TRABAJO DE FIN DE GRADO
Carlos V en Mallorca. Visita de 1541 y relaciones emperador-isla
Alejandro Fernández Pérez
Grado de: Historia
Facultad de: Filosofía y Letras
Año académico 2020-21
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Carlos V en Mallorca. Visita de 1541 y relaciones emperador-isla
Alejandro Fernández Pérez
Trabajo de Fin de Grado
Facultad de: Filosofía y Letras Universitat de les Illes Balears
Año académico 2020-21
Palabras clave del trabajo:
Carlos V, Mallorca, Argel, 1541, emperador, isla, relación
Nombre del tutor / la tutora del trabajo Dr. Antoni Picazo Muntaner
Nombre del tutor / la tutora (si procede)
Autorizo a la Universidad a incluir este trabajo en el repositorio institucional para consultarlo en acceso abierto y difundirlo en línea, con finalidades exclusivamente académicas y de investigación
Autor/a Tutor/a Sí No Sí No
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Resumen
A raíz de la visita de Carlos V a Mallorca en 1541 en el marco del conflicto que existía en el norte de África y, en concreto, el estrepitoso intento de conquista de Argel, se analizará la relación existente entre el emperador y la isla. Esta relación se estudiará con hechos como la Germanía (donde se da el primer contacto), el análisis de la crónica de la visita ya mencionada, las otras veces que Carlos V pisó la isla, etc. Observaremos como el nexo entre ambas partes irá evolucionando a lo largo de su mandato.
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Índice
1. Introducción, metodología y estado de la cuestión ……… 5
2. La figura de Carlos V y su ‘frustrado’ proyecto imperial ……….. 6
3. La Germanía de Mallorca, una rebelión por la libertad y el primer contacto entre Carlos V y la isla ………...……….. 9
3.1. Desarrollo de la Germanía de Mallorca y la represión imperial ………...…….. 9
3.2. La relación emperador-isla durante la Germanía …………...……… 12
4. Visita de 1541: análisis y relación de las partes ……… 13
4.1. Análisis de la crónica de la visita ………... 13
4.2. Relación emperador-isla a raíz de la visita ……… 20
5. La Jornada de Argel, otro estrepitoso fracaso imperial ……… 22
6. Conclusión ... 26
7. Bibliografía ... 27
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1. Introducción, metodología y estado de la cuestión.
En el presente trabajo se expondrá la visita de Carlos I de España (V de Alemania) a la isla de Mallorca en 1541 en el contexto de la guerra que estaba teniendo lugar en el norte de África. La visita, que será vista desde una óptica más social haciendo hincapié en la repercusión que tuvo, precedió al intento de conquista de Argel. El análisis de la visita, sobre todo con la crónica que la recoge, servirá también de base para reflexionar sobre la relación del emperador con la isla. Antes de ésta veremos la Germanía mallorquina como la primera toma de contacto entre ambas partes y las otras veces que el emperador estuvo en Mallorca. Veremos una evolución de estas relaciones. Finalmente estudiaremos la causa directa a la visita de 1541: la Jornada de Argel.
Una vez presentado el tema, habría que hablar de la metodología utilizada y del estado de la cuestión. En cuanto al primer punto, he comentado ya que la visita será analizada extensamente siguiendo una fuente primaria, la crónica que recoge este hecho; Libre de la benaventurada vinguda del Emperador y Rey Don Carlos en la sua ciutat de Mallorques y del recebiment que li fonch fet. Juntament ab lo que mes sucehi fins al dia que parti de aquella per la conquista de Alger, ya que parece ser el texto más directo y fiable que hay al respecto. Su análisis se complementará con obras que puedan citar también este hecho como son el Cronicon Mayoricense o el Compendio de Historia de Mallorca. Más allá de la visita, los apartados más introductorios como La figura de Carlos V o el relativo a las Germanías en Mallorca, y el referente a la jornada de Argel serán vistos usando fuentes secundarias, como libros o artículos especializados en su respectivo campo. Todo esto irá alternando con valoraciones personales que aportarán mi punto de vista sobre la materia tratada.
En cuanto al estado de la cuestión, he de decir que aquí se encuentra uno de los puntos fuertes de este estudio. Más allá de la crónica ya citada (que es la fuente primaria de este hecho) y el Cronicon Mayoricense, que puede tratar el tema con una cierta extensión, no existen libros o artículos que aborden la visita de Carlos V en Mallorca. En todo caso, puede ser citada en algún estudio, pero de una forma simbólica o testimonial. No existe un análisis detallado de la crónica, escrita en catalán del siglo XVI. Tampoco se han hecho valoraciones sobre qué supuso el acontecimiento para la isla, sobre todo social o urbanísticamente (por los cambios que se dieron en la ciudad para el recibimiento del monarca). Otro aspecto interesante y novedoso de este estudio, es que la visita será el
6 punto central de un análisis mayor; investigar las relaciones entre el emperador Carlos V y la isla de Mallorca (y en especial la ciudad de Palma) y cómo estas evolucionan. Esta relación emperador-isla comenzará con un breve análisis de las Germanías en Mallorca, que se dan en época de dicho rey y que supondrán un primer contacto entre ambas partes.
Después, el análisis de la visita y sus consecuencias. Es interesante ver en este sentido también la gran sintonía que hubo por ambas partes. Por un lado, el fervor popular por ver al emperador en su ciudad y, por el otro, las múltiples alabanzas, según la crónica, a la isla por parte de Carlos V. Repito entonces que esta valoración de las relaciones entre el emperador y la isla es novedosa. Hay obras que tratan la historia de Mallorca durante el reinado de Carlos V o algunos aspectos más concretos de la misma, pero, en todo caso, no hacen la interpretación de estas relaciones. Sería el caso, por ejemplo, del artículo de José Juan Vidal «El regne de Mallorca en temps de Carles V: balanç i perspectives». El historiador sí se pregunta cuál sería la relación entre las dos partes, pero su trabajo va más enfocado, como he dicho, a estudiar la historia del reino durante su mandato y la pregunta queda un poco en el aire. Esa pregunta es la que quiero retomar aquí. No quería dejar sin mencionar un trabajo de esta Universidad, pero de la Facultad de Turismo, que planea una ruta turístico-cultural en base al recorrido que realizó Carlos V en Mallorca (Roig 2018).
Entonces, la tesis del trabajo iría encaminada en este sentido. Carlos V visitó Mallorca antes de ir a la conquista de Argel y se encontró una isla que le recibió con un gran fervor, ofrendas, puentes y arcos triunfales en su honor, etc. El monarca quedará maravillado de sus gentes su paisaje, sus casas o su riqueza en agua y vituallas, llegando a decir que
“había hallado un pueblo no conocido y un reino escondido”. A pesar del absentismo regio que caracterizó su mandato, existió un vínculo entre la isla y emperador que fue evolucionando.
2. La figura de Carlos V y su ‘frustrado’ proyecto imperial.
Para poder explicar el fervor que produjo su visita, creo que sería conveniente detenernos un momento para explicar la figura de Carlos V con una breve biografía.
