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Ya como marcador del discurso

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Academic year: 2022

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Ya como marcador del discurso

Un estudio descriptivo de la polifuncionalidad de la unidad lingüística ya en el lenguaje

juvenil de Madrid

Per Ambjørn Haga Flores Hvarnes

Masteroppgave i spansk språk 60 studiepoeng

Institutt for litteratur, områdestudier og europeiske språk Det humanistiske fakultet

Veileder: Alexandra Anna Spalek

01.06.2021

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II

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Ya como marcador del discurso

Un estudio descriptivo de la polifuncionalidad de la unidad

lingüística ya en el lenguaje juvenil de Madrid

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© Per Ambjørn Haga Flores Hvarnes 2021

Ya como marcador del discurso: Un estudio descriptivo de la polifuncionalidad de la unidad lingüística ya en el lenguaje juvenil de Madrid

Per Ambjørn Haga Flores Hvarnes http://www.duo.uio.no/

Trykk: Repropsentralen, Universitetet i Oslo

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V

Sinopsis

En las conversaciones coloquiales, la unidad léxica ya aparece a menudo como un marcador del discurso. El objetivo de este estudio pragmático es describir las funciones no adverbiales que el marcador del discurso ya desempeña en el lenguaje juvenil de Madrid. Conocido como adverbio de tiempo, ya se ha estudiado como un elemento léxico que cambia de valor según el aspecto del emisor. Los estudios de ya más elaborados se dedican a sus valores temporales, aspectuales y modales en la predicación oracional (Urdiales Campos 1973, Girón Alconchel 1991), aunque se ve un auge en el interés por sus funciones pragmáticas en el discurso oral (Delbecque y Maldonado 2011, Del Puy Ciriza et. al. 2013). Respecto al lenguaje juvenil, sus conversaciones son claramente coloquiales, con un frecuente uso de marcadores del discurso (Zimmermann 2002, Herrero 2002, Andersen 2001, Stenström y Jørgensen 2008).

El material analizado para el presente estudio son conversaciones cotidianas entre adolescentes, las cuales han sido grabadas y transcritas al Corpus Oral del Lenguaje Adolescente de Madrid (COLAm), creado por el Proyecto COLA (www.colam.org). Este corpus contiene más de 3600 casos de ya, entre los cuales hay una gran variedad, tanto de no adverbiales como adverbiales.

De modo que, el procedimiento del presente estudio es hallar los casos no adverbiales de ya e identificar las distintas funciones pragmáticas que desempeña en cada caso.

En mi análisis, argumento que ya es un marcador polifuncional y dinámico, que se adapta fácilmente a una amplia variedad de aspectos. El análisis se divide en tres partes para describir las funciones que el marcador del discurso ya puede desempeñar: (i) metadiscursivas, (ii) modalizadoras e (iii) interpersonales. Sostengo que las funciones metadiscursivas de ya son principalmente la recepción de mensajes oídos, además de otras funciones en la alternancia de turnos de habla. Postulo que ya puede expresar las actitudes subjetivas del locutor, y de ahí que marca la modalidad epistémica o la modalidad deóntica, de maneras diversas. Explico cómo algunos usos particulares de ya crean enlaces interpersonales, de manera directa o indirecta, apelando por la atención del interlocutor o marcando su “terreno en común”. La fuerza ilocutiva de ya depende de factores suprasegmentales, como el tono de voz, o gestos corporales y expresiones faciales, entre los cuales solo he podido observar lo audible. En síntesis, describo ya como un “camaleón” de significados y funciones, y por tanto su alta frecuencia no se debe descartar como redundante.

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VI

Agradecimientos

Primero quiero agradecer a mi supervisora, Dra. Alexandra Anna Spalek. Le agradezco por guiarme a través de todos los pasos de mi tesina, y el tiempo que se tomó incluso en fines de semana para responderme. Sus consejos, comentarios y mensajes de ánimo fueron fundamentales para llevar a cabo este trabajo.

Esta tesina no hubiera sido posible sin el Corpus Oral de Lenguaje Adolescente de Madrid, y por eso les estoy muy agradecido a Annette Myre Jørgensen y todos los participantes involucrados en el Proyecto COLA. Gracias por otorgarme el acceso al corpus.

Gracias a mi familia, en especial a mis padres y a mis suegros, por los ánimos que ustedes me daban para proseguir con mi maestría, cuando yo tenía mis dudas. Muy en especial quiero agradecer a mi esposa Nataly por toda su ayuda, su apoyo y su paciencia. ¡Te amo! Gracias a Amy por acompañarnos en el año de cuarentena, y a Noe por siempre ser “buena onda”.

Además, debo un gracias a todos mis compañeros de estudio, tanto en la Universidad de Oslo (UiO) como en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) en La Paz, Bolivia. Juntos hemos aprendido, disfrutado y sufrido. También los docentes y licenciados de la UMSA y de la UiO merecen su gracias, además de los profesores que me han enseñado español en otras escuelas.

Agradezco a Dios por darme el tiempo para realizar este trabajo, a pesar de todos los obstáculos de la vida cotidiana.

A todos los jóvenes de las ciudades de La Paz y El Alto: Ustedes son mi inspiración para hacer este estudio. ¡Gracias! Merecen su propio corpus oral. ¡Ya! ¡Sigan adelante y estudien! ¡Yaa!

¡Jallalla los jóvenes bolivianos! ¡Yaaa!

Per Ambjørn Haga Flores Hvarnes Sandefjord, 01.06.2021

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VII

Prólogo

“¡Yaaa!” gritaban los jóvenes de La Paz y El Alto. Entre 2008-2010 radiqué dos años en la región occidental de Bolivia. Mis actividades se desarrollaron en la joven ciudad de El Alto, donde trabajé como asistente de la materia de inglés en una escuela pública, y en la llamada ciudad maravilla, La Paz, donde estudié historia en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Poco a poco los estudiantes me hacían ser consciente de que ya no siempre significa lo que me contaban mis profesores o lo que se traduce en los diccionarios. Algunas veces sonaba como el ja de noruego, mi idioma nativo, e incluso parecía tener el mismo significado cuando se usaba para demostrar acuerdo o interés por lo que se decía. Otras veces, cuando los paceños y los alteños terminaban sus enunciados con un ya con tono interrogativo, me daba cuenta de que querían asegurar que se entendía el mensaje, y para mantener la atención de los otros integrantes del grupo. Pero lo más interesante fue cuando empecé a entender que los jóvenes, tanto adolescentes del colegio como estudiantes universitarios, emitían ya en coro de mil maneras diferentes. ¿Qué querían decir con ya? Típicamente lo decían en vez de reírse. Por cada comentario chistoso que se hacía, se elevaba su tono de voz y el volumen con ello, hasta que se culminaba en un grito colectivo de un ya alargado que se transformaba a una risa: “¡Yaaa- jajaja!”. Era como una erupción volcánica de voces.

Si el próximo comentario era muy chistoso, seguía el coro de ya. Si era menos chistoso, todavía decían un ya en coro, pero sin el mismo entusiasmo, lo decían como si fuese una muestra de solidaridad entre amigos: una reacción por el buen intento. En cambio, si se seguía con un mal chiste, dirían “¡Yeee!” con un tono agudo e irónico, para rechazar el chiste. De todo esto yo deducía que la intensidad y el tono de voz indicaba el significado del elemento léxico ya.

Además, para alguien que no era del ambiente juvenil paceño o alteño, era casi imposible adivinar cuándo era un momento correcto de emitir un ya en vez de reír. Y cuando yo hacía chistes, se reían, pero sin gritar ya. No porque no les gustaba mi humor, pues la risa era real. Se requería, entonces, de un conocimiento y un saber grupal para lograr el mismo efecto. Es un fenómeno tanto sociológico como lingüístico, y por eso el marco pragmático sociocultural es un enfoque adecuado para estudiar este elemento léxico. Los jóvenes del occidente boliviano gritaban “¡Yaaa!” en 2010 y siguen gritándolo hoy en día. Esta vez lo investigo en otro continente, para ver cuáles son sus usos entre los jóvenes de Madrid.

