una lectura de dos novelas chilenas .... 150 PABLO SÁNCHEZ LEÓN:
“Esa tranquilidad terrible”. La identidad del perpetrador en el ‘giro’ victimario ………... 167 ULRICH WINTER:
Memoria histórica e imaginación jurídica: políticas estéticas de la memoria,
desde la justicia poética al forensic turn ………... 184
Informaciones sobre los autores ………..198
La red de investigación y aprendizaje Memoria y Narración tiene como objeto de estudio la memoria cultural de sociedades con pasado conflictivo (guerras civiles, dictaduras, terrorismo, violación de derechos humanos) en el mundo hispánico a partir de 1940.
El primer número de la revista Memoria y Narración, fundada en el marco de esta red y vinculada a ella, presenta enfoques actuales en los estudios de la memoria histórica del mundo hispanófono, haciendo hincapié particularmente en la perspectiva transnacio- nal y transatlántica y en los desafíos metodológicos y teóricos que emergen de una mirada comparativa. El número reúne diez contribuciones dedicadas a la memoria cul- tural transnacional de pasados traumáticos tal como la Guerra Civil española, las dic- taduras de Argentina y Chile o la actual ola de violencia en México, pero también — superando los límites del mundo hispánico— el Holocausto. Los autores y las autoras estudian un amplio abanico de productos y prácticas culturales —desde la literatura y el teatro pasando por el testimonio hasta el film, la fotografía y los nuevos medios— y toman en consideración nuevos planteamientos en los estudios de memoria en el ám- bito hispánico e internacional tal como el ‘giro victimario’ o el ‘giro forense’.
El número empieza con una serie de artículos que investigan desde una óptica comparativa las relaciones dinámicas de la memoria histórica entre diferentes países hispánicos a ambos lados del atlántico. Enfocándose en el tema de la justicia transicio- nal y basándose en un corpus de obras narrativas, teatrales y fílmicas de Argentina, Chile y España, LUISA GARCÍA-MANSO (Universidad Utrecht) muestra como los arte- factos denuncian los huecos dejados por la norma estatal y transgreden los discursos institucionales sobre memoria y justicia. SILVANA MANDOLESSI (Universidad Católica de Leuven) examina el concepto de ‘memoria transnacional’ y explora su pertinencia para el análisis del fenómeno de la desaparición en Argentina, México y España, dis- cutiendo asimismo la legitimidad de la apropiación de la figura del desaparecido en otros contextos diferentes del original. Desde una perspectiva transnacional y compa- rativa PATRICK ESER (Universidad de Kassel) explora la violencia de los llamados ‘años de plomo’ en España y en Argentina, analizando una serie de relatos periodísticos, cinematográficos y literarios para evaluar los diferentes modos de representar el pasado violento. MANUEL SÁNCHEZ-MORENO propone una revisión de las relaciones entre Argentina y España durante las Juntas Militares y el Franquismo, así como sus procesos de justicia transicional, señalando los procesos socioeconómicos que han unificado unos marcos de pensamiento y cultura común en torno a la memoria histórica. Inves- tigando los contextos argentino y español RIKE BOLTE (Universidad del Norte, Ba- rranquilla) dedica su estudio a la fotografía y a los nuevos medios para indagar en las posibilidades que tienen estas formas de expresión a la hora de participar de una narra- tive que busque hacer visibles ciertos aspectos inéditos de la memoria histórica entre España y Argentina.
Abriendo la perspectiva hacia la memoria del Holocausto, PatriciaCIFRE WIBROW
(Universidad de Salamanca) conecta el ámbito hispanoamericano con la memoria de la Shoah en Europa, analizado tres testimonios controvertidos que provocaron un escán- dalo: los de Rigoberta Menchú, Enric Marco y Binjamin Wilkomirski. Muestra que las
dimensiones transculturales. ELIDE PITTARELLO (Universidad Ca’ Foscari, Venecia) analiza la novela El desierto de Carlos Franz, un texto que tematiza la dictadura chilena y la transición. Señala que Franz, mediante el recurso al modelo de la tragedia griega, representa el trauma chileno como una cuestión universal con un enfoque transnacio- nal y cosmopolita. HANS LAUGE HANSEN (Universidad de Aarhus) compara El desierto con otra novela chilena, La vida doble de Arturo Fontaine. Analiza los dos textos narra- tivos en el marco de un ‘giro victimario’ dentro de los estudios de memoria y muestra como las dos novelas aplican la perspectiva del victimario —pero de forma muy dis- tinta.
Las reflexiones acerca del ‘giro victimario’ nos llevan a la última sección del nú- mero y al artículo de PABLO SÁNCHEZ LEÓN (Universidade Nova de Lisboa) quien plantea que la tarea de conocer acerca la identidad del perpetrador perfila un terreno para el intercambio entre la reflexión y la imaginación: el esbozo interdisciplinar de una antropología del verdugo. Tomando como ejemplo Las benévolas de Jonathan Littell, muestra cómo la literatura de ficción ofrece un marco para reflexionar acerca de las motivaciones de los perpetradores a partir de su actitud ante el testimonio. Finalmente, ULRICH WINTER (Universidad de Marburg) indaga en las políticas estéticas de la me- moria, más precisamente en el interdiscurso de la Historia, del Derecho y de la Cultura.
Analiza hasta qué punto la judicialización de la política corresponde a una judicializa- ción del discurso estético o cultural —un proceso que forma parte del llamado ‘giro forense’ en los estudios de memoria.
Juan Carlos Cruz Suárez (Universidad de Estocolmo) José María Izquierdo (Universidad de Oslo) Claudia Jünke (Universidad de Innsbruck)
Luisa García-Manso Universidad de Utrecht
Resumen:
El término ‘justicia transicional’ fue adoptado en los años 90 en las Ciencias Sociales y Jurídicas para hacer referencia al conjunto de medidas emprendidas en distintos países para lidiar con legados estatales de violaciones de los derechos humanos: juicios penales, comisiones de ver- dad, medidas de reparación de las víctimas, políticas de memoria y diferentes formas de re- forma institucional, entre otros (Greiff 18). Dichas medidas, que beben de una tradición jurí- dica internacional, se están efectuando de manera diferente en los diversos países implicados en la confrontación con el pasado. En este ensayo tomo como ejemplo una selección de pro- ducciones culturales argentinas, chilenas y españolas de diverso tipo —narrativa, teatro y cine documental— en las que se problematizan los vacíos dejados por las reformas políticas y lega- les y por la perpetuación —especialmente en los casos español y chileno— de leyes de amnistía que dilatan la impunidad de los responsables de crímenes de lesa humanidad, reconocidos por la ONU como delitos imprescriptibles. Las producciones seleccionadas para el análisis tienen como denominador común su habilidad para denunciar los huecos dejados por la norma a través de recursos formales y expresivos con los que se transgreden los discursos instituciona- les —e institucionalizados— sobre memoria y justicia en los tres países.
Palabras clave: memoria, derechos humanos, narrativa, teatro, cine documental
Abstract:
The term ‘transitional justice’ is first used in the 90s in the field of Social and Legal Sciences.
