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Vista de Bernárdez, Enrique, Viaje lingüístico por el mundo: Iniciación a la tipología de las lenguas, Madrid, Alianza Editorial, 2016, 317 páginas.

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[Dialogía, 12, 2018, 235-241] Recibido: 26/04/2018

Bernárdez, Enrique, Viaje lingüístico por el mundo: Iniciación a la tipología de las lenguas ,

Madrid, Alianza Editorial, 2016, 317 páginas.

Cuando los hombres buscan la diversidad, viajan.

(Fernández Flórez, El Bosque Animado)

«La diversidad lingüística es un hecho natural» (p. 275). Esta es una de las conclusiones a las que llega Enrique Bernárdez en su última obra: Viaje lingüístico por el mundo, un libro que nos propone una visita detallada por ocho lenguas habladas en variopintas regiones del mundo. Así, aquel lector ávido de conocer la diversidad lingüística del planeta encontrará en esta obra un pasaporte para visitar monumentos lingüísticos de distintas épocas, zonas geográficas y culturas. Diversos lingüistas habían hecho aportaciones en castellano a propósito de las distintas lenguas que componen el mapa lingüístico global (p. ej.

Junyent y Muncunill, 2010; Martí et al., 2006). Lo novedoso del enfoque de Bernárdez reside en permitir que el lector conozca rasgos más específicos y singulares de diversas lenguas antiguas y recientes, en lugar de seguir la tendencia centrada en la descripción sistemática de rasgos comunes de distintas lenguas dentro de una familia, sin llegar a entrar en detalle. Es así como Bernárdez da la oportunidad al lector de convertirse en viajero, y no simplemente en turista.

La obra que nos ocupa, recientemente reseñada por Jiménez Palmero (2016), constituye la más reciente aportación en formato de libro de un catedrático que ha brindado más de 45 años de dedicación y trabajo a la ciencia en general y a la lingüística en particular. Viaje Lingüístico por el Mundo sigue la estela que

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Bernárdez dibujó en obras previas como El Lenguaje como Cultura (2008) o ¿Qué son las lenguas? (1999), encuadrándose en una tendencia que ha ganado en relevancia y aceptación en las últimas décadas hasta convertirse en prevalente: el lenguaje (y, por tanto, las lenguas) no emerge aislado del resto de funciones cognitivas y sociales del ser humano, sino que se entrelaza con ellas para formar un conjunto de competencias que se retroalimentan y cuyo resultado es la existencia de la herramienta más poderosa y efectiva para la interacción social (p. ej. Evans 2014, Cuyckens y Geeraerts 2007). Sin embargo, Bernárdez mantiene firme su compromiso con la divulgación científica desde una perspectiva abierta y huye de cualquier religión o dogma lingüístico, ejerciendo de guía en nuestro viaje “no a través de postulados teóricos ejemplificados, sino de la realidad de lenguas concretas”

(p. 13).

El libro está dividido en dos partes que se desarrollan tras una breve introducción a modo de índice de conceptos lingüísticos a los que se aludirá en el grueso del texto. En la primera parte, Bernárdez se ocupa de abordar el tema de la gran diversidad lingüística existente en el mundo a modo de presentación. En un fructuoso esfuerzo por dar cuenta de los factores que se hallan detrás de la existencia de múltiples lenguas, el autor cita y desarrolla la teoría de las zonas lingüísticas propuesta por Johanna Nichols, aludiendo a factores históricos (p. ej.

migraciones, cambios de hegemonía político-económica…) como los principales causantes de la multiplicidad lingüística (p.

39). Así pues, respaldando la teoría inicialmente apuntada por Tomasello (2005), Bernárdez se erige como un firme defensor de la visión del lenguaje como actividad para explicar la diversidad de lenguas, la cual es vista como algo natural e inevitable. El siguiente tramo se centra en describir el estudio de la diversidad lingüística y la agrupación de lenguas en distintas familias, lo cual es expuesto con el rigor que caracteriza al autor. De este modo, el lector es informado de las ventajas, desaciertos y limitaciones

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que presentan ciertos enfoques a la cuestión, como el método histórico-comparado, la comparación multilateral o las nuevas perspectivas en la agrupación de lenguas. Por último, esta parte introductoria concluye con la clasificación de las lenguas atendiendo a criterios tipológicos, donde se apunta la mayor validez de las clasificaciones de base sintáctica frente a las de base morfológica, si bien las primeras también presentan ciertos problemas.

En la segunda parte de la obra emprendemos rumbo a ocho lenguas que fueron elegidas siguiendo distintos criterios que las hacen peculiares, incluyendo en la visita los rasgos más característicos y tipológicamente llamativos de cada una (p. 14).