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VIII

Abreviaciones y signos de transcripción

Abreviaciones

AAI Actos amenazantes para la imagen

COLAm Corpus Oral de Lenguaje Adolescente de Madrid DLE Diccionario de la lengua española

LAT Lugar apropiado para la transición RAE Real Academia Española

Signos de transcripción del Corpus Oral de Lenguaje Adolescente

[ ] Solapamiento XXX Habla poco clara

% Palabra interrumpida

/ Entonación ascendente de pregunta

\ Entonación descendiente de pregunta . Pausa de un segundo

.. Pausa de dos segundos

Pausa de tres segundos

(https://blogg.hiof.no/colam-esp/el-corpus-cola/)

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Índice

1 Introducción ... 1

1.1 Introducción al tema ... 1

1.2 Objetivo ... 3

1.3 Disposición ... 4

2 Marco teórico ... 6

2.1 Enfoque pragmático sociocultural ... 6

2.1.1 La fuerza ilocutiva ... 7

2.1.2 La inferencia ... 8

2.1.3 La cortesía verbal ... 9

2.1.4 La atenuación y la intensificación ... 12

2.2 El discurso oral ... 12

2.2.1 La conversación coloquial ... 15

2.2.2 El lenguaje juvenil ... 16

2.3 Los marcadores del discurso ... 19

2.3.1 Taxonomía de los marcadores ... 19

2.3.2 Una división funcional ... 21

2.4 Estudios previos de los valores de ya ... 23

2.4.1 Los valores proposicionales de ya... 24

2.4.2 Ya como marcador del discurso ... 27

2.4.3 Resumen ... 29

3 Material y método ... 30

3.1 El corpus COLAm ... 30

3.2 Los datos ... 31

3.3 Método de análisis ... 33

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X

4 Análisis de datos ... 36

4.1 Funciones metadiscursivas de ya ... 37

4.1.1 Ya en la función de reaccionar y recibir el mensaje ... 38

4.1.2 Ya en la función de recibir el mensaje y tomar el turno ... 42

4.1.3 Ya en la función de mantener el turno ... 45

4.1.4 Ya en la función de cerrar el turno ... 46

4.1.5 La polifuncionalidad del ya metadiscursivo ... 49

4.1.6 Resumen ... 51

4.2 Funciones modalizadoras de ya ... 52

4.2.1 La modalidad epistémica (i): Ya como marcador de conocimiento ... 54

4.2.2 La modalidad epistémica (ii): Ya como marcador de evidencia ... 56

4.2.3 La modalidad epistémica (iii): Ya como marcador de concesión ... 59

4.2.4 La modalidad deóntica (i): Valores volitivos de ya ... 61

4.2.5 La modalidad deóntica (ii): Valores afectivos de ya ... 67

4.2.6 Funciones modalizadoras de ya como marcador reactivo del humor ... 70

4.2.7 Resumen ... 73

4.3 Funciones interpersonales de ya ... 74

4.3.1 Ya en función de enfocar la alteridad ... 74

4.3.2 Ya como marcador de la elipsis contextual ... 78

4.3.3 Resumen ... 83

5 Conclusión ... 85

5.1 Las funciones pragmáticas de ya ... 85

5.2 Los valores socioculturales de ya ... 87

5.3 El camino adelante ... 88

Bibliografía ... 90

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1 Introducción

El propósito de este estudio pragmático es analizar las funciones no adverbiales de la unidad léxica ya en el lenguaje coloquial de adolescentes madrileños. Antes de elaborar el objetivo, introduzco los conceptos clave del tema en cuestión.

1.1 Introducción al tema

Los marcadores del discurso son elementos marginales en el enunciado. No tienen una función sintáctica dentro del contenido proposicional, pero guían las inferencias de la comunicación (Martín Zorraquino y Portolés Lázaro 1999: 4057). Son heterogéneos en su forma, ya que provienen de una variedad de clases de palabras como, por ejemplo, adverbios, verbos, sustantivos y conjunciones, además de locuciones compuestas (Calsamiglia Blancafort y Tusón Valls 2012: 235). Los marcadores del discurso representan un abanico de funciones pragmáticas, por lo que pierden parcial o enteramente su significado léxico-semántico original.

En las conversaciones, dependiendo de sus cualidades léxicas, los marcadores del discurso sirven para: estructurar el discurso y de esta manera asegurar la cohesión discursiva, evitar malentendidos, respetar el orden de turnos, facilitar la cooperación, pedir la atención, cambiar de tema, expresar acuerdo o duda, y otras actitudes subjetivas del emisor (ibid.: 239).

Cuando se trata de las relaciones interpersonales en la comunicación, es importante mencionar que los marcadores desempeñan un rol central en las estrategias de cortesía (Landone 2009), que Escandell Vidal (2013: 142-145), a su vez, define como un conjunto de normas sociales que regulan el comportamiento de los miembros de cualquier grupo social. En el discurso oral la cortesía resulta fundamental como estrategias conversacionales que sirven para evitar o mitigar conflictos.

Según Fedriani y Sansò (2017: 1), las investigaciones sobre marcadores del discurso han incrementado bastante en las últimas décadas. Este auge ha producido numerosos nuevos enfoques y una diversidad de conocimientos sobre sus funciones, algo que ha dificultado establecer categorías o subdivisiones categóricas. Cabe precisar que, dada la falta de consenso sobre la taxonomía de los miembros no proposicionales del discurso, así como cierta variación

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terminológica, el presente trabajo trata los términos marcadores pragmáticos y marcadores del discurso como sinónimos. Asimismo, se utiliza el término marcadores del discurso como hiperónimo, es decir, como categoría principal de posibles subtipos de marcadores y de sus funciones. El foco central del presente trabajo son las funciones conversacionales, aquellas funciones que tienen una relevancia en el discurso oral coloquial.

Según Martín Zorraquino (2008: 19-20), varios adverbios pueden funcionar como marcadores del discurso cuando aparecen fuera de sus funciones habituales, es decir, cuando no modifican un verbo, un adjetivo u otro adverbio. Pueden, sin embargo, desempeñar funciones diferentes en el discurso. Sirven, por ejemplo, como conector entre enunciados, entre partes de enunciados, y entre el emisor y su mensaje, etc. Eso es los que ocurre en el caso de ya, lo que lo convierte en un marcador del discurso. Ya a finales de los años noventa, Martín Zorraquino y Portolés Lázaro (1999: 4192) se refieren a la unidad léxica ya como marcador metadiscursivo conversacional, donde su función es marcar la recepción de un mensaje emitido por un interlocutor, es decir, otro participante de la conversación.

Ya tiene una gran variedad de significados que dependen del contexto. Etimológicamente deriva del adverbio temporal IAM del latín (Delbecque y Maldonado 2011: 73), y tiene muchos valores en común con las formas que se han desarrollado en otros idiomas romances (Hansen 2014).

Como adverbio, ya describe un punto en el tiempo o un aspecto del desarrollo de un acto. El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española (DLE/RAE) asigna nueve definiciones a ya, entre las cuales ocho son de adverbio temporal/aspectual. Los usos coloquiales son poco descritos, y se resumen en dos frases: “[interjección coloquial usada] para denotar que se recuerda algo o que se cae en ello, o que no se hace caso de lo que se dice.

[Usada] repetida, y de esta manera expresa también idea de encarecimiento en bien o en mal”

(DLE 2020). De igual manera, ya aparece como partícula en otras expresiones y locuciones compuestas.