Carlos nació en 1500 en la ciudad belga de Gante. Era hijo de Juana I de Castilla (hija de los Reyes Católicos) y de Felipe I el Hermoso (hijo de Maximiliano I de Habsburgo,
7 el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, y María de Borgoña). Gobernaría España con el nombre de Carlos I desde 1517, por la muerte un año antes de su abuelo Fernando II de Aragón, hasta 1556 cuando abdica en favor de su hijo Felipe. El hecho de ser un rey extranjero le causó problemas ya desde inicios de su reinado, así como su aspecto físico, su edad y los consejeros que trajo consigo, como nos explica Elliott en el siguiente fragmento:
El nuevo rey, un muchacho increíble y disparatadamente joven, con una mandíbula muy pronunciada, no causó una impresión favorable en su primera aparición en España. Aparte que miraba como un idiota, tenía el defecto imperdonable de que no sabía ni una palabra de castellano. Además, ignoraba totalmente los asuntos españoles y estaba rodeado por un grupo de rapaces flamencos (Elliott 2012:
152).
El nuevo rey adquirió un amplio territorio en herencia. De sus abuelos maternos, los Reyes Católicos, heredó Castilla, Navarra, Aragón (con el Rosellón), Baleares, Sicilia, Cerdeña, Nápoles, Canarias, Orán, Trípoli, Melilla y los territorios de América. De su padre recibió los Países Bajos, Luxemburgo, Artois, el Franco Condado, Flandes, Borgoña y Charolais. En 1519 falleció su abuelo Maximiliano y, tras una elección que ganó con medios económicos, fue proclamado emperador como Carlos V, recibiendo Austria, el Tirol, Lundgau, Estiria, Carintia, Carniola y el norte de Italia, comenzando la llamada “monarquía universal”.
Todos los factores de descontento con el rey, sumados a la poca estancia de éste en la Península Ibérica (Elliott, en la obra citada anteriormente, dice que solo está en España dieciséis de sus cuarenta años de reinado), provocaron una serie de altercados que caracterizaron la política interior de Carlos I. Me refiero a las Germanías en Valencia (1519-1523) y Mallorca (1521-1523) y la crisis de las Comunidades en Castilla (1520- 1522), todos ellos conflictos que sucedieron paralelamente. Más tarde me detendré en la Germanía de Mallorca ya que, de un modo u otro, relacionan por primera vez al ya emperador con nuestra isla.
En cuanto a la política exterior, el monarca tuvo varios frentes abiertos, lo que hacía que estuviera involucrado en varias disputas. Un ejemplo son las continuas guerras con la Francia de Francisco I. La primera guerra tendría lugar entre 1521 y 1526 por los deseos de Carlos V de obtener el Milanesado, territorio clave para conectar sus dominios mediterráneos y continentales. Acaba con la victoria del emperador en la batalla de Pavía y la Paz de Madrid (1526) por la cual Francia renunciaba al Milanesado. A esta guerra contra los franceses le siguieron hasta tres más, finalizando en 1544 con la paz de Crépy
8 en la que Carlos devolvía Borgoña a cambio del apoyo de Francia contra la lucha protestante. Sin embargo, estos conflictos retornarían con el reinado de su hijo Felipe II (Aguilera & Martín 2001: 17-25). Otro escenario es el Mediterráneo y el norte de África contra los turcos otomanos (escenario del cual también hablaremos posteriormente, pues es el contexto que lleva a la visita de Carlos V a Mallorca). Finalmente, no se puede entender el imperio de Carlos V sin la lucha contra el protestantismo a raíz de la Reforma de Martín Lutero en 1517 (año en que Carlos I comienza a reinar en España). El emperador se postuló como el defensor del cristianismo romano y enemigo de la Reforma.
Convocó a Lutero en la Dieta de Worms en abril de 1521, la cual fue un rotundo fracaso.
Aprovecho de paso para indicar que este año es el 500 aniversario de esta famosa reunión.
Con el Edicto de Worms declararon a Lutero hereje y éste encontró refugio en tierras del elector Federico de Sajonia. Por otro lado, la mayoría de los estados alemanes se pusieron de lado de Lutero. Después de una serie de dietas más, estos príncipes se unieron en 1531, formando la Liga de Esmalcalda. A pesar de que el emperador tuvo importantes victorias como la de Mühlberg en abril de 1547 (conocida también por el gran retrato de Carlos que realiza Tiziano), el conflicto acabaría con la Paz de Augsburgo en septiembre de 1555 donde se imponía el principio de Cuius regio eius religio y fracasaba el objetivo de unir a la cristiandad (Carrasco 2015: 284-292).
Este fracaso imperial llevaría a las Abdicaciones de Bruselas de 1556, en las cuales dejaba el Imperio a su hermano Fernando, y Castilla, Aragón, los territorios americanos y Borgoña a su hijo Felipe II. Así se separaban los Habsburgo en dos ramas: la alemana y la española. Carlos se marchó al monasterio de Yuste, donde estuvo hasta su muerte en 1158 (Aguilera & Martín 2001: 35-37).
En el caso del reino de Mallorca, fue gobernado por Carlos V desde la distancia, aunque éste sí visitará la isla en algunas ocasiones (aunque durante poco tiempo) por circunstancias muy concretas, como ya veremos próximamente. Estas visitas ya lo diferenciarían de su abuelo materno Fernando el Católico, quien parece ser que nunca estuvo personalmente. Después de las visitas continuaría con su absentismo en territorios de la Corona de Aragón. En Mallorca este absentismo regio era recurrente ya desde un largo tiempo atrás. Jaime I contrarrestó esta situación creando la figura del lugarteniente general o virrey, que tenía su confianza además de su potestad en dicho reino, como un alter ego. En Mallorca solían ser aristócratas del reino de Aragón. Carlos V gobernó el reino con 5 virreyes, destacando los dos de los que hablaré en este trabajo: Miguel de
9 Gurrea (que estaba durante la Germanía de Mallorca) y Felipe de Cervelló (que estaba durante la visita de 1541) (Vidal 2000: 14-15).
3. La Germanía de Mallorca, una rebelión por la libertad y el primer contacto entre Carlos V y la isla.
Como ya he comentado, las Germanías en Mallorca supondrían una primera toma de contacto directa o indirectamente del emperador Carlos V con la isla. En este apartado se comentará brevemente para ver cuál fue el papel del monarca en este acontecimiento, antes de pasar a hablar de su visita. Quiero dejar claro que ésta es la intención del apartado, ver la relación entre ambas partes, como puede ser la gran represión real que hubo al finalizar. No se trata de un trabajo más sobre Germanías en Mallorca, pues ya se ha tratado bastante el tema y por gente mucho más especializada en el mismo.
3.1. Desarrollo de la Germanía de Mallorca y la represión imperial.
El siguiente fragmento de Álvaro Santamaría resume muy bien lo que supuso las Germanías en Mallorcas y los distintos puntos de vista que ofrece:
La Germanía es tema importante, dramático y polémico. Importante, por su contenido sociológico y porque la Germanía es momento clave del devenir de Mallorca. Dramático, por la autenticidad de las reacciones humanas que desencadenó, en el baño de sangre más escalofriante que la historia de Mallorca, harto dramática, recuerda. Polémico, por su contenido subversivo, que ha determinado interpretaciones diversas y aun contradictorias, dado que los historiadores (y es natural que sea así), casi inevitablemente, sin proponérselo, lo han “visto” a su aire, según sus convicciones (Santamaría 1971: 25).
Así pues, para autores como Antoni Furió los agermanados fueron mártires, víctimas de una gran tiranía. Incluso los considera también victimas a ojos de la historiografía. La cara opuesta sería el historiador José María Quadrado, de mentalidad tradicional, quien ve a los agermanados como unos criminales que cavaron ellos mismos su propia fosa. Un tema, como vemos, que aporta opiniones muy dispares en función de la ideología del historiador y el cual es difícil estudiar con total neutralidad.