De este modo, pese a que todas las visitas comienzan con un breve apunte histórico-dialectal seguido de un sucinto análisis fonológico, cada una de ellas tendrá un énfasis distinto, ya que hay rasgos más peculiares que otros, al igual que al viajar por distintos territorios encontramos distintos monumentos (p. 13).

Es aquí donde iniciamos un viaje apasionante por distintas lenguas y culturas del mundo, sin exhaustividad, pero con alto grado de detalle.

La primera lengua solo podía ser la más antigua que se ha documentado: el sumerio (llamada eme-gir por los sumerios, sur de Mesopotamia, actual Iraq). En esta parada, el viajero tendrá la ocasión de conocer la importancia de la distinción entre seres animados e inanimados para esta lengua extinta (p. 90) o de entrar en contacto con un concepto recurrente en la obra: la ergatividad (p. 99). El segundo destino del viaje es el groenlandés (o kalaallisut en lengua local, Groenlandia), una lengua carente de flexión temporal (p. 122) y que conserva una cuarta persona gramatical (p. 123), además de un interesante rasgo diatético: la voz antipasiva (p. 126). La tercera parada es una de las más exóticas del recorrido: el samoano (o Gagana Sāmoa, archipiélago de Samoa, Pacífico Sur). El lector descubrirá cómo no existe una diferencia real entre sustantivo y verbo, ya que en samoano no se

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distinguen nombres y acciones, sino más bien estados o procesos, cosa que también afecta a las palabras que comúnmente se consideran adjetivos (p. 141). Asimismo, se contemplará la peculiar manera de comunicar los hechos y eventos por parte de los samoanos, quienes prefieren no indicar quién hace la acción (p. 148). Antes de marcharnos, el autor menciona otros rasgos de esta singular lengua, incluyendo el peculiar uso de los artículos (p. 150), la distinción entre pronombre inclusivo y exclusivo (p. 152) y la noción cultural de posesión alienable e inalienable (p. 157). La primera mitad del viaje en cuestión termina con el burúshaski (Paquistán), un destino asilado lingüísticamente (al igual que el primero, el sumerio) que cuenta con cuatro géneros gramaticales (p. 171) y un complejo sistema de formación del plural con «más de treinta posibles desinencias de plural» (p. 174). Otros de los monumentos más exclusivos de este destino son la existencia de un sufijo indeterminado a pesar de la inexistencia de un artículo determinado (p. 174) y la posibilidad de «sobredeclinar» el verbo, proceso a través del cual se pueden combinar distintas desinencias de caso (p. 178).

La segunda mitad del viaje se inicia con el quinto y menos poblado destino: el cha’palaa o cayapa (Ecuador). En esta parada el viajero tendrá la ocasión de entrar en contacto con fenómenos lingüísticos menos comunes como la evidencialidad o mediatividad (p. 197), así como la importancia de la noción de movimiento en la cultura cayapa, lo cual repercute en la formación verbal (p. 202). El recorrido continúa en nuestra sexta parada, el swahili (o kiswahili, originaria de Kenia, Tanzania e islas aledañas, lingua franca en África Central y Oriental), la cual contrasta con la anterior al ser la de mayor población. En ella, el lector dedicará tiempo observando rasgos fonológicos menos comunes en su ámbito lingüístico, aunque muy habituales en África (p. 212). Pese a su pertenencia a la familia bantú, el swahili carece de sistema tonal, lo que no impide que nuestro guía

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aproveche la ocasión para informarnos de la tonalidad, un rasgo lingüístico muy común (p. 215). La penúltima parada nos lleva al islandés (o íslenska, Islandia) una de las lenguas más jóvenes y seguramente una por las que Bernárdez siente más apego, dada su trayectoria académica. El autor aprovecha la parada en la cultura quizá más similar a la nuestra dentro del viaje para realizar una interesante reflexión sobre lengua y sexismo (p. 238).

Asimismo, el lector observará la voz media (también existente en español) y el interés de esta lengua por aclarar el grado de responsabilidad de alguien en la realización de una acción (p.

260). Nuestro viaje termina en la estancia más breve, que corresponde a la única lengua criolla del recorrido: el papiamento (Antillas Holandesas e islas de Aruba, Curaçao y Bonaire, Mar Caribe). En ella descubrimos cómo la ajetreada historia de la zona geográfica donde se habla repercutió en la lengua, lo cual sirve al autor para explicar el proceso de criollización y cómo se suele, injustificadamente, desprestigiar a las lenguas resultantes del mismo (p. 268). Por último, el autor ofrece una serie de ejercicios que refuerzan el carácter instructivo de su obra con el objeto de consolidar y poner en práctica los conocimientos adquiridos durante las distintas visitas.