Sin embargo, existen estudios mucho anteriores a la actual edición del DLE que indican que los usos coloquiales de ya varían entre las regiones de España y que ya “puede tener variados matices: de comprensión, de simpatía, de tolerancia, de sorpresa, de escepticismo, de ira, enriquecidos y completados por el contexto lingüístico y extralingüístico” (Urdiales Campos 1973: 150). Girón Alconchel (1991: 120) considera que el significado del adverbio ya es esencialmente modal, por sus rasgos de “señalar un cambio esperado por el locutor en un proceso orientado.” En los casos donde ya aparece independientemente o al margen del

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3 contorno oracional, Girón Alconchel lo reduce a una interjección, un elemento de énfasis o “una clase especial de adverbio de modalidad que implica la idea de tiempo” (ibid.: 112). En efecto, esta unidad léxica tiene una gran variedad de usos, dado que sus valores semánticos y funciones pragmáticas varían según el contexto. Curcó y Erdely (2018: 41) argumentan que ya tiene una dinamicidad que le permite tener un significado procedimental, por lo que su fuerza es guiar al destinatario a la interpretación de la oración, también como adverbio. Lo que queda claro en estos estudios es que los casos marginales de ya son particulares para el discurso oral coloquial, y aunque no carezcan de valor semántico, sus significados son fundamentalmente pragmáticos.

Los usos coloquiales de ya no son exclusivos del habla juvenil. No obstante, mi análisis muestra que el uso de ya en las conversaciones de adolescentes madrileños es extremadamente frecuente. Ellos se debe a que los jóvenes tienen un alto uso de marcadores del discurso, muy especialmente todo tipo de elementos fático-apelativos, que sirven para marcar la conexión con su interlocutor (Herrero 2002: 89). Según Zimmermann (2002: 140), es importante estudiar el lenguaje juvenil porque sus renovaciones son parte del desarrollo del lenguaje y, de hecho, están en constante competencia con el lenguaje estándar. El desafío más grande de estudiar el lenguaje de los adolescentes yace en los cambios rampantes en el uso del lenguaje. Aun así, Zimmermann subraya que este grupo social es particularmente interesante para analizar las condiciones sociales que crean cambios lingüísticos en general. Además, según Jørgensen (2013: 153), es útil analizar conversaciones de la capital del país, porque el lenguaje de las capitales tiende a tener un prestigio y consecuentemente repercute sobre las otras regiones del país. Las conversaciones que se analizan en este estudio son entre adolescentes de varios colegios en Madrid, y fueron grabadas durante la década 2000-2010. Las grabaciones se han transcrito al Corpus Oral de Lenguaje Adolescente de Madrid (COLAm 2008). De este modo, el estudio tiene una delimitación respecto a lugar (Madrid), tiempo (2000-2010) y edad (13-19 años), aunque no se haga distinciones entre las clases sociales de los adolescentes.

1.2 Objetivo

Como mencioné inicialmente, el objetivo de este estudio es hacer un análisis descriptivo de las funciones no adverbiales que ya desempeña en el habla de los adolescentes de Madrid. Dada su alta frecuencia en el habla juvenil, parto de la hipótesis de que ya sirve como una herramienta polifuncional que puede adaptar nuevos significados pertinentes al tema y contexto en cualquier

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conversación coloquial. Con el corpus del lenguaje juvenil como base empírica, pretendo describir cierta variación en los usos de ya adyacente al contenido proposicional de los enunciados.

Según la bibliografía revisada, no existen estudios similares sobre los usos pragmáticos de ya en los ambientes juveniles de Madrid. A mi parecer esta carencia crea un vacío en el conocimiento de los marcadores del discurso, por lo que espero que mi análisis pueda contribuir a llenar ese vacío. El lenguaje juvenil se presta extraordinariamente bien a un estudio de este tipo, pues los jóvenes están innovando constantemente. Ello se ve particularmente bien cuando describo cómo ya puede tener varias funciones simultáneamente, y que puede servir como mecanismo de cooperación discursiva a la vez que contribuye a la cohesión social.

Dado que ya funciona como marcador del discurso, planteo dos preguntas de investigación:

¿Qué funciones pragmáticas desempeña la unidad léxica ya en las conversaciones coloquiales de los jóvenes madrileños? Respondiendo esta pregunta, quiero responder una segunda: ¿Qué valores socioculturales tiene ya en la creación de la identidad grupal juvenil?

1.3 Disposición

Empezando esta tesina con el presente capítulo, he introducido el tema y he planteado el objetivo con las preguntas de investigación. En el segundo capítulo presento la base teórica usada para corroborar mi análisis y justificar mis hallazgos. Los temas teóricos se tratan en cuatro apartados: el primer apartado trata del enfoque pragmático con un aspecto sociocultural, y abarca los términos la fuerza ilocutiva, la inferencia, la cortesía verbal, la intensificación y la atenuación. El segundo apartado del capítulo teórico va dedicado al discurso oral, donde explico las características de la conversación coloquial y del habla juvenil. El tercer apartado del capítulo dos es donde defino los marcadores del discurso y sus subcategorías funcionales. El cuarto y último apartado es un repaso de estudios centrales de los valores de ya. Allí explico cómo algunos de esos estudios describen ya como marcador del discurso.

En el tercer capítulo presento el material y el método utilizado en el análisis. Describo el Corpus Oral del Lenguaje de Adolescentes de Madrid (COLAm) y proporciono una explicación de los procedimientos empleados para el análisis de datos y el método de este trabajo. En el cuarto

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5 capítulo describo en detalle mi análisis de los datos recogidos en COLAm. Se divide en tres partes principales, es decir, un subapartado por cada clase de funciones pragmáticas que ya ejerce en las conversaciones de los jóvenes. Los apartados del análisis son: (i) las funciones metadiscursivas de ya, donde se describen las funciones que tienen que ver con la cohesión discursiva, y donde ya conecta las unidades del discurso; (ii) las funciones modalizadoras de ya, que son los casos donde ya expresa una actitud subjetiva sobre el contenido del enunciado, y conecta el emisor con su mensaje; (iii) las funciones interpersonales de ya, es decir, las que enfocan la alteridad o la relación que hay entre emisor y destinatario.

En el quinto capítulo proporciono un resumen de las funciones que ya puede desempeñar, siendo un marcador del discurso. Defiendo su importancia y rol en el lenguaje juvenil madrileño, para desarrollar mis conclusiones sobre las preguntas de investigación de este estudio.

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2 Marco teórico

Los múltiples significados de ya exigen delimitar muy bien el objetivo de la investigación. Ya como adverbio es un deíctico polisémico, según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española (DLE/RAE). Se trata, por tanto, de una unidad léxica que se carga de significado según el contexto situacional y aspectual del enunciado en el que ocurre (DLE 2020). El presente trabajo estudia los usos no adverbiales de ya en conversaciones coloquiales de adolescentes, es decir que se trata de valores funcionales de ya. Es estos casos, el significado de ya no se carga conceptualmente en la situación, sino se recupera a través de un proceso inferencial o procedimental. Mi estudio se engloba así en el marco teórico de la pragmática.

Este capítulo se dispone en cuatro apartados: El primer apartado consiste en el enfoque pragmático, al que considero ser el más relevante para mi estudio, además de que es importante tomar en consideración criterios socioculturales a fin de tomar en cuenta el contexto de los adolescentes y de su particular manera de interactuar. El segundo apartado está dedicado a las definiciones del discurso oral, la conversación coloquial y el lenguaje juvenil. En el tercer apartado, defino cómo se entiende el concepto de marcador del discurso en el presente estudio, con un intento de taxonomía y categorización de sus varias funciones pragmáticas. Finalmente, en el cuarto apartado hago un repaso por algunos estudios importantes de ya y cómo se lo puede definir como un marcador del discurso.

2.1 Enfoque pragmático sociocultural

El significado de un enunciado no es constante, dado que ciertas unidades de un enunciado pueden cambiar de significado según el contexto. La situación del enunciado tiene un contexto único que implica elementos como el espacio, las personas y su cultura. El estudio de estos factores se define como la pragmática. Escandell Vidal escribe al respecto:

[Se] entiende por pragmática el estudio de los principios que regulan el uso del lenguaje en la comunicación, es decir, las condiciones que determinan tanto el empleo de un enunciado concreto por parte de un hablante concreto en una situación comunicativa concreta, como su interpretación por parte del destinatario (Escandell Vidal 2013: 15-16).