Dejando de lado debates historiográficos, voy a exponer la Germanía brevemente para luego analizar la relación entre las dos partes. Cuando estalló la Germanía en 1521 ya
10 había un ambiente tenso y sobresaltado. Al igual que en Valencia, los menestrales y campesinos soportaban unas excesivas cargas fiscales. Eran unas cargas que imponía el Gran y General Consejo de las Islas, que controlaba en parte la nobleza del reino. Años antes, disminuyó la Deuda Pública Exterior, pero aumentó la Interior, por lo que la deuda había pasado de los acreedores catalanes a los acreedores mallorquines. El sistema político mallorquín era bastante avanzado y los menestrales formaban parte de los órganos de gobierno. En Mallorca tributaban todos los estamentos sociales, pero la población rural de las villas tenía menos capacidad y, por lo tanto, tenían más dificultades económicas. Las bases de las Germanías las encontramos en la tensión existente entre villas y ciudades, y el asunto de la Deuda Pública. La historia de Mallorca en los siglos XIV y XV es una constante pugna entre los foráneos (eminentemente campesinos de las villas) y las clases privilegiadas de la ciudad, que querían acabar con la voluntad participativa de los anteriores. Por otro lado, la Deuda Pública se impuso sobre todo entre los sectores modestos debido al incremento de impuestos indirectos, siendo el factor más importante de la irritación de las villas. Fruto de la desesperación, empezó a correr el rumor de saqueos sistemáticos de la hacienda.
Tras la muerte de Fernando el Católico en 1516 hubo un clima de incertidumbre que llevaría a la crispación tanto en Castilla como en Aragón cuando Carlos I llegó con sus consejeros flamencos. Destacarían las Comunidades de Castilla y las Germanías de Valencia. En Mallorca, se seguía muy de cerca las noticias de lo que estaba sucediendo en la Península (Santamaría 1971: 25-35).
Todo desencadenó en un levantamiento popular. Ya en febrero de 1521 el gobernador Miguel de Gurrea ordena detener a siete artesanos insurrectos. Se desata una crisis institucional que provoca que los grupos revueltos entren en el Gran y General Consejo.
Se amplía el numero añadiendo campesinos y se crea el consejo de la Tretzena o Consell dels Tretze, integrado por cuatro menestrales y cuatro campesinos. Los insurrectos estarán en contacto con los agermados valencianos serán influidos por éstos. Las villas pasan a ser gobernadas por unos Consells d’Elets con un instador que pasa a estar por encima del batle real (Serrano 2018: 154).
Cuando estalla la revuelta, en un principio el virrey no le da mucha importancia.
Luego, viendo como crece el movimiento, llamó a los mayordomos de los oficios para que pararan y les prometió justicia. También encerró a algunos de los más importantes para provocar miedo. Los gremios se armaron y se enfrentaron al ejército real, al cual vencieron para apoderarse de la ciudad y liberar a los presos. Encerraron al virrey en el
11 castillo real y nombraron capitán a Juan Crespí. Se apoderaron de las armas de la casa de la Consignación y recorrieron las calles al grito de «Viva el rey y mueran traidores».
Vemos entonces como el monarca no era el problema para los agermanados. El virrey dio poder a Juan Crespí y le pidió que frenase la revuelta y que convenciera a los payeses para que no salieran de los pueblos. La ciudad estuvo abarrotada y cada oficio tuvo su propio consejo. Pasaron varios días aumentando el malestar. Obligaban a los caballeros a darles grandes sumas bajo pena de muerte, los jurados firmaban lo que ellos querían y los pueblos se sumaron a las Germanías. El virrey se suspendió de su cargo y los agermanados pusieron como gobernador al caballero Pedro de Pachs. Es en este momento cuando se formó el gobierno de la tretzena.
Solo la villa de Alcudia permaneció fiel al rey. Esto nos hace pensar, a diferencia de lo que parecía antes, que sí estaban en contra del monarca y no solo del virrey. Alcudia se defendió de los ataques de los agermanados hasta que el 11 de noviembre un ejército de seis mil hombres atacó la villa tras la negativa a rendirse. Derribaron las casas que encontraron y mataron el ganado. Los alcudienses contraatacaron llegando a apoderarse de su artillería y causándoles numerosas bajas. Levantaron el sitio, pero siguieron siendo atacados sin eficacia los dos años posteriores.
Joanot Colom pasó a estar al frente del gobierno cuando ajusticiaron a Crespí. Los nobles tuvieron que huir y esconderse por las montañas. Trataron de quemar, sin éxito, la casa de la Inquisición (donde observamos también una oposición a la Iglesia y a este tribunal). Una gran multitud venció al ejército del rey y volvieron a Alcudia, donde los sitiados pudieron resistir gracias a refuerzos recibidos de Menorca, tal como nos dice este fragmento de un contemporáneo:
E lo regent e govarnedor de Manorcha dezliberaren dar lo combat a la ciutat. E axí vingueran d’armada circa mill hòmans, soldats, ab hun capità que·s deya don Francesc de Carós, lo quall portava dits soldats en Bogia o Alger, e tenia manament dell emparador de reduyr e pasar per Malorques (Mas 2013: 318).
Derrotaron a los agermados, que volvieron a sus pueblos. Más tarde regresaron con 3000 peones, 200 caballos y mucha artillería. Aun así, no llegarían a entrar en Alcudia.
Para acabar con este apartado, y antes de analizar más concretamente la relación entre el emperador y la isla, cabe explicar el final del conflicto y la gran represión que hubo.
Carlos V, enterado de la gravedad del asunto en Mallorca, mandó a Rafael Carrós con 800 hombres y a Juan Velasco con cuatro galeras. También influyó en la decisión del monarca que Juan Forteza fuera a Valladolid a explicarle que los agermanados tenían a su familia presa. En enterarse en Mallorca de este viaje, degollaron a toda su familia salvo
12 un niño que se escapó. El ejército real iba ganando terreno y los agermanados trataron de evitar el castigo sometiéndose al rey de Francia. Llegaron a Alcudia las galeras del emperador y a Palma las de Andrea Doria, que entró en la ciudad abandonada, ya que se habían disuelto. El 8 de marzo de 1523 Gurrea vuelve a su cargo, Alcudia recibe el título de fidelísima por haberse mantenido del lado del monarca, y Joanot Colom era torturado y cruelmente asesinado (Capó Valls de Padrinas 1929: 95-98).
En el ARM1 tenemos el Llibre de lletres certificatòries de la Germania que nos cuenta las sentencias dictadas por el virrey Miguel de Gurrea. El 17/07/1523 se confiscan bienes a 106 agermanados de la Part Forana y a 56 de la ciudad. En total, entre 1523 y 1524 se condenan a muerte a 189 personas (siempre con confiscación de bienes), cuando en las Comunidades castellanas solo condenaron a 23. Las condenas son posteriores a la toma de la ciudad y habría que hablar de más ejecuciones, ya que Gurrea colgaba los presos.
Podrían ser, en total, más de 200 ejecuciones. Además, unas 50 personas fueron condenadas a galeras y 4 son desterrados. También se les impondrá composiciones, como una multa (Vaquer 2000: 59).
3.2. La relación emperador-isla durante la Germanía.
Entrando ya a hablar más propiamente de la relación entre ambas partes en este hecho, debemos tener en cuenta que hubo una oposición al emperador entre los agermanados.