It “refers to the set of measures implemented in various countries to deal with the legacies of massive human rights abuses”, such as “criminal prosecutions, truth-telling, reparations, and different forms of institutional reform” (Greiff 18). In the diverse countries dealing with the past, these measures, which stem from an international legal tradition, are put into practice differently. In this essay, I examine how a selection of Argentinean, Chilean and Spanish cultural productions question the gaps in the political and legal reforms. Especially in the Spanish and the Chilean cases they criticise the perpetuation of amnesty laws that grant impunity to the people responsible for crimes against humanity. From the UN perspective, those crimes are not subject to statutory limitations. The chosen cultural productions belong to different genres: narrative, theatre and documentary film. They have in common the ability to denounce the legal vacuum through formal and expressive resources that transgress the institutional —and institutionalised— discourses on memory and justice of the three countries.
Keywords: memory, human rights, narrative, theatre, documentary film
El término ‘justicia transicional’ fue adoptado en los años 90 en las Ciencias Sociales y Jurídicas para hacer referencia al conjunto de medidas políticas y legales que se em- prenden en un país para lidiar con legados estatales de violaciones de los derechos humanos. Entre sus finalidades se hallan el reconocimiento de las víctimas, la promo- ción de la paz y la reconciliación y la consolidación democrática (International Center for Transitional Justice 1). Las medidas que habitualmente se reconocen dentro del ámbito de la justicia transicional comprenden juicios penales, comisiones de verdad, programas de reparación de las víctimas, diferentes formas de reforma institucional y políticas de memoria. No obstante, según qué autor o autora se consulte, puede haber ciertas divergencias, por ejemplo, a la hora de nombrar las políticas de memoria como parte integrante de la justicia transicional.1 El International Center for Transitional Jus- tice señala, en todo caso, que la justicia transicional no se trata de una lista cerrada de medidas, pues cada país va incorporando nuevas fórmulas en su tratamiento político y legal de los crímenes (1).
Un aspecto clave que ha de ser considerado en relación con la justicia transicional es que no solo comprende las eventuales medidas tomadas durante los procesos de transición política hacia la democracia, sino también las medidas implementadas déca- das después de la comisión de los crímenes, tras la consolidación democrática. De he- cho, algunos investigadores, como Elster, afirman que la justicia transicional tiene lugar después de los períodos de transición política hacia la democracia y no durante los mis- mos.2 Durante las transiciones, los partidarios de la democracia han de lidiar con las autoridades del régimen dictatorial previo, que siguen contando con gran poder. La toma de medidas puede poner en peligro la emergente democracia, por lo que en mu- chos países, sobre todo en aquellos que responden a un tipo de transición ‘pactada’, se suelen promulgar leyes de amnistía que bloquean toda tentativa de perseguir penal- mente los crímenes. Es el caso de los tres países en torno a los que voy a tratar en este artículo. Tanto España, como Argentina y Chile, cuentan en la actualidad o contaron en su momento con leyes que han impedido la investigación de los crímenes contra la humanidad cometidos en las pasadas dictaduras.
Por otra parte, la justicia transicional no puede entenderse sin tener en cuenta la experiencia histórica y transnacional de distintas formas y modelos de justicia postcon- flicto. Se trata de un campo de estudio eminentemente práctico, que se ha conformado a partir de experiencias históricas como las de los tribunales de Núremberg y Tokio después de la II Guerra Mundial, las transiciones hacia la democracia en el Sur y el Este de Europa y en Latinoamérica —estas últimas adscritas a lo que Huntington denominó la ‘tercera ola’ de democratización—, los tribunales para la antigua Yugoslavia o Ruanda y la Comisión de Verdad y Reconciliación de Sudáfrica (Buckley-Zistel et al.
1). No es infrecuente, en consecuencia, encontrar titulares de prensa en los que se hace referencia a los asesores y actores internacionales que participan en negociaciones
1 En los últimos años se observa una tendencia a incluirlas. No se puede negar el valor pedagógico de estas políticas y su papel a la hora de mediar frente a la sociedad y prepararla para comprender y aceptar otro tipo de medidas, desde las compensatorias hasta las penales. El hecho de que muchos estudios no las mencionen se debe, probablemente, a las tradiciones disciplinares que se han ocupado de abordarlas. Así lo entiende, por ejemplo, Barahona de Brito (359–60).
2 “Transitional justice is made up of the processes of trials, purges, and reparations that take place after the transition from one political regime to another” (Elster 1, el énfasis es mío).
como las de la firma de la paz de Colombia (Lafuente). Los procesos de justicia tran- sicional beben de experiencias transnacionales y del derecho comparativo e internacio- nal. Todo esto hace inevitable la presencia de un enfoque transnacional en lo que se refiere a su estudio. Los manuales y estudios aparecen a menudo estructurados en forma de compendios y recuentos de las medidas tomadas en diversos países (Kritz;
Greiff, Handbook), en ocasiones adoptando una perspectiva comparativa (Nino; Roni- ger y Sznajder; Barahona de Brito, González Enríquez y Aguilar), en la que se suelen apoyar los argumentos que apuntan hacia la idoneidad de desarrollar unas u otras me- didas en países en los que los procesos están aún abiertos.
En un artículo de 2010, Barahona de Brito llamaba la atención sobre las relaciones entre los estudios sobre justicia transicional y los Estudios de la Memoria y señalaba que, a pesar de la confluencia de intereses de ambas áreas, apenas existen trabajos que las conectaran (Barahona de Brito 359). En los dos ámbitos el foco de atención recae en la forma en la que la sociedad se enfrenta a un pasado conflictivo, sin embargo, apenas hay estudios que integren ambas perspectivas, procedentes, la primera de ellas, de las ciencias políticas y el derecho, y la segunda, de la sociología, los estudios cultu- rales y la psicología (359). Menos convergencias aún se han producido entre la justicia transicional y los estudios culturales. Se han realizado, eso sí, trabajos dedicados a in- dagar en las intersecciones entre las políticas de memoria y determinadas obras que abordan o conmemoran acontecimientos del pasado (Wilde; Natzmer; Resina y Win- ter; Winter; Werth), o los análisis de ciertas representaciones culturales y su papel en la defensa de los derechos humanos (Becker, Hernández y Werth; Luckhurst y Morin).
Pero, por lo general, no existen estudios que tengan en cuenta la incidencia de otras medidas de justicia transicional en el ámbito cultural y viceversa. A mi manera de ver, un análisis transnacional de las producciones culturales en su relación con los procesos de justicia transicional puede arrojar luz sobre cómo las sociedades lidian con legados de crímenes contra la Humanidad y con las tensiones que se producen en la vida de- mocrática ante la coexistencia de víctimas y victimarios, el papel jugado por la sociedad bajo la dictadura y la influencia, en definitiva, que el tratamiento legal y jurídico de los crímenes tiene sobre las sociedades actuales.