Siguiendo la explicación de Escandell Vidal, la pragmática toma en cuenta los factores extralingüísticos como el contexto extralingüístico, el conocimiento del mundo, las personas que interactúan y su intención. En ese sentido, la comunicación es más que simplemente

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7 codificar y descodificar a través de las representaciones fonológicas y unidades semánticas definidas por un diccionario. El destinatario que recibe un mensaje tiene que “leer entre líneas”, y su interpretación de un mensaje depende del contexto y un conocimiento del mundo compartido por los interlocutores. Véase el siguiente ejemplo del Corpus Oral de Lenguaje Adolescente de Madrid (COLAm 2008):

(1) 1 MABPE2G01: je je je llevas las bragas por el ombligo 2 MABPE2J01: no era era broma tío no las llevaba bueno 3 MABPE2G01: ya ya anda tonta

(Mabpe2-08)1

Mientras que el significado léxico de ya como adverbio tiene que ver con el tiempo, el ejemplo (1) muestra claramente que ya ya sirve para expresar la actitud de incredulidad. Es el orden de palabras el que revela su significado no adverbial, además del énfasis por la duplicación y el tono de la voz del locutor. Todos estos factores contribuyen a definir el significado pragmático de ya. En síntesis, Escandell Vidal (2013: 41) lo explica así: el significado no semántico es pragmático, y requiere de interpretación de parte del interlocutor.

A fin de llevar a cabo un análisis pragmático de ya utilizo elementos del análisis del discurso, respaldándome en la afirmación de Calsamiglia Blancafort y Tusón Valls (2012: 11) de que todos los análisis del discurso son pragmáticos. Por eso considero que este estudio es un análisis pragmático del discurso oral. Más específicamente se trata de analizar ya en el contexto de conversaciones coloquiales y espontáneas, donde la interacción es altamente improvisada.

Otro componente importante de mi análisis es la cortesía verbal, y las relaciones interpersonales entre los interlocutores adolescentes. De esta forma mi análisis toma en consideración tanto los aspectos pragmáticos como los socioculturales. Podría decirse que el enfoque del presente trabajo es sociopragmático, o en palabras de Bravo y Briz (2004):

pragmática sociocultural.

2.1.1 La fuerza ilocutiva

Searle (1969) define todos los usos de lenguaje como formas de acción. Son, pues, actos ilocutivos que, según Austin (1962), se realizan al decir algo con una intención. Por ejemplo,

1 Casos de ya en negrita

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8

la fuerza ilocutiva decide si el acto de emitir palabras se puede entender como aconsejar, sugerir u ordenar. Según Searle, el acto de habla representa la unidad mínima de la comunicación.

Searle distingue entre cinco actos de habla: (i) asertivos, al decir cómo son las cosas; (ii) directivos, al tratar de hacer que alguien haga algo; (iii) compromisivos, al comprometerse a hacer algo; (iv) expresivos, al expresar sentimientos y actitudes; (v) y las declaraciones, al producir cambios mediante emisiones (Escandell Vidal 2013: 59-67). Aplicados los actos de habla al caso de ya, destaca que ya frecuentemente confirma la veracidad de un acto asertivo o la recepción de un acto directivo. En lo que sigue explico a más detalle que ya asume un rol para regular la fuerza ilocutiva de los actos de habla mediante procesos de inferencia y estrategias de cortesía.

2.1.2 La inferencia

Siguiendo la teoría de la relevancia de Sperber y Wilson (1995), se considera la comunicación como la transición de mensajes de una mente a otra. La pragmática, sin embargo, nos explica cómo al comunicar frecuentemente obviamos mucha parte de la información requerida para una descodificación satisfactoria del mensaje. Según Escandell Vidal (2013: 33), la información pragmática comprende todos los conocimientos, creencias y supuestos que son parte del mundo mental de cada persona. Los interlocutores suelen compartir parcelas de información, sea esto porque conocen las mismas personas, porque comparten el mismo gusto por la música o porque pertenecen al mismo grupo social. Eso les permite a los interlocutores mantener un intercambio aparentemente simple donde mucha parte de esta información compartida se comunica de forma implícita. Para interpretar la información implícita, el destinatario necesita inferirla a través de un proceso cognitivo. Sperber y Wilson (1995: 23) defienden que la comunicación no es exitosa si el destinatario solamente entiende el significado lingüístico del mensaje. Además del significado del enunciado le hace falta inferir el significado intencional del emisor. En una conversación el emisor codifica el mensaje en un contexto determinado y la comprensión del mensaje depende de la habilidad del destinatario para descodificar el mensaje. Según Sperber y Wilson, el proceso de comprensión inferencial es global, en el sentido de que el destinatario usa todo su conocimiento del mundo para deducir la intención del mensaje del emisor. Los autores dicen que la comprensión de enunciados normalmente se hace instantáneamente, y para deducir su significado, el conocimiento que se utiliza tiene que ser accesible inmediatamente después del enunciado (ibid.: 66-67). La comunicación ostensiva-inferencial complementa al

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9 significado semántico, y, según muestran mis datos, es esta combinación que resulta tan crucial en el caso de la comunicación juvenil. Trato este asunto en más detalle en el apartado 2.2.2.

También Blakemore (2002: 60) pone en relieve la importancia de los marcadores del discurso para el significado de un enunciado. Defiende pues que el significado de un mensaje es procedimental, ya que la comunicación pasa por procesos cognitivos. Según Blakemore, el proceso inferencial “integrates the output of the decoding process with contextual information in order to deliver a hypothesis about the speaker’s informative intention” (ibid.). La autora menciona, además, que la inferencia se guía por elementos como los marcadores del discurso (véase el apartado 2.3).

2.1.3 La cortesía verbal

Según Bravo (2009: 58) la finalidad de la cortesía verbal es quedar bien con la otra persona que participa en la actividad comunicativa, y el efecto social deseado es una interacción que realza la relación interpersonal. La teoría de la cortesía verbal es una continuación de Grice (1975) y su máxima de “ser cortés” para lograr la mejor cooperación interaccional. Es un aspecto sociolingüístico de las interacciones, y por eso es relevante para las conversaciones espontáneas de los adolescentes. Entonces, ¿qué significa quedar bien con el otro?

El modelo de Brown y Levinson (1987: 61-62) presupone que todo individuo adulto quiere mantener y proteger su imagen (face en inglés), ante los otros miembros de su grupo social, que se conoce como in-group en los estudios sociales como la sociología o la sociolingüística. El término in-group se usa para definir un grupo con el que los miembros se identifican, y se basa en factores como cultura, costumbres, historia, intereses, lenguaje o jerga, etc. La imagen se refiere a la imagen pública que una persona tiene de sí misma, y es así una autopresentación de su identidad ante otras personas. Según los autores, cada persona que es capaz de actuar en una sociedad como adulta, considera su imagen desde dos aspectos: (i) La imagen negativa: el deseo de cada persona de no ser impedido por otros. Esto implica que nadie invade su

“territorio” o le imponga algo, es decir, que tenga libertad de acción. (ii) La imagen positiva: el deseo de cada persona de que sus intereses sean deseados por otros, e incluye la percepción que los otros tengan de su personalidad. En un diálogo se hallan, entonces, como mínimo cuatro imágenes públicas, ya que cada interlocutor tiene dos “caras”. Se asume que los miembros de

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un grupo social, al interactuar, cooperan entre sí para mantener sus imágenes, porque la fragilidad de la imagen es constante.

Esta fragilidad hace que la imagen esté en peligro de dañarse en cada interacción. En las conversaciones hay actos que dañan la imagen, positiva o negativa, y Brown y Levinson (1987:

65) los denominan ‘face threatening acts’ (FTA), o Actos Amenazantes para la Imagen (AAI).