Ya hemos visto como había un malestar anterior y el hecho de que Carlos V llegara a la península acompañado de consejeros flamencos y sin saber español empeoró las cosas.
Otro aspecto interesante es que el monarca estaba atento a las noticias que le llegaban desde Mallorca, y sabía de la gravedad del asunto y que tenía que intervenir. Así lo hizo, y mandó al ejército real a la isla. Él no iría personalmente, ¿por qué? Tal vez no lo consideraba necesario, al ser una pequeña isla debió pensar que no sería difícil revertir la situación, o tal vez tenía otros asuntos de los que ocuparse. Lo que sí es seguro es que tendríamos que esperar más años hasta que pisara Mallorca.
En esta relación entre las dos partes tiene una importancia fundamental la gran represión que el ejército real ejerció sobre Mallorca. ¿A qué se debería tal castigo? Parece desproporcionado sobre todo si lo comparamos con la represión que hubo en las Comunidades castellanas o en la Germanía de Valencia. En este aspecto estaría de
1 Archivo del Reino de Mallorca.
13 acuerdo con lo que expone Antoni Mas i Forners. Dice que la represión se trataría de un castigo ejemplificador para los mallorquines, para que aprendieran la lección, podríamos decir. Hay que tener en cuenta que éstos se levantaron tres veces en unos ciento cincuenta años, ya que hay levantamientos también en 1391 i 1450. Estos tres alzamientos los considerarían intolerables para un reino tan pequeño geográfica y demográficamente.
Otro aspecto importante, comenta el historiador, es que la Germanía mallorquina se trataba de la tercera revuelta en territorio peninsular en el reinado de Carlos V. Una represión tan dura sería más fácil de llevar a cabo en Mallorca, territorio más pequeño, ya que en otros lugares podría provocar una respuesta peor por parte de los sublevados (Mas i Forners 2020: 21-23).
Tal como sucedieron los hechos, con la oposición de los agermanados al rey y la fuerte represión del ejército real sobre la isla, uno se pregunta cómo puede ser que los mallorquines esperaran la llegada del monarca con tanta alegría. Según lo que nos cuenta la crónica, no parece que hubiera rencor hacia él. ¿Qué cambió entre el final de la Germanía y la visita de Carlos V en 1541? Creo que es algo que aún está por estudiarse y que podría llevar a distintas hipótesis. En el siguiente apartado, tras exponer la visita, comentaré esta cuestión y daré mi opinión al respecto.
4. Visita de 1541: análisis y relación entre las partes.
En este apartado fundamental del trabajo, analizaré la visita que realiza Carlos V a Mallorca en 1541, sobre todo a partir de la crónica que recoge este hecho, así como lo que supuso socialmente, pues es evidente el fervor que causó entre la población.
4.1. Análisis de la crónica de la visita.
Antes de dicha visita, el emperador ya se dejó ver por la isla, aunque por un corto periodo de tiempo. El 3 de junio de 1535 llegó a Alcudia. Recordemos que este núcleo había recibido el título de fidelísima tras la Germanía por haberse mantenido fiel al monarca.
Estuvo para descansar la escuadra que él mismo mandaba contra Barbarroja. Bajó a tierra firme, donde fue enormemente obsequiado. Se aposentó en la mansión del presbítero Jerónimo Moragues, quien construyó una tabla con las armas del césar y una inscripción
14 laudatoria. Más tarde marchó Carlos V de la isla para conquistar Túnez. (Capó Valls de Padrinas 1929:99; Foronda y Aguilera 1914; Campaner y Fuertes 1881:256).
En 1541 el monarca retornaría a la isla con motivo de reunir las escuadras e ir a la conquista de Argel. La visita la recoge la crónica Libre de la benaventurada vinguda del Emperador y Rey Don Carlos en la sua ciutat de Mallorques y del recebiment que li fonch fet. Juntament ab lo que mes sucehi fins al dia que parti de aquella per la conquista de Alger, largo título que resume muy bien lo que expone y que analizaré en extensión en este apartado. Se trata de un libro raro y con pocos ejemplares que el Conde de Ayamans entregó a Álvaro Campaner y Fuertes para que lo publicara íntegramente en su Cronicon Mayoricense y que así no se perdiera nunca (Campaner y Fuertes 1881: 305). La crónica se publicó en 1542 (un año después de la visita) en Palma y está escrito en catalán de la época con bellas ilustraciones que representan obras arquitectónicas elaboradas en virtud del monarca y de las cuales compartiré algunas más adelante.
Ya en el inicio de la crónica se puede observar la fascinación del autor por los hechos que relata, llegando incluso a temer que algunos duden de su veracidad ya que para él ha sido como un sueño. El rey estaba en Ratisbona dispuesto a dar órdenes contra los turcos y negociar con los luteranos cuando Andrea Doria, capitán general de Carlos, escribió desde Génova una carta a Felipe de Cervelló, virrey y capitán general de Mallorca, para anunciarle de la visita del monarca a la isla. En la carta le decía que se juntaría en Mallorca las armadas de todos sus reinos entre el diez y el doce de septiembre para ir a la conquista de Argel. Entre esos días deberían tener preparado pan, carne fresca y otros avituallamientos que compraría gente de la corte o infantería. De la misma forma, se les daría agua, leña y todo lo que el emperador pudiera solicitar. Se avisó a los jurados y se reunió el Gran y General Consejo para aprobar los gastos para la visita real.
El rey sabía de las comodidades que podía tener la isla para las tropas incluyendo, está claro, la proximidad que tiene respecto Argel. Los jurados (destacando Mosén Juanot Caulellas) prepararían todo lo que necesitase el monarca. Fueron a notificar al cabildo eclesiástico, que dijo que haría un arco triunfal en la Plaza de la Seo. Mandaron que las fuentes estuvieran en todo momento llenas de agua para abastecer a la armada. También mandaron a las villas tener grandes cantidades de harina para poder proveerles de pan, así como reservas de carne. Finalmente, reformaron diversos lugares de la ciudad para dar una mejor imagen al emperador, junto a la creación de un puente y arcos triunfales.
Empezaron a haber dudas en la isla debido a la tardanza del rey. Mucho antes que él, llegaron de Barcelona las dieciséis galeras de España con Bernardi de Mendoza al frente.
15 Con éste, el almirante de Nápoles, el conde de Caudete, el alcalde general de Barcelona, además de casi todos los varones y caballeros de dicha ciudad. Antes también llegó el conde de Fuentes con caballeros aragoneses. Llegó después el príncipe de Salerno con algunas naves y se supo que S.M. estaba en camino desde Génova y luego pararía en Córcega. Anunció también que entraría de día para poder ver bien el puerto y la gente.
Llegó Fernando de Gonzaga, virrey de Sicília, con siete galeras y muchas naves de la armada de Nápoles y Sicilia, con la galera del príncipe Andrea Doria y Felipe de Cervelló.
Todas las naves se juntaron y finalmente, el jueves 13 de octubre llega el emperador con Andrea Doria y otras cuarenta y nueve galeras. Se cuenta en la crónica que el emperador quedó encantado con las vistas de la isla y preguntó a Doria si la ciudad era tan buena como parecía, a lo que el príncipe respondió que era aún mejor. Se acercaron a tierra firme por enfrente de la Badía de Palma y la Seo, comenzando a saludar la gente y haciendo uso de la artillería para el recibimiento, respondiendo de similar forma las galeras del rey.