Como señalaba más arriba, la justicia transicional es un ámbito propicio para la transferencia de saberes y para compartir experiencias a nivel global. De hecho, los países latinoamericanos que en la actualidad se enfrentan a un legado de violaciones de los derechos humanos se apoyan en la experiencia tanto de los países vecinos, como de países al otro lado del océano. Tal y como señala Capdepón, “the public forms of dealing with a historical legacy of extreme violence and crimes have moved progres- sively into a global context and have created new forms of transatlantic entanglements, influences and alliances” (Capdepón citada en Assmann 555). Esta posibilidad de tras- ladar y compartir experiencias halla un desarrollo excepcional en el ámbito cultural y artístico. A través de paralelismos históricos y culturales, la literatura, el cine, el teatro y el arte, en general, dejan entrever el carácter supranacional de las experiencias de lucha por la justicia transicional. Pero, ¿qué papel desempeñan las producciones cultu- rales en los procesos de justicia transicional? ¿Qué tipos de relaciones, convergencias y divergencias se establecen entre dichas producciones y medidas? Parto de la hipótesis de que la implementación o elusión de medidas de justicia transicional se manifiesta sintomáticamente en las producciones culturales a través de relatos, imágenes y repre-
sentaciones que reflexionan sobre las violaciones de los derechos humanos y la polari- zación social entre víctimas y victimarios y entre los antiguos colaboradores de las fuerzas represivas y los miembros de la oposición política. Así pues, es posible estudiar las producciones culturales como un reflejo de las demandas sociales y políticas a favor de la justicia transicional. Pero las producciones culturales también pueden ayudar a visibilizar y divulgar los motivos por los que es importante implementar ciertas medi- das legales y políticas (Greiff, “Invisible” 17). Por ello, los productos culturales también han sido utilizados como una herramienta de la justicia transicional, dada su capacidad para conmover al público y para modificar ideas preconcebidas y expectativas.3
Sin embargo, la influencia entre cultura y justicia transicional no es unidireccional, puesto que las producciones culturales también pueden interpelar a los agentes políti- cos y a la sociedad a realizar cambios, habiéndose dado ya casos en los que los testi- monios vertidos en un texto literario, teatral o audiovisual han sido utilizados en juicios penales como prueba.4 Por otra parte, incluso en aquellos países en los que se han tomado diversas medidas de justicia transicional, las producciones culturales pueden convertirse en una vía de reflexión que permita ir más allá de los discursos institucio- nalizados y señalen sus limitaciones, como ocurre en las obras que voy a tratar a con- tinuación. Para el análisis voy a referirme brevemente a tres obras de diversos géneros y países en los que se transgreden esos lenguajes institucionalizados: un documental chileno que puede describirse como experimento sociológico sobre la transmisión y recepción del pasado y la memoria —El astuto mono Pinochet contra la Moneda de los cerdos (2004), de Bettina Perut e Iván Osnovikoff—, un monólogo teatral grotesquizante de una autora española —“Un hueso de pollo” (2009), de Laila Ripoll—, y un diario au- toficcional de una autora argentina —Diario de una princesa montonera (2012), de Mariana Eva Perez—. A pesar de las diferencias enunciativas y discursivas de las tres obras, todas ellas coinciden en problematizar los vacíos dejados por la norma y por la perpe- tuación —especialmente en los casos español y chileno— de leyes de amnistía que dilatan la impunidad de los responsables de crímenes de lesa humanidad, reconocidos por la ONU como delitos imprescriptibles.
Una cala en la transgresión cultural de los discursos institucionalizados en torno a procesos abiertos de justicia transicional
Comienzo, siguiendo un orden cronológico, por El astuto mono Pinochet contra la Moneda de los cerdos (2004), de Bettina Perut e Iván Osnovikoff, un documental chileno en el que se plantea el tema de la visión del pasado transmitida a las generaciones que nacie- ron después del golpe de Estado de Pinochet y que vivieron la dictadura como niños o que incluso nacieron ya en la democracia. El documental se propone así realizar un experimento social sirviéndose de los recursos de la ficción y la performance, con el fin de revelar qué imágenes del gobierno de Allende, del golpe de Estado y de la dicta-
3 Un ejemplo se halla en la Antígona de José Watanabe llevada a escena por el Grupo Cultural Yuyachkani en Perú. Una de las finalidades del drama era animar a potenciales testigos a acudir a declarar a la Comisión de la Verdad y Reconciliación (Taylor; A’Ness; Lambright; Alonso; Robles-Moreno).
4 Así ocurre, por ejemplo, con el documental M (2007), del director argentino José Prividera, el cual fue presentado como prueba en las causas sobre el secuestro de su madre (Ciancio 508).
dura de Pinochet prevalecen a la altura de 2004 en la conciencia de las jóvenes genera- ciones. Para ello utilizan una fórmula original y transgresora de los habituales medios del género, ya que en lugar de preguntarles qué saben de ese pasado y realizar un do- cumental de investigación, lo que les piden es que preparen una representación grupal o juego —a través de improvisaciones— al respecto. Como señala Ros, de esta manera lograron que estos expresaran las contradicciones, simplificaciones y distorsiones que rodean la memoria del conflicto (137). Así pues, en la película se documentan las fic- ciones creadas por grupos escolares y universitarios pertenecientes a distintos estratos sociales.5 La fecha de realización del documental es significativa, puesto que el inicio del proyecto, en 2003, coincidió con la conmemoración del trigésimo aniversario del golpe de Estado.
Se trata de un documental poco convencional, en el que las secuencias se fragmen- tan y yuxtaponen para evocar una gran diversidad de voces y puntos de vista sobre los hechos históricos. Participan un total de diez grupos con sus improvisaciones y esce- nificaciones, sobre los que los directores superponen música y sonidos como, por ejemplo, canciones que marcaron la época, ruido de bombas o las ya conocidas comu- nicaciones radiofónicas6 entre los golpistas que se conservan del 11 de septiembre de 1973. Al comienzo, en una secuencia en la que un grupo de niños busca un título para el documental, escuchamos cómo una niña se queja a un compañero y le dice: “ah, sólo porque tú eres de Pinochet…”. De manera inocente, los niños revelan un posi- cionamiento que por su corta edad no puede ser propio sino heredado, aprendido. En un tono lúdico que a veces se vuelve incómodo, cuando los participantes comienzan a enfrentar sus ideas reales sobre los hechos, vemos desencadenarse escenas que van desde la grabación de un cortometraje de factura melodramática hasta las discusiones en torno a las diferencias económicas y de oportunidades de dos compañeros de dis- tinta clase social.
El documental de Perut y Osnovikoff se aleja, por lo tanto, de los planteamientos habituales, más o menos institucionalizados, de la memoria, y evita también la pers- pectiva testimonial que en otro tipo de trabajos otorgan las víctimas, victimarios y tes- tigos de los hechos. Con una mirada irreverente, que se destaca ya en el título del do- cumental,7 los creadores buscan provocar una reacción en el público a través de la contemplación de los juegos aparentemente inocentes de los niños y jóvenes, que aca- ban desembocando casi en todos los casos en violencia e incluso en discusiones que se salen del ámbito de la ficción. En las distintas interpretaciones generadas por los estudiantes sobre la jornada del golpe de Estado se nos muestran hasta tres tipos de muertes diferentes del presidente Allende: en forma de suicidio; como parte de las bajas ocasionadas por el bombardeo de la Moneda; y en manos del propio Pinochet y
5 Los centros implicados fueron: la Escuela de Cine UNIACC, el Colegio La Maison de l’Enfant, el Liceo Héroes de la Concepción, el Colegio El Encuentro, la Escuela de Derecho de la Universidad Alberto Hurtado, el Instituto Nacional General José Miguel Carrera, el Liceo Pablo de Rokha, el Colegio Sagrados Corazones de Providencia y la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. A pesar de que trataron de incluir centros de tradición pinochetista, su proyecto no fue bienvenido allí.