Un emisor puede dañar su propia imagen o la del destinatario, dependiendo del tipo de acto de habla que se emite. Un acto que amenaza la imagen negativa del emisor es el de excusarse o aclarar un acto que ha sido criticado por el interlocutor, crítica que según el emisor no es pertinente. El acto de pedir perdón amenaza la imagen positiva del emisor cuando se arrepiente de lo que ha hecho. Actos que amenazan la imagen positiva del destinatario son los insultos, la crítica, el desacuerdo, las interrupciones, entre otros. Finalmente, los actos que amenazan la imagen negativa del destinatario son mandatos, prohibiciones, peticiones, propuestas, consejos, amenazas explícitas, etc. Incluso el acto de ofrecer algo puede amenazar la imagen negativa del destinatario, porque le exige así tomar la decisión de aceptar o rechazar lo que se le ofrece (Brown y Levinson 1987: 65-68).

Por lo tanto, la cortesía es la mejor forma de interactuar y mantener intacta la imagen pública de los interlocutores. En caso de un AAI, hay ciertas estrategias reparadoras para la imagen del destinatario.

Además, Brown y Levinson (1987: 70) distinguen entre dos tipos de cortesía: positiva y negativa. La cortesía positiva se dirige a la imagen positiva que el destinatario reclama por sí mismo. Es un acto de acercamiento donde el emisor complace la imagen del destinatario, indicando así que algunos de los deseos o intereses del emisor son los mismos que los del destinatario. La amenaza de la imagen se minimiza, porque se enfoca la reciprocidad del in- group, y se implica que el AAI no es una evaluación negativa de la imagen del destinatario. La cortesía negativa, en cambio, se dirige a la imagen negativa del destinatario, y complace su deseo de mantener su libertad de acción. Se trata de eludir la imposición contra el destinatario, y en caso de transgredir su territorio de autodeterminación, el emisor debe pedir disculpas.

Brown y Levinson (1987) describen los usos verbales de cortesía como universales, aunque sus estudios se centran fundamentalmente en adultos. El presente trabajo se ocupa estrictamente de estudiar conversaciones de adolescentes madrileños. Sobra decir que las relaciones sociales entre adolescentes difieren de las relaciones entre adultos y como consecuencia no se puede dar

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11 por sentado que todos los AAI de Brown y Levinson (1987) se pueden interpretar como amenazantes por igual. Bravo (2004) propone una perspectiva para interpretar lo que sucede en la interacción que sirve de aproximación al grupo social:

Esta perspectiva consiste en observar la relación entre comportamiento comunicativo y las creencias y la visión del mundo de los hablantes, visión que se supone capaz de proyectarse hacia la comunidad de pertenencia, al mismo tiempo que es influenciada por esa misma comunidad (Bravo 2004: 33).

La perspectiva de Bravo va en la línea de la observación de Kerbrat-Orecchioni (2004) quien, tras preguntase si la cortesía es universal, responde que sí y que no a la vez. Es decir, la cortesía sí es universal, porque cada sociedad y cultura tiene su forma de convivir en armonía y evitar los conflictos. A la vez, la cortesía no es universal, porque “sus formas y sus condiciones de aplicación (quién debe ser cortés, frente a quién, de qué manera, en cuál circunstancia y situación comunicativa) varían sensiblemente de una sociedad a otra” (ibid.: 40). Según Kerbrat-Orecchioni, el modelo de Brown y Levinson es muy productivo para explicar muchas actitudes en la comunicación, sin embargo, tiene ciertas debilidades en cuanto a sus capacidades descriptivas. Al parecer, dice Kerbrat-Orecchioni, es un modelo bastante pesimista, y la mayoría de las estrategias tienen como motivo limitar las amenazas de los AAI. Kerbrat- Orecchioni opina que carece de la noción de Actos Agradadores de Imagen (FFA, del inglés,

‘Face Flattering Acts’), como contraste de AAI, y que de manera optimista se pueden considerar “actos anti-amenazantes”.

En el presente estudio, debemos recordar siempre que la juventud construye su propia esfera cultural, donde cada in-group se puede considerar una micro-sociedad con sus reglas propias.

Se alejan de la cultura adulta y establecida, y cada grupo puede crear sus jergas y rituales, en los cuales las reglas de cortesía varían (véase apartado 2.2.2 sobre el lenguaje juvenil). En este contexto conviene tener en cuenta que hay autores como Kerbrat-Orecchioni (2004: 49), que manejan toda una variedad de tipos de cortesía, como la descortesía, la acortesía o la supercortesía. Ello pone en claro que la falta de cortesía no necesariamente significa ser descortés, y que actuar de manera cortés no necesariamente es ser cortés. Para poner un ejemplo más concreto, Haverkate (2004: 55) señala que las clases socioeconómicas menos privilegiadas tienden a establecer lazos de solidaridad cultural, y por eso su discurso se llena de la cortesía positiva, mientras que las clases más altas se distancian más interpersonalmente, usando así la cortesía negativa. De la misma forma hay tendencias nacionales, y Haverkate (2004: 64) defiende que España se inclina hacia la cortesía positiva y la solidaridad interpersonal, mientras que, en otras culturas como la holandesa y la británica, se inclinan más hacia el distanciamiento interpersonal y la cortesía negativa.

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12

2.1.4 La atenuación y la intensificación

La intensidad en un enunciado se puede medir por dos efectos opuestos: intensificación y atenuación. Según Lakoff (en Albelda Marco y Mihatsch 2017: 9) el concepto hedge trata de elementos intensificadores y deintensificadores, también conocido como atenuadores, que afectan la fuerza ilocutiva del enunciado:

La atenuación o intensificación del grado de la fuerza ilocutiva de un acto de habla puede hacer, por ejemplo, que un enunciado directivo se exprese a través de una orden, de una petición o de una sugerencia […]. Se habla así de una escala que va de la intensificación a la atenuación, en la que los hablantes eligen el modo de expresión de este continuum de acuerdo con los efectos perlocutivos esperados y con los cálculos contextuales (Albelda Marco y Mihatsch 2017: 10).

Briz Gómez (2017: 43-44) define la intensificación y la atenuación como estrategias pragmáticas relacionadas con la actitud del emisor para lograr su fin ilocutivo. Los elementos intensificadores son realzadores, lo que en la cortesía significa el acto de realzar al destinatario de manera positiva. Briz (2016: 468) apunta a la intensificación como una constante de la interacción coloquial, y menciona que funciona como un refuerzo de la verdad de lo que se expresa, o para hacer válida la intención ilocutiva. Siguiendo la misma idea, Albelda Marco (2007) opina que la intensificación pragmática es una estrategia evaluativa de la modalidad proposicional, y que “refuerza la implicación del hablante en la comunicación e imprime un grado mayor de lo dicho que, en consecuencia, produce efectos a nivel comunicativo y social”

(ibid.: 114).

En conversaciones con un alto uso de mecanismos de cortesía, como la atenuación de los AAI, el proceso inferencial es crucial para interpretar la intención del emisor. La atenuación distorsiona la fuerza ilocutiva, y la comunicación se puede quedar ambigua, lo que rompe con la “máxima” de ser claro y el principio de cooperación de Grice (1975, en Escandell Vidal 2013:

81). Un riesgo puede ser, por tanto, incurrir en malentendidos.

2.2 El discurso oral

Para analizar ya como marcador del discurso es necesario aclarar qué es el discurso. Brown y Yule (1983: 1) definen el discurso como “lenguaje en uso”, y ponen énfasis en la interacción que expresa las relaciones sociales y las actitudes personales. Según Calsamiglia Blancafort y Tusón Valls (2012: 1), el discurso es todo uso lingüístico contextualizado en la vida social, ya sea de forma escrita u oral. Es decir, hablar y escribir son maneras de “construir piezas textuales

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13 orientadas a unos fines y que se dan en interdependencia con el contexto (lingüístico, local, cognitivo y sociocultural)” (ibid.). La oralidad, por su cuenta, tiene muchas formas y aspectos.