Carlos mandó antes de llegar al virrey de Sicília a hablar con los jurados de Mallorca, que se encontraban en la Lonja preparándose para recibir el monarca. Allí les anunció que el monarca no desembarcaría hasta que toda la gente de la corte fuera aposentada. Se eligieron unos gentiles hombres para que acompañaran al aposentador, señalándole las casas (elegidas también según la importancia de la persona que se fuera a aposentar).
Los jurados de Mallorca fueron a recibir al monarca acompañados de algunos caballeros de la tierra. Subieron a la galera donde todos se arrodillaron y fueron besando la mano de Carlos V. Mosén Caulellas, jurado y gran militar, entabló con él una conversación en nombre del reino a modo de recibimiento. Luego, los jurados hicieron una nueva reverencia y retornaron a tierra.
Los jurados se pusieron junto al puente que construyeron y el pabellón preparado para el rey, forrado con tela dorada, columnas con las insignias del monarca y doce astas doradas. Entregaron dos caballos para el recibimiento, uno ornamentado de forma ostentosa y otro todo de negro, ya que fueron avisados de que no cabalgaría en un caballo tan ornamentado en señal de duelo por la muerte de la emperatriz (su esposa Isabel de Portugal, fallecida en 1539), el otro sería para su caballerizo. Finalmente, Carlos desembarca y lo primero que ve es el espléndido puente que construyeron, que no pasa tampoco en señal de duelo, y salta a tierra por una escalera de piedra. La crónica nos aporta una descripción muy amplia y detallada de dicho puente, además de del dibujo ilustrativo que viene más abajo (que comparto sin entrar en un mayor detallismo ya que me extendería demasiado y veo más conveniente seguir con el tema principal). Carlos V,
16 en tierra, empieza a cabalgar el caballo negro mientras la artillería vuelve a ser disparada como forma de saludo, un estruendo que fue parado por el monarca ya que asustaba a los caballos. Después el rey entró bajo un palio espectacular cuyas astas llevaban caballeros españoles y, con una gran muchedumbre en los alrededores, penetró a la ciudad por la puerta del muelle, donde se había construido un arco del triunfo sobre unas columnas de madera pintadas y en medio un emblema real. Tenía diversas inscripciones para el emperador, además de una con el nombre de Ramon Llull. Al igual que con el puente, comparto el dibujo del arco que viene en la crónica. Estas construcciones reflejan la importancia que tuvo la visita para los jurados y la gente de Mallorca, y reflexionaré sobre ellas cuando hable de las consecuencias de ésta. Carlos fue pasando mientras dos mujeres recitaban poesías.
El emperador fue cabalgando de la Plaza del Muelle a la Plaza de la Lonja, sorprendiéndose de ver tanta gente en calles, ventanas, tejados, etc. Se quedó también sorprendido por la arquitectura de la Lonja, llegando a preguntar si se trataba de una iglesia. Luego pasó por la calle de Sant Joan, donde los mercaderes habían hecho otro arco triunfal coronado por banderas y un santo en el capitel. Por la abertura del arco por donde pasaría el rey había dibujada una ciudad con un detallismo muy grande. La pared de la Lonja también tenía escritos unos versos para el monarca.
De la calle Sant Joan giró a la izquierda hasta la casa del procurador real, Francesc Burgués. De ahí, empezó a subir el Borne, que también estaba lleno de gente por las calles y en las ventanas. Cuenta la crónica que le oyeron alabar las calles y las casas palmesanas.
Pasó por el antiguo puente de la “carneçeria”. Allí los “paraires” (menestrales que preparaban la lana para su tejido) le prepararon unos grandes trapos de telas de colores.
El rey pasó después por delante de la Iglesia de Sant Nicolau Vell y, tirando por Santo
17 Domingo, llegó a la plaza de Cort, la cual estaba también
repleta de gente y adornos. Allí había presos que causaban un gran estruendo y pedían misericordia. El monarca prometió atender a estas suplicas más tarde. Más adelante pasó la iglesia de Sant Andreu y observa la Universidad, donde le habían dedicado unos poemas y habían construido otro arco hecho, según dicen, por el mayor experto en arquitectura que haya pisado nunca la ciudad. Se trataba de un arco muy elaborado, como podemos ver en el siguiente
dibujo que incluye la crónica. Porta nuevamente una detalladísima descripción en la cual no entraré. Hubo un punto en que le indicaron que era tradición seguir a pie, pero el monarca siguió cabalgando, argumentando que no estaba bien de los pies y podía sufrir de gota.
Carlos continuó su trayecto bajo el sonido de la muchedumbre y las trompetas hasta que entra a la Seo, donde también sonaban los órganos. Llegó hasta el altar mayor y, acompañado por otros eclesiásticos, empezó a orar. Cuentan que el rey comenzó a llorar debido a su gran devoción. Pasó por la puerta del mar de la Seo, donde construyeron otro solemne arco las cofradías de Sant Pere y Sant Bernat. Después de pasar por dicho arco, entró en el Castillo real de la ciudad, donde el virrey lo tenía todo a punto para su estancia. Allí pasaría las siguientes tres noches.
Este momento es aprovechado por la crónica para llevar a cabo unas reflexiones sobre la visita de Carlos V. Cuenta (como ya se ha ido diciendo) la fascinación del monarca por la isla y sus gentes, llegando a decir que “había hallado un pueblo no conocido y un reino escondido”. La veracidad de dichas alabanzas está a juicio del lector.
Otro aspecto que alaba el rey serán las aguas de las fuentes, así como la abundancia de pan fresco, carne y otras vituallas con los que fue recibido y que permitieron el abastecimiento de las tropas (18.000 nos dice la crónica, sin la gente de corte, señores, caballeros y aventureros). Eran abundantes las vituallas que tuvieron también el día de embarcar, lo que maravilló a todos los señores de la corte. Cuentan que no tuvieron tanto ni en Génova, Nápoles o Sicília, sitios donde estuvieron anteriormente, y dudaban si encontrarían mejores tierras que ésta. Ya incluso después de irse el monarca, seguían yéndose barcos con vituallas para Argel. Se dice que el monarca también se llevó muy buena impresión de los caballeros mallorquines, los cuales podían ir tanto a pie como a
18 caballo. Le seguirían cien caballeros mallorquines que, según dice la crónica, ganaron honra para ellos y sus descendientes.
Los jurados trataron de tener una audiencia con el emperador sobre asuntos públicos y, en concreto, cuestiones de abastecimiento de alimentos. Después de sucesivos intentos (debido a que Carlos V se encontraba muy ajetreado), consiguieron reunirse con él el 15 de octubre en el Real Castillo. En una estancia que daba al mar encontraron al monarca de pie al lado de la ventana. Los jurados le hicieron la correspondiente reverencia y Carlos V se disculpó por no haberlos atendido antes. Mosén Caulellas le habló extensamente explicando los motivos de la audiencia. Le expuso los infortunios que en ocasiones sufría el reino, como las incursiones de moros y, en especial, las “esterilidades”
o malas añadas. La de ese mismo año había sido tan mala, que prácticamente solo se habían recogido la mitad de las provisiones. Le pidió al emperador que les enviaran un gentilhombre de Sicília con un cargamento de provisiones (trigo). Además, en la visita del rey, corte y tropas no faltó absolutamente de nada en cuanto a productos frescos.