Con esta rigurosa y sugestiva obra, Bernárdez pretende darnos a conocer la vasta inmensidad lingüística que atesora nuestra especie. Tal y como sugiere el subtítulo del libro, aquellos estudiosos de la lingüística encontrarán una herramienta con la que poder apreciar el campo de la tipología, así como las ideas básicas para emprender estudios relacionados con esta área. Sin embargo, el libro está escrito con un carácter didáctico que permite que aquellas personas no especialistas que estén interesadas en las lenguas del mundo puedan asimilar la información contenida a través de una lectura atenta. Con ello, el autor consigue abrir la mente del lector hacia formas menos familiares de estructurar el lenguaje. Esto le hará plantearse la

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adecuación de viejos mitos y falacias relativos al lenguaje y al prestigio de las lenguas.

En definitiva, Viaje lingüístico por el mundo es una feroz defensa de la diversidad lingüística y cultural que nos invita a reflexionar acerca del valioso patrimonio cultural que constituye el lenguaje en general y las lenguas en particular. De él se desprende la necesidad de implicarse en la conservación y protección de las distintas lenguas que componen el mapa lingüístico mundial, ya que «cada una representa una forma de organizar y expresar el mundo» (p. 275). Pese a que su anterior obra, El lenguaje como cultura, dé mayor cuenta de la relación existente entre cultura y lengua, Viaje lingüístico por el mundo constituye otra contribución provista de claros ejemplos de una verdad que cada vez es más irrebatible: el lenguaje no es una facultad aislada e independiente del resto de contexto socio-cultural. Al contrario, este influye, en combinación con factores cognitivos, biológicos e históricos, en el desarrollo y evolución del mismo. Sin duda, este hecho habría de servirnos a los lingüistas para tender puentes con el resto de la sociedad, especialmente con aquellos sectores que ven en la lingüística un campo ajeno a las inquietudes sociales y aislado del resto de disciplinas científicas.

A modo de postdata considero necesario señalar algunas erratas e imprecisiones incluidas en la versión final impresa que, sin rebajar la calidad del contenido del libro ni el trabajo del autor, desmerecen la presentación de la obra: la nota al pie en p.

68 (número 8 en la sección) comienza con el número 11, cuando probablemente no se pretendía su inclusión; la noticia a la que se refiere el autor en p. 94 como publicada en La Vanguardia el 4 de agosto de 2014 fue, en realidad, publicada el 5 de abril de 2013;

no quiero en p. 122 pretendía seguramente decir no quiere;

seontimiento p. 202; en p. 212 las grafías respectivas de las consonantes l y r en la grafía estándar (columna de la derecha) aparecen unidas, cuando deberían estar separadas.

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Referencias bibliográficas

Bernárdez, Enrique (1999): ¿Qué son las lenguas?, Madrid, Alianza.

––– (2008): El lenguaje como cultura, Madrid, Alianza.

Cuyckens, Hubert y Dirk Geeraerts, eds. (2007): The Oxford Handbook of Cognitive Linguistics, Oxford, Oxford University Press.

Evans, Vyvyan (2014): The language myth: why language is not an instinct, Cambridge, Cambridge University Press.

Fernández Flórez, Wenceslao (1986): El bosque animado, Madrid, Anaya.

Jiménez Palmero, Diego (2016): Reseña de Viaje lingüístico por el mundo: Iniciación a la tipología de las lenguas, de E. Bernárdez.

Estudios Interlingüísticos, 4, 121-124.

Junyent, M. Carmen y Cristina Muncunill (2010): El libro de las lenguas, Barcelona, Octaedro.

Martí, Fèlix, Paul Ortega, et al. (2006): Palabras y mundos: informe sobre las lenguas del mundo, Barcelona, Icaria.

Tomasello, Michael (2005): Constructing a Language: A Usage-Based Theory of Language Acquisition, Cambridge, MA: Harvard University Press.

Javier Olloqui Redondo Universidad Complutense de Madrid

Javier Olloqui Redondo es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad Complutense de Madrid en 2013 y realizó un máster en Lingüística Cognitiva en la Universidad de Bangor (Reino Unido), culminando en 2015 con una tesina sobre cognición y lenguaje espacial en inglés y español. Actualmente, es doctorando en el programa de Lingüística Inglesa de la Universidad Complutense de Madrid. Su artículo más reciente se titula ‘La patria en el discurso político de Pablo Iglesias: La construcción del concepto de patriotismo constructivo a través del lenguaje metafórico’, publicado por Cuadernos de Investigación filológica a finales de 2016. Asimismo, ha realizado ponencias en diversas instituciones, tanto de Reino Unido (Edimburgo, Bangor), como de España (Alcalá, Sevilla, Complutense y Comillas).

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