6 La comunicación radiofónica que mantuvieron los jefes de las Fuerzas Armadas durante el 11 de septiembre de 1973 fueron grabadas por un radioaficionado y mantenidas ocultas hasta su publicación en CD junto con el libro y la investigación de Patricia Verdugo, Interferencia secreta (1998) (Pagni 17).
7 El título del documental fue diseñado por uno de los grupos escolares participantes de menor edad, durante una tormenta de ideas que se muestra en al comienzo de la película.
sus secuaces, en una terrible secuencia en la que unos niños simulan torturas con des- cargas eléctricas.
En esas secuencias predomina la improvisación y espontaneidad de los niños, pero también se incluyen escenificaciones de carácter más profesional y que parten de un guion previo, como el cortometraje Llora pero no olvides, realizado por el alumnado de la Escuela de Cine, cuya grabación y ensayos se muestran parcialmente en un ejercicio metaficcional.8 En el corto vemos cómo se filman una serie de escenas que componen la historia de una familia chilena, en la que el padre es un militar que participa en la detención, tortura y desaparición de su propio hijo, ante la ignorancia de la madre, quien es incapaz de distinguir que la mancha de sangre del uniforme de su marido no es, como este explica, de su nariz, sino de otra persona. En la escena final vemos a la madre guardando fotos de su hijo en una bolsa negra que luego entierra en el jardín, dando a entender que son los únicos restos que puede honrar de su hijo desaparecido.
Recursos metaficcionales hallamos también en las secuencias de los estudiantes de la Escuela de Derecho de la Universidad jesuita Alberto Hurtado, cuya propuesta con- siste en representar opiniones diversas a través de un debate en torno a la cuestión
“¿Fue legítima la intervención militar de 1973?” Algunos oradores esgrimen argumen- tos a favor, como, por ejemplo, que el golpe de Estado fue necesario para mejorar las condiciones de vida del pueblo o para evitar una guerra civil, ante lo que surge la pre- gunta de si el derramamiento de sangre fue preciso. En una de las secuencias, las fór- mulas retóricas que los estudiantes utilizan en sus intervenciones se deconstruyen me- diante rótulos que ponen en evidencia el carácter ficticio del debate y, a su vez, la base real que tienen las ideas expresadas en la sociedad chilena.
En definitiva, el documental de Perut y Osnovikoff resulta transgresor tanto en lo que respecta a la ruptura de las formas tradicionales del género documental, como en sus contenidos, que ofrecen una mirada del pasado y el presente de Chile a través de las interpretaciones más o menos libres, más o menos conscientes, de las jóvenes ge- neraciones.
Pasamos ahora a “Un hueso de pollo”, un monólogo dramático escrito por Laila Ripoll que forma parte de la creación colectiva Restos, firmada por José Ramón Fer- nández, Rodrigo García, Laila Ripoll y Emilio del Valle. Se estrenó en la Sala Triángulo de Madrid el 2 de abril de 2009, un año y cuatro meses después de la promulgación de la que en España se conoce como Ley de Memoria Histórica (Boletín Oficial del Es- tado). Esta ley dio pie desde el primer momento a controversias, y contó con la opo- sición del PP —que la creía innecesaria— y de IU —que la consideraba insuficiente, al igual que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que vio en ella una oportunidad perdida para hacer justicia con respecto al pasado—.
El monólogo de Laila Ripoll denuncia la realidad de las fosas comunes a través de un discurso mordaz, teñido de humor negro, en el que el punto de vista se sitúa del lado de los victimarios para provocar un choque en el espectador y llamar la atención sobre la necesidad de llevar a cabo las exhumaciones y dar digna sepultura a las vícti- mas. A lo largo del monólogo se hace referencia a los desaparecidos como “pollos” y se da la receta para practicar la desaparición forzada de manera que las víctimas no puedan ser identificadas en el futuro. La oradora muestra orgullo patrio al haber sido
8 Véanse los trabajos publicados por Lauge Hansen y Cruz Suárez para una profundización en la incidencia de la metaficción en las narrativas actuales sobre la memoria.
España, según indica, pionera en estas prácticas, que posteriormente fueron exportadas a otros países, construyendo lo que ella denomina la “fosa global”: “Luego ya vendrán otros que mejorarán la idea: alemanes, chilenos, argentinos, guatemaltecos, camboya- nos, serbios, ruandeses. ¿No es hermoso? Todos los continentes, todos los países uni- dos en una maravillosa y emocionante fosa global” (Ripoll 126). Unas pocas frases bastan para conectar en el imaginario del público distintos contextos en los que se han cometido crímenes contra la Humanidad.
En tono de parodia, también, se critica la impunidad de los crímenes del fran- quismo mencionando los mismos argumentos que se esgrimieron en el parlamento y en la prensa detractora para criticar la Ley de Memoria Histórica: “No pretendan saber más de lo aconsejable, no sea que les motejen de guerracivilistas, o de rencorosos, o bien les acusen de abrir heridas o de pasarse por el forro de los cojones todo lo logrado con la transición” (127). El uso del humor negro, la ironía, el tono grotesco y paródico y el lenguaje soez suponen una vía para subvertir y criticar conceptos y discursos muy presentes en los medios de comunicación, que en ocasiones también se sirven de un lenguaje soez para desprestigiar las reclamaciones legítimas de los descendientes de las víctimas. También supone una crítica feroz y amarga la propuesta de las siguientes cuatro opciones, dirigidas a contrarrestar las tentativas de los familiares de hacer justicia y honrar a las víctimas:
La familia hace preguntas, la familia es molesta y la familia, de cara a la opinión pública, puede ser una malísima publicidad. Prescindamos pues, en la medida de lo posible, de la familia del pollo. Pero como esto suele resultar muy difícil, hay que buscar soluciones para el problema. Yo les propongo cuatro opciones: A) Negar los hechos con gallardía y tes- tarudez. ¿Un pollo? ¿Qué pollo? ¿Dónde había un pollo? Yo no sé nada de un pollo. Eso es propaganda, eso es mentira. B) Echarle la culpa de todo al pollo: se suicidó, se enterró solo, era un bárbaro el pollo. C) Hacer desaparecer también a la familia del pollo. Mucho más práctico pero también más arriesgado ya que siempre se nos puede escapar alguno y ahí sí que la hemos cagado pero bien. D) Llevarnos a la familia a nuestro terreno y con- vencerla de que el pollo está en el mejor sitio en el que podía estar y de que no toquen más los cojones con el dichoso temita.9 (Ripoll 127)
Esta última cita me sirve para enlazar con la tercera obra, pues Mariana Eva Perez se refiere también irónicamente en su Diario de una princesa montonera. –110% verdad– a las desapariciones forzadas a y la defensa de los derechos humanos como el “temita”, siendo estas realidades que, como hija de desaparecidos, le afectan de primera mano.