Se produce en el cuerpo y con el cuerpo. Naturalmente, el cuerpo produce movimientos, como los gestos y las expresiones faciales, y sonidos extralingüísticos, como las vocalizaciones y otros sonidos que salen por la boca (ibid.: 15-16). Los autores consideran que hay una cierta dicotomía entre lo escrito y lo dicho, y que mientras el discurso oral es natural, el discurso escrito es artificial. Existen, sin embargo, formas del discurso oral que son menos naturales, en el sentido de que son más preparados, como la lectura de un guion, por ejemplo. Briz (2010 [1996]: 18-21), en cambio, defiende que es un concepto erróneo que el discurso escrito siempre sea formal y que el discurso oral siempre sea informal. Una conversación puede tener un tono formal en ciertos ambientes, y la escritura del periodismo se deja influenciar por expresiones idiomáticas.

En cuanto a las unidades del discurso, sigo parcialmente la estructuración propuesta por Briz Gómez y Val.Es.Co (2014: 17-30), aunque no a pie de la letra. Sin intención de exponer toda la agrupación de dimensiones, explico aquí la terminología que se usa en mi análisis. Todo lo que se emite con un significado es un enunciado, que se limita por pausas o el inicio de un enunciado de otro emisor. Estructuralmente aparece como una intervención en la conversación, y se delimita por el cambio de emisor. Un turno es una intervención que se reconoce como turno por al menos un destinatario, si se considera que contribuye al desarrollo de la conversación. El reconocimiento de un turno se hace con una intervención reactiva, la cual funciona como reacción a la información del mensaje recibido. Por tanto, cada turno es una intervención, pero no toda intervención es un turno. A modo de ejemplo, un turno se puede reconocer con posterioridad por la emisión de la unidad ya, la cual puede expresar desde aceptación hasta incredulidad. Asimismo, con un tono interrogativo ya podría ser una intervención reactivo-iniciativa, para pedir la comprobación de la veracidad del mensaje recibido. Si no se reacciona a la intervención de ya, el enunciado al que pertenece sigue siendo una intervención. Así, el que tenía el turno antes de ser interrumpido por la intervención reactiva sigue el mismo turno de manera discontinua. La intervención y el turno constituyen las unidades máximas del enunciado. Las unidades mínimas, según la terminología de Briz Gómez y Val.Es.Co (2014: 36-60), son los actos, de los que algunos están divididos entre los subactos proposicionales, con estructura oracional, y los subactos adyacentes, es decir, las unidades sin significado semántico explícitamente expresado. Estas son unidades léxicas, como los marcadores del discurso, cuyo significado se recupera mediante los procesos inferenciales.

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14

De aquí en adelante me refiero a la persona que emite un enunciado como emisor, y a quien se dirige el enunciado como destinatario (Escandell Vidal 2013: 28-29). Un receptor es alguien que expresa haber recibido el mensaje, y no necesariamente es el destinatario intencional, pero no distingo entre destinatario y receptor en este trabajo. Por la participación simultánea de emisores en una secuencia conversacional, aplico términos del análisis del discurso para distinguir entre ellos: estrictamente para un emisor que emite ya, utilizo el término locutor. Esto porque esa persona a menudo es destinatario de un mensaje, a la vez que emite ya para expresar la recepción del mensaje. El destinatario (receptor) de un enunciado con ya es llamado interlocutor, aun cuando es tenedor del turno. Cuando me refiero a todos los participantes en la misma secuencia utilizo el mismo término en plural: los interlocutores (Calsamiglia Blancafort y Tusón Valls 2012: 137). El término hablante es usado por varios autores citados, y lo considero un término equivalente a emisor o locutor en el presente trabajo. Lo mismo pasa con el término oyente, que solamente utilizo en citas directas, y aquí considero que su equivalente es destinatario o interlocutor. Desde la perspectiva de este estudio, un participante que emita ya siempre es un locutor, aun cuando figura como oyente/destinatario/receptor de los mensajes del emisor/hablante que tiene el turno. Los términos se aplican indiscriminadamente en su forma masculina, como se ve en Tabla 1.

Papel Descripción* (*usos particulares para este estudio) Emisor Persona que emite todo tipo de enunciados.

Destinatario Persona a quien el emisor dirige su enunciado. También usado para indicar el receptor del mensaje.

Locutor Persona que emite ya. El locutor puede ser el destinario o receptor de otro mensaje previo.

Interlocutor Un destinatario a quien se dirige el locutor. El receptor de ya.

Interlocutores Varios o todos los participantes en una conversación.

Hablante Equivalente a emisor o locutor. Solamente usado en citas directas.

Oyente Equivalente a destinatario o interlocutor. Solo en citas.

Tabla 1. Los papeles en la conversación

Frecuentemente, al discurso oral se lo refiere como “el habla” y, según Calsamiglia Blancafort y Tusón Valls (2012: 16-17), es en gran parte una acción que nos hace ser seres sociales, porque sirve para iniciar y mantener relaciones con otras personas. El detalle central para el tema del presente estudio es que “a través de la palabra somos capaces de llevar a cabo la mayoría de nuestras actividades cotidianas: desde las más sencillas, como comprar la comida o chismorrear,

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15 hasta las más comprometidas, como declarar nuestro amor o pedir trabajo” (ibid.:17). Es en la cotidianidad donde el discurso oral se da con más naturalidad: la conversación coloquial y espontánea. En lo que sigue ahondo más sobre la conversación espontánea del español coloquial y sobre el habla juvenil.

2.2.1 La conversación coloquial

Briz (2010 [1996]: 25-26) describe al español coloquial como un registro con rasgos como la espontaneidad, naturalidad y falta de planificación. Las características centrales del registro coloquial son el campo cotidiano, el modo oral espontáneo, el tenor interactivo y el tono informal. Se lleva a cabo en las relaciones interpersonales de igualdad, es decir, con menos formalidad y más solidaridad. Lo vulgar, que tan frecuentemente forma parte del discurso coloquial, se ha de entender como interacciones peyorativas, pero no debe equipararse con lo coloquial. El saber y la experiencia compartidos en lo coloquial expresan la relación de proximidad entre los que comunican, con una finalidad interpersonal de socializar (ibid.: 30- 31).

El discurso oral coloquial es, en pocas palabras, la conversación en la vida cotidiana. Más específicamente, Briz (2010 [1996]: 32-33) define la conversación coloquial como una interlocución en presencia, inmediata, con tomas de turno no predeterminadas, dinámica y cooperativa en cuanto al tema y las intervenciones. Según Briz, sin inmediatez no hay conversación, y sin alternancia de turnos solo hay monólogo. Dependiendo de la presencia mayor o menor de los rasgos coloquiales, se puede hablar de conversaciones coloquiales prototípicas o periféricas. Por ejemplo, una conversación entre amigos que hablan de sus intereses y actividades cotidianas es un prototipo de la conversación coloquial, mientras que la conversación entre un profesor un alumno es menos coloquial, por la falta de igualdad entre los interlocutores. La gran mayoría de las secuencias que se analizan en este estudio son de conversaciones coloquiales prototípicas, porque son pocas las veces que los jóvenes hablan con un adulto. De manera que la gran mayoría de las conversaciones cumplen con las siguientes características:

[…] una conversación no preparada, con fines interpersonales, informal, que tiene lugar en un marco de interacción familiar, entre iguales (sociales o funcionales) que comparten experiencias comunes y en la que se habla de temas cotidianos, es coloquial prototípica. Si hay ausencia de alguno de estos cuatro últimos rasgos, si bien neutralizada por otro(s), la conversación se considera coloquial periférica (Briz 2010 [1996]: 33).