Seguidamente advirtió que, si después de la visita no recibían una ayuda, el reino se encontraría en serio peligro por la falta de provisiones. También informó al monarca de la existencia de unos bandidos en las Part Forana que mataban el ganado, por lo que había una falta de pastores y ganado en la isla. Se quejó de que el virrey ya tenía suficiente con los asuntos de ciudad y no se podía castigar a estas personas como merecían. El jurado pensaba que el mejor remedio sería retornar el viejo cargo del Veger de Fora. Le pidieron al monarca restituir el cargo con el salario que solía tener. Finalmente, ofrecieron al soberano un refresco de cosas abundantes de la isla. Carlos, que había oído todo el discurso con atención, les contestó brevemente. Él hablaría con el virrey de Sicília y el Diacas para llevar trigo a Mallorca. En todo lo demás, ordenaría lo que fuese más conveniente. Por otro lado, admitió el refresco, a pesar de no tener necesidad. El refresco fue entregado a su mayordomo Francisco Duarte. Constaba de 100 vacas, 200 carneros, 800 gallinas, 14 pavos, 500 cuartanes de aceite, 400 cuarterones de vinos, 30 cuarteras de harina, 25 quintales de queso, 20 cuarterolas de alcaparras, 20 cuarterolas de aceitunas, 20 barrales de agua y 4 quintales de cera blanca. Este refresco agradó bastante al monarca.
Al día siguiente Carlos V tenía escrita la respuesta a las peticiones. Concedió la extracción de 4000 salmas de trigo de Sicília. En cuanto a las demás demandas, mandó que no se hicieran novedades por el momento.
El siguiente domingo, 16 de octubre, el rey quiso ir a la misa de la Seo de Mallorca, donde le guardaron un sitio en el altar mayor, el cual habían ampliado. Estaba
19 cubierto por un trapo negro (de luto), cortinas y almohadones. A la hora señalada el rey fue a la misa vestido de negro con un gran nombre de caballeros y señores. La misa la dio Mosén Luís de Villalonga con los músicos imperiales, que estaban con una antorcha blanca delante de la tumba del rey Jaime II de Mallorca. Alrededor del altar mayor se encontraban muchos eclesiásticos. Se supo, según la crónica, que al monarca le gustó mucho la misa de la Seo. Asistieron también personalidades como el Príncipe de Salerno, el Virrey de Sicília, el Duque de Camerino (marido de una hija del emperador), el Almirante de Nápoles y los embajadores de Portugal e Inglaterra. Acabada la misa, Carlos V volvió al palacio.
Por la noche, bajo un sonido de trompetas, se llamó a toda la gente de la corte para que se embarcara el día siguiente a las dos horas, pues ya el día anterior fueron los soldados. Alcanzada la hora del embarque, llegó una galera de España con Fernando de Mendoza, que le informó de que la armada de Poniente y las demás galeras llevaban 12 días en Ibiza y que no salieron antes por la climatología. Con dicha armada venía el Duque de Alba, y señores de Castilla, Aragón y Valencia, las fuerzas de España y 800 lanzas.
Fue a Ibiza una galera para anunciar que fueran hacia Argel y ya se encontrarían por el camino, para darle más velocidad a la empresa. El jueves por la mañana en otro pregón se anunció la marcha para el 18 de octubre. Se confesó y comulgó en la iglesia de Santa Ana y oyó una misa en la Seo que dio el obispo y en la cual el rey volvió a emocionarse.
Salió con prisa montado en mula acompañado de caballeros y alabarderos. En ese momento se acordó de los presos de la plaza de Cort y reclamó que se hiciera con ellos lo que es acostumbrado. Pasó el puente que le construyeron, donde le esperaba Andrea Doria, y entró en la galera. Empezó a zarpar su galera y poco después le siguieron las demás con prisa, aprovechando el buen tiempo que hacía. Eran 50 galeras, 300 velas, 20000 infantes, 2000 gastadores y mucha artillería, muchos caballeros, 100 de ellos mallorquines, y cerca de mil infantes también mallorquines. Se dice que el mismo día se encontraron las armadas y fueron hacia Argel (de Cansoles 1542; Campaner y Fuertes 1881: 257-260). Al final podemos ver un poco más la ideología del autor de la crónica, que habla de que el monarca va a la lucha contra “los enemigos de la fe católica”, lo que resulta comprensible para un hombre de su tiempo.
20 4.2. Relación emperador-isla a raíz de la visita.
Ya habiendo visto el contenido de la crónica, toca reflexionar sobre este hecho y la relación emperador-isla. Quiero primero volver a la cuestión formulada al final del apartado de la Germanía mallorquina. ¿Cómo puede ser que la gente tuviera tanta ilusión y no guardara rencor al monarca? Ya hemos visto como se opusieron a él durante la Germanía y que el ejército real hizo una represión durísima sobre la población local. ¿Qué cambió entre el final de la Germanía y la visita de 1541? Trataré de reflexionar sobre estas cuestiones y dar posibles soluciones, aunque seguramente haya que indagar más. Es posible que se traten de varios factores.
Una primera hipótesis que planteo es la necesidad de hacer “borrón y cuenta nueva”. Está claro que tanto para la población como para los gobernantes siempre es mejor tener al emperador de su parte. Pudieron usar la visita como una oportunidad para enseñar al monarca que las cosas habían cambiado y que estaban a su favor. En la crónica se ve como civiles, jurados, eclesiásticos, etc., hacen todo lo posible para que la experiencia del rey y sus tropas sea inmejorable. También se esforzaron en dar una imagen de prosperidad y opulencia, ya sea con los víveres, las fuentes, las construcciones que realizaron en su honor… Es probable, igualmente, que la dura represión provocara un gran miedo entre la ciudadanía.
Otro factor podría ser la percatación de que se encontraban en un momento importante, histórico. La reunión del emperador y sus tropas en Mallorca haría que la isla formara parte de dicho acontecimiento. Además, no quiero dejar de lado un factor ideológico/religioso/social, podríamos decir. Para los mallorquines resultó más fácil ponerse de lado de su rey cuando se trataba de una unión de la cristiandad contra sus enemigos musulmanes. Para ellos, el islam suponía un peligro para religión cristiana, como también un peligro para la propia economía de la isla (la crónica habla de incursiones de moros). Insisto, entonces, que este sentimiento de unidad contra el enemigo alentó a la población local a apoyar a Carlos V.
Finalmente, creo que también habría que hablar de un factor económico. Casi al final de la crónica, los jurados tratan de tener una charla con Carlos V para tratar de asuntos públicos del reino. Entre otras cuestiones se hablaba del abastecimiento de alimentos. Mosén Caulellas le comentó las incursiones de moros y, en especial, el problema de las malas añadas, habiendo recogido ese año solo la mitad de las provisiones.
Le pidió al monarca que enviara un cargamento de trigo desde Sicilia, ya que, si no lo
21 hacía, el reino se encontraría en serios problemas. Usó también como argumento que al emperador y a las tropas no les faltaron de nada durante la visita. Carlos V aprobaría el envío de dicho cargamento. Este hecho da a pensar que los jurados vieron en la visita una oportunidad de hacer sus demandas ante la grave situación por la que pasaba la isla.
¿Era la situación económica tan complicada como se cuenta en la crónica? Según el historiador Miguel Deyá, la trascendencia de la Germanía y su represión opacaron un poco el resto de las cuestiones sobre el reinado de Carlos V en Mallorca. Los temas económicos como la Deuda Pública no han sido muy estudiados. En el aspecto demográfico, el punto álgido se alcanza en 1517 y tras la Germanía esas cifras no se recuperarán hasta el reinado de Felipe II. A las víctimas de la Germanía hay que sumarle la peste de 1530. Aumentó en gran medida el porcentaje de gente pobre. Tras la década de los 30, la población se iría recuperando, sin alcanzar durante el reinado los números de 1517. Se consolida la formación del latifundio mallorquín moderno. La nobleza y los ciudadanos crecerán. En los años 40 con el aumento de población se reconvierten los pastos en tierras para el cereal. Desciende la venta de paños en mercados exteriores. Hay un aumento de las roturaciones. Hay una relativa caída del comercio mallorquín por la disminución de la exportación de paños y la dificultad para renovar los flujos de comercio.