El Diario, publicado en 2012, nace como un blog en el que la autora ficcionaliza su propia biografía sirviéndose de recursos auto- y metaficcionales y con predominio de un tono sarcástico y mordaz, con el que va deslizando críticas a los discursos institu- cionalizados de la justicia y la memoria en Argentina. De especial interés es la trans- gresión de dichos discursos a través de juegos del lenguaje —por ejemplo, la narradora se refiere a los hijos desaparecidos como hijis y a la militancia como militontismo—.
Estos recursos han sido ya analizados en estudios previos (Blejmar; Arenillas 52–53), por lo que me voy a detener en otros dos aspectos que se hallan muy presentes en el texto: el uso de la ficción como medio para señalar los límites de ciertas medidas de
9 El énfasis es mío.
justicia transicional y el enfoque trasnacional y global en lo que respecta a la defensa de los derechos humanos y la lucha por la justicia.
A lo largo del texto se van introduciendo críticas, tanto por parte de la narradora como de sus eventuales interlocutores, en torno a un tipo de medidas de justicia tran- sicional, las leyes reparatorias, “como las llama no sin violencia simbólica su órgano de ejecución” (Perez 49). En primer lugar, se alude a la Ley 25914, del año 2004. La na- rradora explica que “no es una ley para todos los hijis”, es decir, que no todos los hijos de desaparecidos están incluidos. En consecuencia, el Diario registra cómo los impli- cados comienzan a organizarse y reunirse ante la convicción de que “si es una ley de hijis tenemos que entrar todos” (30). Más adelante, la narradora explica que en esas reuniones analizan las leyes y leen “la poca literatura académica” (48) que encuentran al respecto, pero el problema para ella reside en el propio lenguaje, en las deficiencias que presentan las leyes a la hora de nombrar y de amparar a las personas, y cómo estas permean en otros discursos, hasta el punto de que los propios boletines de las asocia- ciones pueden convertirse en “caballitos de troya de la prosa institucional” (64). Así pues, en la entrada del Diario en la que la narradora se refiere al fallecimiento de Néstor Kirchner, revela los sentimientos encontrados que le sugiere el recuerdo de su go- bierno, y alude, entre otras medidas y gestos simbólicos, nuevamente a estas insufi- cientes leyes reparatorias, señalando que fueron “redactadas con el culo y nunca revi- sadas” (165).
Las críticas duras contra el anquilosamiento del lenguaje institucional y los límites de las medidas de justicia transicional adoptadas hasta el momento contrastan con el lenguaje utilizado para referirse a su trabajo en redes internacionales de solidaridad entre familiares de desaparecidos y a las experiencias de lucha contra la impunidad en otros países. Así pues, cuando viaja a Argelia en el marco de una red mundial de soli- daridad, se identifica con las experiencias de otras mujeres y destaca el carácter global de sus padecimientos y su lucha: “La latitud es un azar, la lengua es un azar, la historia es la misma” (120). Se trata de fragmentos en los que el tono paródico cede paso a un discurso más íntimo, con el que se refiere a experiencias de lucha de otros países que reconoce como propias. Ahí es donde el carácter transnacional de los esfuerzos por reclamar la implementación de medidas de justicia transicional se pone en evidencia:
Reté a una madre viejita. Después del enésimo relato idéntico, la patota que no se identi- fica, el auto sin chapa, el hijo que no aparece más, el maltrato en la comisaría, las amenazas en el tribunal, lo de siempre, no pude más y le dije que si todos nos ponemos a contar estas historias y a llorar, no aprovechamos esta ocasión para pensar juntos nuevas estra- tegias de lucha. Es cierto, pero no es toda la verdad: soy yo que no tolero otro testimonio más. (Perez 115–116)
Otro ejemplo del carácter transnacional de las experiencias de lucha por la justicia tran- sicional lo encontramos en el siguiente fragmento en el que se hace referencia a cómo las víctimas del franquismo comienzan a movilizarse imitando a las Madres de Plaza de Mayo: “Leo que después de la suspensión del juez Garzón, los familiares de las víctimas del franquismo comenzarán a manifestarse semanalmente emulando a —y no puedo seguir leyendo porque toda la congoja acumulada se me sube a la cabeza y tengo que sacarme los anteojos para taparme la cara y llorar a gritos […]” (87).
La misma emoción despiertan en ella las canciones que conectan experiencias si- milares a ambos lados del Atlántico:
Lloré con León Gieco, en esa época todavía podía llorar con eso de ‘la memoria pincha hasta sangrar’ o whatever. Lloré más cuando Serrat cantó: para la libertad/sangro, lucho y pervivo, y de eso no me avergüenzo porque Serrat le gustaba a Jose, es algo entre él y yo, y además es de Miguel Hernández, palabras mayores en todo lo que es autoflagela- miento hijístico. (177)
Hasta aquí llega mi rápido repaso de la transgresión de los discursos institucionales en las tres obras seleccionadas. Como he ido aduciendo, en la mente de las creadoras las conexiones entre las experiencias de dictadura de los distintos países y la lucha por la justicia se halla muy presente. Pero también se producen paralelismos entre las obras en el nivel estético. Es el caso, por ejemplo, de la proliferación de ciertos recursos que le dan una vuelta de tuerca a las formas tradicionales de representación, como la auto- ficción, la metaficción y la docuficción, que se han extendido en estos y otros países hispánicos a la hora de narrar las experiencias dictatoriales, muy especialmente en las creaciones de las generaciones de hijos y nietos, en las que el trabajo de memoria suele producirse a través de una mediación del recuerdo o de reconstrucciones fragmenta- rias. También se percibe esto en la utilización de lenguajes transgresores y de la estética del grotesco para aludir a lo que no es inefable, pero precisa de lenguajes ajenos a esos discursos ya institucionalizados y aceptados, para ser contado. De esta manera, las pro- ducciones culturales que responden a las demandas de justicia transicional, abarcan realidades que van más allá de lo local y que crean vasos comunicantes entre las formas de expresión y los contenidos plasmados por creadores y creadoras situados a ambos lados del Atlántico.
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Silvana Mandolessi Universidad Católica de Lovaina
Resumen:
Este artículo examina el concepto de ‘memoria transnacional’ y su relevancia para el estudio de la memoria colectiva en el ámbito hispánico. Primero, exploro los términos teóricos usados para referir a una dimensión transnacional de la memoria, tales como ‘travelling’, ‘multidirec- tional’, ‘cosmopolitan’ o ‘globital’ memory. Segundo, distingo entre diferentes modos de con- cebir lo transnacional: como ‘condición histórica’ o ‘perspectiva hermenéutica’, ‘circulación’ o
‘negociación’. Por último, luego de evaluar su pertinencia para el análisis del fenómeno de la desaparición en el ámbito hispánico, discuto el carácter legítimo de la apropiación de la figura del desaparecido en otros contextos diferentes del original.