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Además, Briz (2016: 466) subraya la importancia de la presencia de elementos como la elipsis, la deixis y los marcadores del discurso. Estos elementos permiten pues señalar a otros elementos y a personas del contexto, además de mantener el contacto entre los interlocutores. Como se puede observar en la descripción de los datos, las conversaciones entre los adolescentes en COLAm representan claramente conversaciones coloquiales prototípicas, y el uso frecuente del marcador del discurso ya es un elemento que contribuye a la oralidad coloquial.

2.2.2 El lenguaje juvenil

Como sinopsis, veamos como Herrero (2002) indica que el registro juvenil coincide con todas las delimitaciones de la definición de Briz (2010 [1996]), mencionada en la parte anterior:

[…] el tono que domina en la conversación juvenil siempre es informal, el adecuado a situaciones informales en las que los participantes mantienen relaciones vivenciales próximas: son amigos, novios, compañeros de clase, de actividades[…;] la finalidad (tenor) interpersonal es clara: […] los jóvenes hablan, sobre todo, para estrechar sus lazos y relaciones, para reforzar el contacto social, la comunión fática entre ellos[…;] los temas (campo) tratados pertenecen al ámbito de lo cotidiano, entendiendo la cotidianidad en relación con las vivencias, actividades e inquietudes juveniles: los estudios, las relaciones personales y afectivas, las salidas nocturnas, el trabajo, la ropa, la bebida, la música, [y] el modo o canal utilizado es oral (Herrero 2002: 70, la negrita es original).

Herrero (2002: 93) señala, sin embargo, que no se trata de un grupo homogéneo, sino de variedades del lenguaje juvenil, porque la edad no es el único factor que determina el habla de un grupo social. A pesar de diferencias sociales, geográficas y temporales, destaca una actitud anticonvencional. Zimmermann (2002: 142) explica que la primera variedad del lenguaje de un ser humano es la que aprende de sus padres, y que luego se complementa por lo que aprende de sus amigos. Es decir, la primera variedad viene de los que representan su grupo social y la región en la que viven. Zimmermann (2002: 143) defiende que el habla juvenil tiende a imitar el lenguaje de sus capas sociales de origen, por lo que muchos grupos juveniles adoptan de estilos populares y vulgares, aunque hay los que se inspiran de un habla culto. Algunas subculturas juveniles prestan elementos léxicos de las jergas de la delincuencia y de gitanos, además de lenguas extranjeras (Zimmermann 2002: 152).

Zimmermann (2002: 154) enfatiza el estilo lúdico del habla juvenil, implicando que hablan de temas vulgares. Afirma también que expresar conocimiento del saber del in-group es parte del estilo juvenil, y frecuentemente implica ir en contra del estándar y de la norma establecida. Se

“aseguran mutuamente sus valores comunes y un estilo de pensar sobre la vida, con lo que se crea complicidad y solidaridad” (Zimmermann 2002: 154). Según Jørgensen (2013: 152), los

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17 adolescentes construyen tanto la identidad del in-group como su identidad personal mediante las interacciones, y la identidad grupal se refuerza al usar el mismo lenguaje juvenil. Elementos que son típicos para el lenguaje juvenil de Madrid, según Jørgensen, son las palabras tabúes, las exageraciones, la intensificación hiperbólica, creaciones léxicas, los anglicismos y el uso frecuente de los marcadores del discurso. Estos se usan para distanciarse del lenguaje estándar de los adultos, y así crear una cultura juvenil propia dentro de la cultura española. Herrero (2002: 67) defiende que el lenguaje juvenil es muy importante para la cultura juvenil, “no sólo porque es uno de los valores más evidentes [de] esta cultura, sino, además, porque es uno de los principales medios de transmisión de otros valores y manifestaciones juveniles”.

Zimmermann (2002: 144) explica que los jóvenes quieren diferenciarse del lenguaje estándar, y crean una contracultura que se dirige contra la norma escolar, el estilo culto y la cultura de los adultos. Para diferenciarse de los adultos y de los niños, los jóvenes crean una identidad lingüística propia, lo cual representa un cambio lingüístico. Andersen (2001: 9) indica que el lenguaje juvenil se puede extender sincrónicamente, por ejemplo, cuando los adultos copian elementos léxicos de la jerga juvenil, o diacrónicamente, si los adolescentes persisten con elementos innovativos más allá de su adolescencia.

El habla de los adolescentes es un sociolecto que tiene una jerga o un argot propio. Según Herrero (2002: 69), se caracteriza por su nivel fónico, morfosintáctico y léxico, y se “utiliza por los jóvenes para marcar su posición frente a la cultura oficial, oponiendo al lenguaje dado un argot propio que identifica y da cohesión al grupo social y, al tiempo, define y particulariza a sus miembros como parte integrante del grupo”. Zimmermann (2002: 159) añade que, a pesar del anti-normativismo, los adolescentes crean sus propias normas, lo que equivale a la cortesía y la cooperación conversacional. Su contracultura se opone a las reglas y convenciones lingüísticas establecidas por la cultura de los adultos. Irónicamente, el habla de los jóvenes influye al lenguaje estándar por dos razones: porque los jóvenes son la próxima generación de adultos, y porque los adultos buscan rejuvenecerse a través de las palabras de moda.

En cuanto a las relaciones interpersonales, Zimmermann (2002: 158) dice que los jóvenes normalmente consideran que su estilo es directo y sincero. Además, no duda de que existen reglas de cortesía entre ellos, aunque son diferentes a las reglas de los adultos. Según Andersen (2001: 6-7), los adolescentes adquieren reglas de toma de turno, aunque tienden a operar según el poder jerárquico, donde el más “fuerte” gana la palabra. Consecuentemente, sus turnos, por su frecuente alternancia, son más cortos de los que producen los adultos, y “sufren” de

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solapamientos cuando no se respeta el turno de otro miembro del grupo. Según Zimmermann (2002: 157), las conversaciones juveniles pueden escalar a duelos verbales, en los que se establece la jerarquía de los miembros del grupo. Briz (2016: 470) defiende que la anticortesía/acortesía (de Zimmermann 1996 y 2005) es como una descortesía fingida, que en un grupo de jóvenes puede servir como un mecanismo para la creación de la identidad grupal y que realza los lazos interpersonales. Además, Briz menciona que las interrupciones, en forma de solapamientos e intervenciones, tampoco se consideran descorteses automáticamente, ya que a menudo son signos de interés por lo que dice la persona que tiene el turno. Stenström y Jørgensen (2008) consideran que los elementos fáticos son muy comunes en el habla juvenil. A menudo consisten en palabras tabúes, pero tienen un valor de cortesía, ya que pueden servir para cooperar en la interacción: rellenar para evitar el silencio, apelar al otro, atenuar los posibles AAI, seleccionar al tenedor de turno, etc.

Según Herrero (2202: 73-74), los enunciados interjectivos son muy frecuentes en el lenguaje juvenil. Además, forman una parte de la subjetividad o estado emocional del emisor. Las funciones que estos enunciados portan son: expresiva (¡Coño!), apelativa (¡Venga!) y fática (¡La hostia!), y pueden marcar el acuerdo (¡Vale!) o el desacuerdo (¡Anda ya!). Expresiones como estas se consideran marcadores del discurso en mi análisis, y ya comparte frecuentemente sus valores en el habla de los adolescentes en el corpus analizado.

Herrero (2002: 93-94) argumenta que el uso léxico de los adolescentes se adquiere a través de procedimientos de cambios de significado y de relexicalizaciones. Esto es un punto muy relevante en el estudio de los usos pragmáticos de ya, dado que su significado se recupera en el contexto y mediante el tono de voz del emisor. También es mi impresión de que pronunciamientos laxos de ya causan cambios fonéticos, donde sus variantes léxicas pueden ser yea o ye. Para comparar, Zimmermann (2002: 150) considera el uso de la unidad yee como una señal universal para llamar la atención del interlocutor, expresar protesta o sorpresa.