Decrece la mano de obra esclava y ganan importancia los jornaleros con un empobrecimiento del campesinado (Deyá 2000: 49-60). Vemos entonces que la situación era complicada tras la Germanía, a pesar de la ligera mejora en la década de los 30. Este hecho reforzaría la última hipótesis comentada.
En cuanto a la visita en sí, a nadie se les escapa el fervor que provocó la llegada del emperador. La crónica refleja el fenómeno social que supuso describiendo calles abarrotadas o gente saliendo por ventanas y balcones para ver a Carlos V. También hubo un cambio en la propia imagen de la ciudad de Palma. Hemos visto como se creó un puente o arcos triunfales en su honor. Las descripciones y los dibujos aluden a la monumentalidad de estas construcciones en un intento por impresionar al monarca y ganarse su favor. Se le dedicaron poemas que eran recitados y le dieron regalos.
Observamos entonces que hubo una gran simpatía de la isla hacia Carlos V. ¿Pasó lo mismo al revés? Por lo que nos cuenta la crónica, sí. El monarca durante toda la visita comentará cosas muy positivas sobre la Mallorca, su paisaje, sus casas y sus gentes.
Quedó gratamente sorprendido por la abundancia de víveres o el agua de sus fuentes. Le encantaron las construcciones que se hicieron en su honor, así como edificios ya existentes como la Lonja (preguntando si se trataba de una iglesia) o la catedral (en la
22 cual llegó a llorar dos veces al escuchar una misa). Frases como la de que “había hallado un pueblo no conocido y un reino escondido” demuestran la fascinación que le causó.
Ahora podríamos preguntarnos hasta qué punto estas muestras de agrado por parte del monarca son plenamente verídicas o, por el contrario, se tratan de una exageración del autor de la crónica a modo de “propaganda” de la isla. Es complicado de saber. Sea o no una exageración lo más seguro es que el monarca se fuera satisfecho de su visita en Mallorca. Hay que tener en cuenta que la crónica se publica un año después de la visita, cuando el rey aún podría haber desmentido algún hecho que aparece o las palabras que salen de su boca. Por tanto, personalmente creo en una cierta o casi completa veracidad de los hechos que se narran, a pesar de que ciertos aspectos pueden estar un poco exagerados.
En definitiva, hemos visto la visita de Carlos V a Mallorca en 1541 para reunir sus escuadras y marchar a la conquista de Argel fue un acontecimiento de masas para la población local. Los mallorquines salieron a las calles para recibir al rey e impresionarlo con la belleza de su ciudad, expresando en todo momento su devoción hacia él. El monarca, por su parte, quedó plenamente complacido por lo que vio durante su estancia y se llevaría de Mallorca una grata experiencia. Sus gentes, calles, casas, víveres, fuentes o construcciones fueron elementos que le hicieron quedar muy satisfecho.
5. La Jornada de Argel, otro estrepitoso fracaso imperial.
La reunión de las escuadras en Mallorca y la visita de emperador fue el paso previo al intento fallido de conquista de Argel o Jornada de Argel según la historiografía. Un estrepitoso episodio en el reinado de Carlos V que acrecentaría aún más su fracaso imperial, en este caso en cuanto a la lucha contra el islam. En este apartado se analizará concisamente el desarrollo y la conclusión de este acontecimiento ya que es la causa directa a la visita del soberano. No me extenderé demasiado en esta sección por cuestiones de espacio y ya que no es el principal objeto de estudio del trabajo.
La guerra entre los Habsburgo y los Otomanos fue in crescendo en el Magreb a medida que los segundos se expandían entre los Balcanes y Marruecos en el siglo XVI. En 1516 Argel pidió la ayuda de los hermanos Barbarroja, que hicieron una serie de ataques contra los españoles y sus aliados al oeste de Argel. En el siglo XVI el
23 enfrentamiento llega a su punto álgido personificado por las personalidades de Carlos V y Solimán el Magnífico. El emperador desde el principio tratará de limitar la expansión otomana, llevándole a algunos enfrentamientos directos.
En el caso concreto de Mallorca, el temor de la gente hacia Barbarroja y sus hombres era enorme entre 1530 y 1535. Se dice que incluso despoblaron lugares cercanos a la costa. En 1531 Barbarroja tenía la intención de practicar un fuerte pillaje y saqueo de las islas, como se pudo saber por noticias que llegaban desde Argel por medio de cristianos cautivos. Los Jurados de Mallorca llegaron a hablar con Andrea Doria para explicarle el peligro que corría el archipiélago y pedirle ayuda naval.
Escribieron también al Procurador Real, a la emperatriz y al emperador. En Mallorca hay constancia de cartas de los batles de Santanyí y Andratx. Las islas de Formentera y Cabrera, desocupadas ambas, eran usadas como refugio de piratas turcos que lanzaban ataques contra Mallorca e Ibiza. Pasaban los años con nuevas reclamaciones a causa de que se repitieran los mismos sucesos. Pidieron al emperador una mejora de las fortificaciones, excesivamente frágiles contra los ataques piráticos.
Cuando Barbarroja devastó el sur de Italia desde Alger, entró el miedo de que pudiera hacer lo mismo con las costas hispanas desde Túnez, por lo que Carlos V expuso su proyecto de invasión para expulsarle y reponer al monarca anterior (Vidal 2001: 554-558). Esta conquista Túnez supondrá un precedente a la posterior Jornada de Alger.
Se ha hablado de “reconquista” de Túnez por parte del emperador. Era importante este territorio para tener una conexión segura entre sus territorios hispánicos e italianos. En Argelia estaban los berberiscos de Barbarroja que lanzaban ataques contra barcos españoles o hacían incursiones contra Mallorca. En 1529 se produjo el sitio de Viena por parte de Solimán el Magnífico y los turcos trataron de hacer una alianza con Francisco I de Francia. En 1534 Barbarroja destronó al rey de Túnez, Muley Hassan. Dicho rey tenía amistad con España, lo que provocó la intervención (además del peligro que suponía tener ahí a los turcos). El 9 de mayo de 1535 el emperador informa de marchar a la Jornada de Túnez. Hicieron escala primero en el puerto de Farina para después pasar a asaltar La Goleta. Mientras, el destronado rey de Túnez fue al campamento de Carlos V a arrodillarse ante él. Los sitiados tuvieron que huir con más de dos mil bajas, por solo 30 del bando imperial. Entonces el monarca se decidió a ir a la ciudad de Túnez. Se toparon con 120.000 soldados turcos que se escondieron en la alcazaba. 20.000 cautivos cristianos pudieron escaparse de
24 sus mazmorras produciendo altercados en la ciudad. Entregaron a Carlos V la llave de la ciudad, liberaron cautivos y los soldados procedieron al saqueo. Muley Hassan fue repuesto en su cargo (García 2000: 339-344).
A finales de julio el ejército imperial marchó hacia Túnez. La Goleta quedó controlada por Andrea Doria, cubriendo así las espaldas del monarca que avanzaba.