Palabras clave: memoria transnacional, memoria colectiva, desaparecido, Argentina, México, España
Abstract:
This article examines the concept of ‘transnational memory’ and its relevance for the study of collective memory in the Hispanic world. First, I explore the terms used to refer to a transna- tional dimension of memory, such as ‘travelling’, ‘multidirectional’, ‘cosmopolitan’ or ‘globital’.
Second, I distinguish between different ways of conceiving of the transnational, as a ‘historical condition’ or ‘hermeneutic perspective’, as related to an imaginary of ‘circulation’ or ‘negotia- tion’. Finally, after assessing its relevance for the analysis of the phenomenon of disappearance in the Hispanic world, I discuss the legitimacy of the appropriation of the figure of the ‘disap- peared’ in contexts that differ from the original one.
Keywords: transnational memory, collective memory, disappeared, Argentine, Mexico, Spain
En los últimos años, la memoria ha experimentado un ‘giro transnacional’. Esto es obvio no solo en el extendido uso del término ‘transnacional’, sino también en la pre- sencia de términos relacionados que exploran los modos en que la memoria circula entre y más allá de los bordes del estado-nación. Esta característica ha sido concebida como ‘multidirectional’ (Michael Rothberg), ‘global’ (Assmann y Conrad), ‘cosmopo- litan’ (Levy y Sznaider), ‘travelling’ (Astrid Erll) o ‘globital’ (Anna Reading), por nom- brar solo los más representativos. La proliferación de conceptos señala algo bastante obvio: más allá de una conceptualización amplia en la que estos términos coinciden, hay muchas maneras en que la transnacionalización de la memoria puede ser entendida.
1 Este proyecto ha recibido financiación del European Research Council, en el Programa Marco de Investigación e Innovación de la Unión Europea Horizonte 2020 (“Digital Memories” Grant Agree- ment N° 677955).
En otras palabras, ‘transnacional’ denomina diversos enfoques, además de intersectarse con otras discusiones recientes tales como los debates en torno al impacto de los me- dios digitales sobre la memoria. En consecuencia, la memoria transnacional —definida como una entidad— o la transnacionalización de la memoria —definida como un pro- ceso, un estado de la cuestión o incluso una suerte de corrección a la estrechez teórica del foco en lo nacional— plantea preguntas no solo sobre conceptos, sino también, y para mí de crítica importancia, preguntas metodológicas, acerca de cómo transformar la categoría en una herramienta metodológica útil.
En lo que sigue quisiera discutir en primer lugar los problemas involucrados en la dimensión transnacional de la memoria, y en un segundo momento, esbozar su perti- nencia para el ámbito específico del mundo hispano.
Memoria transnacional:
‘condición histórica’ y ‘perspectiva hermenéutica’
En un sentido amplio y no restringido a la memoria, ‘transnacional’ se refiere a una condición histórica: la globalización. El escenario es bien conocido: desde los años 90 vivimos en una era de aceleración de la globalización (Appadurai) descripta por Ver- tovec como “the world spanning intensification of interconnectedness” (Vertovec 54).
Esta interconexión es alimentada por la movilidad de sujetos, pero sobre todo por la revolución digital característica de nuestra sociedad post-industrial (Ezra y Rowden 1).
Así, la globalización actúa como el entorno, el marco en que la transnacionalidad se desarrolla, aunque esto no implica que la definición y el alcance de lo que entendemos por globalización sea un asunto consensuado.
En los últimos veinte años la teoría de la globalización ha tendido a desarrollarse en ‘olas’. Característico de la década del 90 fue un discurso ‘hiperglobalista’ en el que la globalización aparecía como un fenómeno homogéneo o relativamente unitario a través del cual las diferencias locales eran erosionadas a favor de procesos culturales, sociales y económicos de alcance global. Más recientemente, la teoría de la globaliza- ción ha evitado esta visión totalizadora, concibiéndola de una manera mucho más ma- tizada y plural. La globalización no es un proceso único ni necesariamente homogenei- zador ni homogéneo; no se desarrolla sin negociaciones ni resistencias, es multidimen- sional y multidireccional. También es, hasta cierto punto, impredecible, lo que contra- rresta el determinismo que, sea desde una visión celebratoria o una apocalíptica, veía a la globalización como un fenómeno incontestable en su desarrollo. David Inglis ad- vierte contra el discurso hiperglobalista que se manifiesta en frases generalizadoras del tipo “vivimos en un mundo global”, o en “la era de la globalización”. De acuerdo a Inglis, cuando los estudios de memoria giraron su atención hacia lo transnacional, en muchos casos adoptaron acríticamente esas afirmaciones. Reproducir ese discurso lleva a descripciones superficiales y simplificadoras. Inglis señala:
When such glib phrases are used, they can encourage equally superficial understandings of contemporary culture’s memory-making capacities, where we all supposedly live in an
‘era of forgetting’ (Elshtain 2008) or conversely in an ‘epoch of remembering’ (Olick
2003). Such broad claims do not help us to understand more precisely the specific mech- anisms involved in the relationships between trans-national phenomena and memory phe- nomena. (Inglis 144)
Ese discurso hiperglobalista también supone que la globalización es un fenómeno to- talmente nuevo, sin precedentes. Esto también afecta a la manera en que concebimos lo transnacional, y particularmente en el caso de la memoria. Radicalizar las diferencias entre una era anterior —dominada por la nación— y la actual —transnacional— su- giere que antes no existían, o al menos que no eran tan importantes, los procesos, instituciones y estructuras que trascendían los límites de la nación. Dirigir la atención hacia esas fuerzas en lugar de concentrarse en los procesos de memoria que suceden en el marco de la nación nos lleva a un segundo modo de concebir la memoria trans- nacional.
Además de referir a un periodo o a una condición histórica, ‘transnacional’ indica una perspectiva hermenéutica, esto es, la pérdida de supremacía del estado-nación como el foco de análisis. Seigel lo resume en los siguientes términos:
Perhaps the core of transnational history is the challenge it poses to the hermeneutic preeminence of nations. Without losing sight of the “potent forces” nations have become, it understands them as ‘fragile, constructed, imagined’. Transnational history treats the nation as one among a range of social phenomena to be studied, rather than the frame of the study itself. (Seigel 63)
Esto es central para los estudios de memoria ya que, como es bien conocido, el área ha estado prioritariamente abocada al análisis de cómo funciona la memoria dentro del marco de la nación. Desde Sobre la memoria colectiva, de Halbwachs, a Cultural Memory, de Jan Ass- mann, pasando por Les Lieux de Mémoire de Pierre Nora, la memoria ha sido concebida como una propiedad del estado-nación, jugando un rol central en la creación y la pervi- vencia de una ‘comunidad imaginada’ (Anderson). En “Travelling Memory” (2011) Astrid Erll ve el foco privilegiado en la nación no solo como “somewhat ideologically suspect”
sino también “epistemologically flawed” (8). “Ideologically suspect” porque se vincula a una noción de cultura reificada, que se equivoca al ver que las culturas no son mónadas sino redes. Y “epistemologically flawed” porque hay demasiados fenómenos que quedan fuera del campo de visión en la combinación de comunidad territorial, étnica y nacional que se promovió como el marco principal de la memoria cultural (Erll 8). En el análisis de Erll, la memoria aparece como un fenómeno intrínsecamente transcultural, que no sería por lo tanto un rasgo exclusivo de la globalización. La movilidad que James Clifford subrayó en la cultura, al afirmar que “cultures do not hold still for their portraits”, es igualmente válido para la memoria: “The same is true for memory: Memories do not hold still — on the contrary, they seem to be constituted first of all through movement” (11).