Otro rasgo de la oralidad más en general, pero también frecuente en el habla juvenil, es la elipsis (Zimmermann 2002: 150). Analizo la elipsis más al detalle en el apartado 4.3.2, donde muestro que ya se usa para marcar la elipsis y los enunciados suspendidos. Brown y Levinson (1987:

107) mencionan la elipsis como un marcador de la identidad del in-group, y la entienden como parte de estrategias de cortesía, porque el emisor presupone el conocimiento compartido por el destinatario. Herrero (2002: 75) considera la elipsis como un elemento propio del registro coloquial en la conversación juvenil, y que es típico cuando el emisor considera que el

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19 destinatario “puede inferir la información no emitida y, por tanto, elaborar el sentido global del enunciado, a partir de la entonación abierta, que actúa como señal indicativa para realizar ese proceso inferencial”. Desde su punto de vista, el frecuente uso de la elipsis es posible por las relaciones de igualdad, sus experiencias comunes, su proximidad y su conocimiento de temas compartidos.

Zimmermann (2002: 145-146) identifica rasgos del lenguaje juvenil en todas las expresiones lingüísticas como, por ejemplo, el léxico, el orden de palabras, el ritmo del habla, la fonología y la estructuración discursiva con los marcadores del discurso. Jørgensen y Martínez López (2007: 7), en cambio, hacen hincapié en que el lenguaje juvenil es coloquial, pero subrayan que se distingue del lenguaje coloquial estándar, porque los marcadores del discurso tienden a tener muchas más funciones y funciones diferentes en el lenguaje juvenil (ibid.: 2). En el siguiente apartado expongo, en términos generales, lo que son los marcadores del discurso.

2.3 Los marcadores del discurso

En este apartado argumento que los marcadores del discurso tienen la capacidad de cumplir varios roles: mantener la cohesión textual, marcar las relaciones sociales y las actitudes personales, entre otros. Dadas las diferencias terminológicas que caracterizan las teorías sobre los marcadores del discurso, me he inclinado por una categorización que es conveniente en un análisis del discurso oral y coloquial. Sigo la definición de Martín Zorraquino y Portolés Lázaro (1999), que se encuentra en la Gramática Descriptiva de la Lengua Española (GDLE):

[Los marcadores del discurso] son unidades lingüísticas invariables, no ejercen una función sintáctica en el marco de la predicación oracional – son, pues, elementos marginales – y poseen un cometido coincidente en el discurso: el de guiar, de acuerdo con sus distintas propiedades morfosintácticas, semánticas y pragmáticas, las inferencias que se realizan en la comunicación (Martín Zorraquino y Portolés Lázaro 1999: 4057).

En el subapartado que sigue reviso la literatura sobre las taxonomías de los marcadores del discurso. El último subapartado trata la subdivisión de sus funciones.

2.3.1 Taxonomía de los marcadores

En todo tipo de discurso existen unidades lingüísticas que se consideran sintácticamente marginales, que no forman parte del contenido proposicional, y que desempeñan una gran

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variedad de las funciones discursivas. En las últimas cuatro décadas ha habido muchos estudios que trataban de organizar y definir las distintas categorías de marcadores del discurso, aunque es difícil llegar a un acuerdo. Fraser (2009: 294) ilustra la falta de consenso sobre la categorización de sus tipos, además de su taxonomía, que señala la variedad en la terminología:

marcadores del discurso, marcadores discursivos, marcadores pragmáticos, conectores pragmáticos, partículas pragmáticas y partículas del discurso, para mencionar una fracción.

No se trata tan solo de una variedad de nombres que se refieren al mismo fenómeno, sino que las diferencias terminológicas reflejan también que los teóricos difieren en cuánto quieren abarcar con una etiqueta. De hecho, entre los que usan el mismo término tampoco hay un acuerdo completo sobre lo que cuenta como un marcador del discurso (Blakemore 2002: 1).

Por ejemplo, Fraser (2009, 1996, 1999) considera los marcadores del discurso como una subcategoría, un hipónimo de los marcadores pragmáticos. Para Fraser y otros pragmáticos, marcador pragmático es el hiperónimo, es decir, la categoría principal de la clase funcional de este tipo de unidades lingüísticas. Calsamiglia Blancafort y Tusón Valls (2012: 235) usan el término conectores sobre las unidades lingüísticas que relacionan los enunciados entre sí, como subcategoría de los marcadores discursivos.

Para Martín Zorraquino (2008: 24), los marcadores del discurso pueden considerarse una clase funcional, y que son elementos periféricos en los enunciados, comparables con los enlaces extraoracionales que describe Gili Gaya (1970). Según Gili Gaya (1970: 325-331) los enlaces extraoracionales se caracterizan por las siguientes propiedades gramaticales: a) son externos a la predicación y hacen referencia a las actitudes e intenciones del emisor; b) son morfológicamente invariables, a menudo como resultado de un proceso de gramaticalización;

c) vienen de un origen heterogéneo, y funcionan sintácticamente como conjunciones, adverbios e interjecciones; d) tienen una versatilidad distribucional; e) pueden acumularse y juntos crear un nuevo enlace extraoracional; f) no tienen un significado referencial, sino un papel semántico

“operativo”, y sirve así para construir la coherencia textual; g) son polifuncionales, es decir, que pueden tener dos o varias funciones; h) pueden tener varios matices de valor semántico, por su aptitud de los rasgos suprasegmentales, como la entonación del emisor.

Sin embargo, hay que precisar que, aunque los marcadores del discurso sean invariables, en el caso de ya no se debe a un proceso de gramaticalización, puesto que ya como adverbio es invariable. Aun así, se puede argumentar que su valor pasa por un procesamiento de pragmaticalización y delexicalización. Es decir, una unidad lingüística que tiene un valor

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21 semántico cuando forma parte de una proposición, pierde ese valor semántico cuando funciona como marcador del discurso, y necesita una interpretación funcional que varía según el contexto (Landone 2009: 95).

Una manera de evitar la confusión entre los términos marcadores pragmáticos y marcadores del discurso sería denominarlos “marcadores pragmáticos del discurso”. Crible y Blackwell (2020) usan una combinación así en el título de una introducción al Journal of Pragmatics:

“Discourse-pragmatic markers”, aunque no consideran que los dos términos portan el mismo significado conceptual. En este estudio, como se menciona más arriba, me inclino por el concepto de marcadores del discurso como categoría principal, y trato las alternativas mencionadas como sinónimos, aunque soy consciente de que portan matices diferentes, según los autores que los usan.

2.3.2 Una división funcional

Martín Zorraquino y Portolés Lázaro (1999) subdividen los distintos tipos de marcadores en cinco categorías: (i) estructuradores de la información, en forma de comentadores, ordenadores y digresores; (ii) conectores aditivos, consecutivos y contraargumentativos; (iii) reformuladores explicativos, de rectificación, de distanciamiento y recapitulativos; (iv) operadores argumentativos de refuerzo argumentativo y de concreción; (v) marcadores conversacionales de modalidad epistémica, de modalidad deóntica, enfocadores de la alteridad y metadiscursivos (Martín Zorraquino y Portolés Lázaro 1999: 4082). Como los usos de ya que se analizan en este estudio son exclusivamente usos de la oralidad cotidiana, la categoría de los marcadores conversacionales es la más relevante aquí. Además, las subcategorías de los marcadores conversacionales tienen mucho en común con las categorías funcionales que son frecuentes en los estudios de los marcadores.

Andersen (2001: 40) prefiere el término pragmatic marker como hiperónimo para evitar confusión con la categoría discourse marker de Fraser (1996). Andersen prefiere llamar esta subcategoría la función textual de los marcadores. El autor defiende que una taxonomía de subcategorías crea divisiones falsas, y prefiere así hablar de funciones en vez de tipos de marcadores, especialmente porque tienden a ser polifuncionales. Las categorías funcionales que Andersen (2001) identifica son textuales, subjetivas e interaccionales. Brinton (1995) también

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