Pasando a la conquista de Alger de 1541 (la que realmente nos concierne aquí), es posible que ya se fuera fraguando desde hacía un año. En una carta que envía Andrea Doria a Carlos V el 18 de octubre de 1540 hablan de la actuación del gobernador Cenaga en este territorio, que informa de aspectos como cautivos cristianos, daños en la flota o las victorias que ha conseguido. Se explicaba que los virreyes fueran preparando lo necesario para sus respectivos ejércitos y se esperaba el paso a Bona (actual ciudad de Annaba) por parte de Sicília y Nápoles a la espera de que el emperador los necesitase. También se trató de obtener los servicios de Barbarroja, comprándole para la causa imperial. Finalmente comenta enviar algunas naves que están en Italia a España, cuyas costas eran atacadas por los turcos.2
En cuanto a las técnicas de combate, los Otomanos usaban fundamentalmente la galera, que permitía el desplazamiento con remo o vela y atacar con la quilla o maniobrar para el abordaje. Se quiere pasar la lucha terrestre al mar. Unas tablas permitían el paso de la infantería, que solían usar armas blancas. Durante la aproximación se cañoneaba la nave enemiga para luego poder abordarla. El emperador marchó con centenares de barcos y veinticuatro mil soldados españoles, italianos y alemanes. Argel tenía unas tropas muy inferiores, de unos mil quinientos hombres. Hassan Haga, gobernador otomano de origen sardo, estaba al mando. Carlos V trató de comprarlo, pero no fue posible. (Soumia 2017: 17-19; Erlanger 1985: 167).
Carlos V trató de frenar la expansión otomana y la piratería del mediterráneo con la conquista de Argel. La salida tardía, la falta de planificación, el temporal y el desorden en el desembarco jugarían un papel importante en la derrota española.
Andrea Doria aconsejó esperar hasta primavera para llevar a cabo la conquista (entonces era octubre), pero el emperador se negó. En el trayecto de ida se desató una tormenta que destruyó gran parte de la flota. Tras dos días de tempestad, los tercios lograron desembarcar cerca de Argel el 23 de octubre, pero debido a las pérdidas
2 Archivo General de Simancas, -AGS-, “Carta de Andrea Doria, príncipe Melfi, a Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, 1540”, págs.: 1-3.
http://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/show/3574017?nm Fecha de consulta: 03/06/2021.
25 anteriores y a la firme defensa de los argelinos bajo el mando del gobernador Hassan Haga no obtuvieron recompensa. Carlos V desembarcó convencido de que lograría vencer junto a su ejército. Los próximos días hubo un huracán que destruyó unas ciento cincuenta naves. Los musulmanes atacaron de imprevisto al ejército imperial.
Los italianos huyeron y Carlos V se puso al frente de los alemanes para rechazar el ataque, que no era muy numeroso. La tropa consiguió establecer un campamento provisional, pero este fue duramente atacado nuevamente por el temporal, con un gran viento y lluvia. En esas condiciones se dispersaron y contuvieron difícilmente los ataques que realizaban los sitiados. Progresivamente la batalla se iba decantando del lado de los Otomanos. Ante la difícil situación, Carlos V mandaría la retirada en contra del consejo de Hernán Cortés, que quería llegar a conquistar la plaza. Se había perdido, por lo menos, una tercera parte del ejército y se tuvieron que refugiar en Bujía durante unos veinte días. Más tarde, el emperador se retiraría hacia Mallorca y después a Cartagena. (Martínez & Sánchez 2006: 106-107; Erlanger 1985: 167-168).
De esta última llegada a Mallorca también hay noticia, aunque mucho más escueta. Llegó Carlos V a la isla el 26 de noviembre acompañado de 37 galeras. Se dice que apenas se percataron de su llegada a causa de la gran niebla que había.
Desembarcó y se aposentó aquella noche en la casa de Francisco Burgués, el Procurador Real. El día siguiente, domingo, oyó una misa en la Seo. Finalmente, al otro día, lunes 28, embarcó para irse y cuentan que dejó importantes limosnas por las almas de los guerreros fallecidos en la Jornada de Argel (Campaner y Fuertes 1881:
260). Vemos nuevamente como el emperador se queda en Mallorca, probablemente conocedor de las buenas experiencias previas.
En definitiva, y para no alargarnos más, la Jornada de Argel fue la causa inmediata a la visita del emperador de la isla, a la cual volverá una vez acabado el intento de conquista. La desorganización y el mal tiempo le jugaron una mala pasada a Carlos V y su tropa que sufrió una gravísima derrota donde perdió unas ciento cincuenta naves y un tercio del ejército. Un estrepitoso acontecimiento que ponía en jaque el proyecto imperial de Carlos V y fracasaba en su lucha contra la piratería i el islam.
26
6. Conclusión.
Como conclusión me gustaría repetir algunas de las ideas clave que he expuesto en el presente trabajo, así como hacer una valoración final teniendo en cuenta los aspectos estudiados.
Se ha tratado de dar una visión profundizada de las relaciones que hubo entre Carlos I de España (y V de Alemania) y la isla de Mallorca. Para ello, y después de una visión más general de lo que fue su figura y su reinado, hemos visto un desarrollo de la Germanía mallorquina con la idea de que supuso la primera toma de contacto entre el emperador y Mallorca. Hubo una oposición hacia él y el ejército imperial ejerció una represión desmesurada.
Después de la Germanía parece que no hubo un rencor hacia Calos V y la mayoría de la población estaba de su parte. He achacado este hecho a la necesidad de ‘borrar’ el pasado y ganarse el favor del monarca, al sentimiento de unidad cristiana frente al enemigo musulmán y a una causa más económica debido a las dificultades por las que estaba pasando la isla.
Carlos V visitó por un corto periodo de tiempo Alcudia en 1535 (con el título de fidelísima por mantenerse fiel durante la Germanía) antes de visitar la ciudad de Palma en 1541 para reunir sus escuadras e ir a la conquista de Argel. Se ha analizado extensamente esta última visita con la única crónica que la recoge y se han visto aspectos sociales o económicos. La visita causó un gran fervor popular por las calles palmesanas.
Jurados, gobernantes, eclesiásticos, civiles, etc., todos pusieron de su parte para dar al monarca una experiencia inmejorable. Él, por su parte, recorrió las calles de la ciudad maravillándose por su gente, sus casas o por la gran cantidad de vituallas que recibieron él, su corte y sus tropas. Estuvo en la isla del 13 al 18 de octubre. La crónica cuenta con un gran detallismo en aspectos como las construcciones y poemas que le dedicaron, las conversaciones privadas con los Jurados o las propias palabras del soberano. Acabada la visita partió a la conquista de Argel.
Finalmente se ha visto la Jornada de Argel, motivo principal de la visita real. La falta de organización y el mal temporal frustraron el intento de conquista y supuso un nuevo mazazo a las pretensiones imperialistas de Carlos V, que veía como sus tropas eran derrotadas por el enemigo musulmán. Es interesante también que al huir de Argel el rey vuelve a Mallorca, seguramente alentado por la buena experiencia previa.
27 Podemos acabar el trabajo diciendo que existió una relación entre Mallorca y Carlos V, desde un comienzo negativo a raíz de la Germanía a un final más positivo a raíz de sus visitas y, en especial, la de 1541 que aquí ha sido analizada en profundidad. Se ha tratado la evolución de dicha relación y se ha visto las consecuencias que tuvo para la sociedad mallorquina.
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