Esta movilidad constitutiva de la memoria que se construye en base a la circulación trans- cultural de objetos, prácticas, estructuras y relatos, habría sido soslayada desde el inicio de los ‘memory studies’, en particular, por uno de sus padres fundadores, Maurice Halbwachs.
El concepto de memoria colectiva que propone Halbwachs, al enfatizar el carácter auto- centrado de los grupos sociales, oblitera la dimensión transcultural que él mismo reconoce en cambio cuando analiza el nivel individual de la memoria. Este énfasis en la similitud y la homogeneidad es consolidado más tarde por el trabajo de Pierre Nora, que se sostiene sobre un isomorfismo entre territorio, formación social y memoria. En el extremo opuesto
a esta manera de concebir la memoria ligada a una cultura de bordes delimitados y precisos
—‘clear-cut territories’— Erll sitúa a otro de los padres fundadores, a Aby Warburg, recu- perándolo para marcar precisamente que existe otra genealogía posible, una fundación al- ternativa del campo. Fue Warburg quien, en trabajos como la exhibición Mnemonsyne-Atlas o en la reconstrucción sobre la supervivencia de la antigüedad clásica en el arte europeo, eligió poner en primer plano la migración de símbolos a través del espacio y el tiempo, una migración afín, sino idéntica, a la incesante errancia de las prácticas, contenidos y formas que constituye la memoria transnacional. Un enfoque transnacional vendría entonces a corregir esa perspectiva reductiva que habría dominado al campo de estudios de memoria, investigando la transmisión, circulación, mediación y recepción de la memoria entre y más allá de los límites de la nación. Se trataría entonces de recuperar una perspectiva herme- néutica soslayada que siempre ha estado, sin embargo, presente, y que la globalización no haría sino acentuar y poner radicalmente de manifiesto.
Dicho esto, el rango de fenómenos que implica este enfoque es múltiple. ¿A qué nos referimos concretamente cuando hablamos de ‘memoria transnacional’? ¿En qué fenómenos mnemónicos nos focalizamos al abordar la memoria ‘transnacionalmente’?
Dos formas de concebir la memoria transnacional:
‘circulación’ y ‘negociación’
Desde mi punto de vista, hay dos formas principales de concebir la dimensión trans- nacional de la memoria. En la primera, el concepto clave es circulación. En un mundo globalizado, las memorias circulan, se mueven, viajan, entre y más allá de los bordes del estado-nación. Circulación implica que las memorias se forman a través de présta- mos y alianzas, a través de transferencias dinámicas, que los caminos que siguen no son rectos. Tienen una ‘vida social’ (Rigney), se mueven a través del espacio y a través del tiempo. En esa movilidad se transforman para adaptarse a nuevos contextos y para apoyar diferentes reclamos políticos. La idea de movilidad socava el supuesto vínculo indisoluble entre memoria e identidad cultural y en un sentido amplio, el de ‘propie- dad’.
Esta idea de circulación es central en muchos conceptos, tales como el de ‘travel- ling memory’ acuñado por Erll. Erll propone investigar los ‘viajes’ de la memoria en lugar de los ‘sitios’. La memoria puede ser estudiada a través de la reconstrucción de sus rutas: los caminos que ciertas historias, rituales e imágenes han seguido, y no tanto haciendo eco de lo que los grupos sociales definen como sus raíces: los supuestos orí- genes incontaminados de la memoria cultural (11). Un enfoque afín, aunque centrado en la dimensión temporal, es el propuesto por Ann Rigney en su estudio sobre la “so- cial (after)-life” de los textos literarios en la memoria cultural. Rigney indaga cómo los textos perviven en el tiempo adquiriendo nuevos sentidos según son recuperados en contextos distantes de su origen. A la manera de la ‘supervivencia’ de los objetos cul- turales estudiada por Warburg, los textos transgreden barreras temporales y espaciales para inscribirse como restos, huellas o ruinas productivas en memorias que adquieren siempre la forma de un palimpsesto. Un enfoque en el que también la idea de circula- ción es central es el propuesto por Michael Rothberg en su libro Multidirectional Memory (2009). Rothberg discute el supuesto de que diferentes grupos compiten por imponer su memoria en el espacio social, y que la lógica que domina esta competencia es de
‘suma-cero’, es decir, que si uno logra imponer su reclamo como válido eso siempre resulta en una pérdida del otro, cuya memoria aparecería entonces como menos válida de suscitar reconocimiento. En lugar de una lógica competitiva, Rothberg propone que la memoria de un grupo se crea en un diálogo con otras memorias, de grupos con diferentes experiencias históricas. Por ejemplo, las discusiones públicas sobre el Holo- causto pueden desencadenar debates de memoria sobre otros eventos trágicos, como la discusión en Francia sobre el legado de la Guerra de Argelia. Rothberg desmonta la relación íntima entre memoria e identidad. Escribe:
The model of multidirectional memory posits collective memory as partially disengaged from exclusive versions of cultural identity and acknowledges how remembrance both cuts and binds together diverse spatial temporal and cultural sites. (11)
La segunda manera de entender la memoria transnacional es no como circulación, sino como negociación. Esto se vuelve claro en el siguiente ejemplo: a mediados de los 90, Europa lanzó la idea de crear un ‘Museo de Europa’ que reflejaría las múltiples tradi- ciones culturales europeas e historias en un espacio común. El proceso de construir una historia transnacional de Europa resultó ser más complejo de lo que se esperaba, y solo en mayo de 2017, luego de ser muchas veces pospuesto, el museo —rebautizado como House of European History— fue finalmente inaugurado. La iniciativa busca cons- truir una historia transnacional de Europa, una capaz de abarcar todos los países. Pero este es el punto donde el proyecto enfrenta el proceso de conciliar memorias conflic- tivas de eventos claves, respecto a los cuales los países reclaman ‘verdades históricas’
diferentes, o incluso opuestas. En este caso, ‘memoria transnacional’ se refiere a una negociación para encontrar una visión común para memorias que exceden el marco del estado-nación. Una ‘memoria europea’ —si algo así es posible— sería un acuerdo común entre los países europeos que implica no solo superar disputas entre diversos países sino también resolver puntos críticos, tales como el lugar de la memoria del Estalinismo en relación a la memoria del Holocausto.
En otro sentido, es precisamente el Holocausto el ejemplo más notable de la crea- ción de una memoria transnacional, en tanto un símbolo supranacional de memoria en el que todos los europeos —pero no solo los europeos— pueden reconocerse. Levy y Sznaider han investigado la memoria del Holocausto en la era global acuñando el tér- mino ‘cosmopolitan memory’. Aunque la memoria cosmopolita que encarna el Holo- causto no es el resultado de una negociación entre países diferentes, constituye, sin embargo, un acuerdo, un suelo común sobre el que se funda el discurso de los Dere- chos Humanos, discurso que hoy tiene un alcance global.
Estas dos formas de concebir la memoria transnacional no son opuestas; de hecho, en muchos sentidos interactúan. Sin embargo, señalan imaginarios diferentes: la idea de circulación evoca un imaginario de dispersión, diseminación, desplazamiento, disolución. En contraposición, el proceso de negociación que subyace a las memorias supranacionales refiere a un imaginario de reunión, concentración, emplazamiento, consolidación.
Memoria transnacional en el área iberoamericana
Una de las críticas frecuentes que se le hace al enfoque transnacional es que va del espacio acotado y definido del estado-nación al espacio difuso e inabarcable de lo glo- bal. En este movimiento, la memoria parece disolverse en una circulación que carece de todo anclaje.
Una respuesta posible: postular como unidad intermedia un área que exceda el territorio acotado de una nación particular pero que como conjunto vincule histórica, lingüística y culturalmente a los diversos países que la integran. En este caso me refiero al área iberoamericana2 como una unidad donde es posible observar fenómenos trans- nacionales sin que estos se disuelvan en el todo inasible de lo global. Focalizados en el estudio de la memoria: ¿qué relevancia tiene un enfoque transnacional para el área iberoamericana? Un enfoque transnacional permite analizar fenómenos que no serían inteligibles si solo observamos la intervención de los actores y la elección de determi- nadas estrategias en un marco exclusivamente nacional.
Lo que quiero plantear aquí como ejemplo es la relevancia de un estudio transna- cional de la desaparición en el área de Latinoamérica y España. ¿Por qué la desaparición como fenómeno y la figura del desaparecido como sujeto particular son relevantes en el área? En primer lugar, porque el fenómeno de la desaparición ha experimentado en Latinoamérica un uso extendido que abarca no solo los países del Cono Sur, sino tam- bién Perú, Guatemala, El Salvador, Colombia y México, por nombrar los más repre- sentativos. El fenómeno de la desaparición se ha dado en cada caso en contextos dife- rentes, que incluyen procesos dictatoriales, conflictos armados o ‘guerras internas no civiles’, como en el caso de México. Sin embargo, contra la diferencia y la especificidad de los contextos nacionales en los que la tecnología represiva de la desaparición tiene lugar, es posible observar cómo las prácticas, las representaciones y las estrategias na- cidas de los movimientos de resistencia contra esta práctica, viajan, se reproducen y se adaptan. Nuevas prácticas adquieren sentido a partir de la adopción de representacio- nes originadas en otros países y cobran sentidos nuevos que no pueden entenderse plenamente sin considerar las apropiaciones transnacionales que participan en su cons- titución. En este sentido, es posible rastrear préstamos y apropiaciones múltiples, que involucren uno o varios países latinoamericanos. Lo que presento a continuación es solo un ejemplo posible que incluye Argentina, España y México. El recorrido se esta- blece en torno a tres hitos: en primer lugar, Argentina, como país donde la figura del desaparecido es creada y también como el escenario de la ‘invención’ de prácticas, ins- tituciones y mecanismos centrales en torno a la desaparición. Argentina entonces como un punto inicial, un punto de partida. Esto no significa negar la importancia del fenó- meno en el resto de los países del Cono Sur (especialmente Uruguay y Chile) sino otorgar a Argentina, siguiendo la literatura existente, un rol destacado en ciertas estra- tegias de consolidación y difusión. El segundo hito se da en España, puntualmente, en relación al debate que se origina a comienzos del siglo XXI sobre una ‘re-lectura’ de las víctimas del Franquismo en términos de la figura del desaparecido. El debate, que
2 ‘Iberoamérica’ se refiere aquí al territorio conformado por los países latinoamericanos cuya lengua mayoritaria es el español, sumando la inclusión de la Península Ibérica. Se trata de una definición operativa, en el intento de señalar un área común que incluye vínculos históricos, culturales y lingüísticos. Si bien no todas las definiciones de Iberoamérica incluyen la península Ibérica, la RAE la incluye en los usos del término.
ha sido objeto de excelentes investigaciones como las de Francisco Ferrándiz o Ulrike Capdepón, muestra las tensiones originadas en torno a la ‘traducción’ de la figura a un contexto muy diferente del original. El tercer hito es uno más reciente: el ingreso del término al debate público en México, que sigue al conflicto de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014 y que se ubica nuevamente en un marco alejado del de las dictaduras latinoamericanas de los años 70: el marco de la Guerra contra el Narco iniciada en 2006. Dado que, por una cuestión de espacio es imposible analizar producciones concretas, me limito a presentar los vínculos a fin de mostrar por qué es relevante considerar estos casos en conjunto. En el apartado final argumento por qué la ‘transnacionalización’ del desaparecido no debe ser pensada como ‘anacronismo histórico’ sino, en cambio, ser analizada en su potencial político.
Hacia una memoria transnacional de la desaparición en el área iberoamericana Aunque la desaparición es un método de violencia política que tiene sus raíces en el régimen nazi y es una tecnología represiva ampliamente difundida a nivel mundial, en el área iberoamericana posee una historia particular. El área iberoamericana, confor- mada por naciones que comparten un lenguaje común y una historia de colonialismo, también compartió una red transnacional de terror en el siglo XX. Las dictaduras im- plementadas por los países del Cono Sur (Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, y en menor medida Brasil) en los 70 y 80 fueron el resultado de una red transnacional de represión conocida como Plan Cóndor, cuidadosamente elaborada para coordinar las políticas represivas en estos países. La circulación transatlántica del terror fue garanti- zada por el gobierno de los EEUU para preservar su poder y sus intereses económicos:
todas las dictaduras implementaron reformas para transformar la economía desde un modelo de acumulación capitalista, basado en la exportación de materia prima desde la periferia a los centros industriales, a una economía de libre mercado. Esta estrategia fue primero puesta en práctica en España antes del fin de la Segunda Guerra Mundial.
El gobierno norteamericano toleró las credenciales fascistas de Franco porque España tenía una posición crucial en una de las estrategias globales de la Guerra Fría, princi- palmente, el componente social y político dirigido en contra de las organizaciones po- pulares con una orientación política nacional. La derrota de las masas populares fue vista como ventajosa para la inserción de España en los planes militares de EEUU. La aceptación de España en las Naciones Unidas en 1955 debería ser vista como la cul- minación de un largo proceso de negociación entre España y los EEUU, más que como el momento en que Franco ‘abandonó’ el fascismo. Durante la Guerra Fría, los EEUU aprendieron de España cómo usar a los dictadores fascistas para implementar reformas económicas y políticas impopulares sin tener que enfrentar la oposición de grupos militantes. Durante las décadas de los 70 y los 80, este modelo fue ‘perfeccio- nado’ en el Cono Sur, transformándolo en un sistema de represión transnacional (Mar- tín Cabrera).